Óscar René Benítez

Fotografía: Lucio Russo — Miraggio di Lux / Semplicità del Caos

Poeta, escritor y promotor cultural, Óscar René Benítez participó en el II Encuentro Internacional de Poetas del Mundo llevando a Italia una obra construida entre la memoria, el amor, la naturaleza y la preocupación por el destino humano.

Hay poetas que escriben desde un territorio. Otros escriben desde la distancia que separa al ser humano de ese territorio.

Óscar René Benítez pertenece, en buena medida, a esta segunda categoría.

Salvadoreño-estadounidense y residente en Los Ángeles, su trayectoria literaria se ha desarrollado entre dos mundos que no necesariamente se excluyen: el país de origen y el país de residencia, la memoria y el presente, la identidad latinoamericana y la experiencia de vivir en una sociedad multicultural.

En junio de 2026, esa voz atravesó nuevamente las fronteras para encontrarse con otras voces del planeta en Italia, durante el II Encuentro Internacional de Poetas del Mundo, una travesía que durante nueve días recorrió Roma, Florencia, Bolonia, Ferrara, Rovigo, Mestre y Venecia.

Benítez llegó a este encuentro no solamente como poeta invitado. Su presencia tuvo también un significado dentro de la estructura internacional del movimiento: actualmente ejerce como Vicepresidente de Poetas del Mundo para el continente americano.

Óscar René Benítez: una trayectoria entre literatura y cultura

La historia literaria de Óscar René Benítez es extensa y atraviesa distintos géneros.

Su obra comprende poesía y narrativa. Entre sus libros de poesía figuran Te cantó mi corazón, Sollozos en el viento, 30 poemas de amor para María, Versos de otoño, Cuando caiga la noche, Al filo del ocaso, Al paso de las horas y Murmullos del silencio. También ha publicado la antología bilingüe The Old Maple Tree, en chino mandarín e inglés. Como narrador es autor de las novelas Cuando concluyó la guerra, Las huellas de una lucha sin final e Inmortales, esta última publicada también en chino mandarín.

Su recorrido ha sido reconocido en distintos espacios literarios. En 1983 obtuvo el segundo lugar en el concurso de poesía Simón Bolívar y en 1984 ganó el concurso Benito Juárez, ambos auspiciados por la Sociedad Literaria Educativa de Los Ángeles. Posteriormente fue finalista del concurso internacional Pablo Neruda y recibió una medalla de la ciudad de Los Ángeles por su contribución cultural.

Su obra también ha circulado fuera del ámbito hispanoamericano. Su novela Inmortales fue traducida al chino mandarín y publicada en Taiwán, mientras que The Old Maple Tree apareció en una edición bilingüe inglés-chino mandarín.

Pero detrás de los libros y los reconocimientos existe otra dimensión igualmente importante: su trabajo como promotor cultural y constructor de puentes entre comunidades.

Su trayectoria incluye participación en encuentros, conferencias y actividades literarias en América y Asia, llevando consigo una literatura profundamente vinculada a la experiencia latinoamericana.

La poesía como territorio de encuentro

En Italia, Benítez compartió escenario con poetas procedentes de Chile, Colombia, Brasil, España, Túnez, la República Democrática del Congo y Noruega.

Era precisamente esa diversidad la que daba sentido al encuentro.

No se trataba de reunir autores para hablar únicamente de literatura. La propuesta de Poetas del Mundo es más amplia: hacer de la poesía un espacio de encuentro humano, donde las diferencias culturales, geográficas y lingüísticas puedan convertirse en una oportunidad para escucharse y reconocerse.

Para Benítez, esta experiencia tiene una resonancia particular.

Como escritor salvadoreño radicado en Estados Unidos, su propia vida literaria se encuentra atravesada por el desplazamiento cultural y por la convivencia de distintas identidades. Su poesía ha encontrado lectores y espacios en diferentes países y ha formado parte de iniciativas internacionales de intercambio literario.

En Italia, por tanto, no solamente estaba representando a un país.

Estaba representando también a esa América que vive fuera de sus fronteras y que continúa llevando consigo su memoria, sus preguntas y sus sueños.

El árbol como símbolo de la vida

Entre los textos de Benítez presentados en el marco de esta experiencia aparece “La pesadilla del árbol”, un poema que permite acercarse a una de las preocupaciones fundamentales de su escritura: la relación entre el ser humano y la naturaleza.

El poema comienza en un bosque lleno de vida.

Hay pájaros, insectos, viento, lluvia, árboles que crecen juntos como hermanos. El paisaje aparece como una comunidad viva, equilibrada y casi musical.

Pero esa armonía se rompe.

Llegan los hombres.

Y con ellos, el ruido de las motosierras.

Los árboles comienzan a caer y el bosque pierde progresivamente sus sonidos. Los pájaros huyen, los animales buscan los árboles que ya no existen y aquello que antes era un espacio de vida se transforma en un territorio desolado.

El poema adquiere así una dimensión que va más allá de la descripción de la destrucción de un bosque.

El árbol puede ser leído como memoria, hogar, refugio y continuidad de la vida.

Cuando desaparece, no desaparece solamente una especie vegetal: desaparece todo un mundo que dependía de él.

Esta sensibilidad hacia la naturaleza coincide profundamente con uno de los principios que desde su fundación sostiene Poetas del Mundo: la defensa de la vida y la preservación del medioambiente.

Del amor a la preocupación por el mundo

La poesía de Benítez no se limita, sin embargo, a la problemática ambiental.

Su bibliografía muestra una importante presencia de la poesía amorosa, mientras que otros textos abordan la memoria, el paso del tiempo, la condición humana y las heridas de nuestras sociedades.

En Ecos del fondo, por ejemplo, utiliza la imagen de un pez encerrado en una pecera para construir una poderosa reflexión sobre la pérdida de libertad. El animal, acostumbrado a la inmensidad del océano, termina reducido a una existencia limitada entre cuatro paredes transparentes.

La imagen resulta particularmente sugerente porque el poeta no habla solamente del pez.

En los últimos versos establece una identificación con el propio ser humano, atrapado también en rutinas y límites que pueden terminar convirtiéndose en una forma de prisión.

La naturaleza, la libertad y la condición humana aparecen entonces estrechamente relacionadas.

Un poeta dentro de una comunidad internacional

La participación de Óscar René Benítez en el encuentro italiano también debe entenderse dentro de la historia de Poetas del Mundo.

Desde su creación en Valparaíso, Chile, el 14 de octubre de 2005, el movimiento impulsado por el poeta chileno Luis Arias Manzo ha buscado reunir a escritores de diferentes culturas alrededor de una concepción humanista de la poesía.

En más de dos décadas, la red ha alcanzado presencia en 143 países, reuniendo a miles de poetas y desarrollando encuentros, lecturas y actividades culturales en distintos lugares del mundo.

El propósito no es construir una institución literaria convencional, sino mantener una comunidad internacional donde la poesía pueda recuperar una dimensión social y humana.

El propio Manifiesto Universal de Poetas del Mundo plantea que el poeta no debe permanecer indiferente frente a los grandes desafíos de la humanidad y que la poesía puede contribuir al despertar de la conciencia.

Desde esa perspectiva, la presencia de Benítez en Italia adquiere un significado especial.

Su poesía dialoga con varias de las preocupaciones esenciales del movimiento: la libertad, la naturaleza, la memoria, la dignidad y la necesidad de construir un mundo diferente.

De Los Ángeles a Italia

El viaje hacia Italia fue, en definitiva, otro capítulo de una trayectoria que ha llevado a Óscar René Benítez por diferentes espacios culturales.

En esta ocasión, el destino fue una Italia convertida durante nueve días en territorio de encuentro.

Roma fue el comienzo. Después llegaron Florencia, Bolonia, Ferrara, Rovigo, Mestre y finalmente Venecia.

En cada ciudad los poetas encontraron anfitriones, lectores, artistas y comunidades.

Y en cada lugar ocurrió algo que difícilmente puede medirse en estadísticas: personas que hasta entonces pertenecían a geografías diferentes comenzaron a reconocerse como parte de una misma conversación.

Benítez llegó desde Estados Unidos, llevando consigo la memoria de El Salvador y la tradición literaria latinoamericana. Otros llegaron desde África, Europa, Brasil, Colombia, Túnez y Chile.

Las lenguas podían ser distintas.

Las historias también.

Pero había una preocupación común: ¿qué puede hacer la poesía frente a un mundo que parece perder progresivamente su capacidad de escucharse?

Quizá una de las respuestas estuvo precisamente en ese encuentro.

La palabra que continúa viajando

Cuando concluyó el II Encuentro Internacional de Poetas del Mundo, los participantes emprendieron el regreso a sus respectivos países.

Pero los encuentros internacionales no terminan necesariamente cuando termina el último acto.

Las palabras continúan viajando.

Viajan en los libros intercambiados, en las fotografías, en las grabaciones, en las amistades construidas y, sobre todo, en los poemas que cada participante llevará nuevamente consigo.

También viajará la voz de Óscar René Benítez.

Una voz nacida en El Salvador, desarrollada en la experiencia de la diáspora y proyectada hacia un escenario internacional donde la poesía puede convertirse en una forma de memoria y de resistencia, pero también de belleza y esperanza.

Quizá por eso uno de sus poemas encuentra en un árbol una imagen tan poderosa.

Mientras el árbol permanece, existe sombra, refugio, canto, vida.

Cuando cae, algo mucho mayor desaparece con él.

La tarea del poeta consiste, tal vez, en advertirlo antes de que sea demasiado tarde.

Y en seguir sembrando palabras.

Porque la poesía no conoce fronteras.

 

Coco Lisseau

Fuentes complementarias: la biografía y los poemas proporcionados para la serie editorial de Poetas del Mundo, junto con fuentes públicas consultadas sobre la trayectoria literaria de Óscar René Benítez.