27 Jun 2026 "Cuando la naturaleza golpea con toda su fuerza, también revela la grandeza del espíritu humano. Esta crónica es un homenaje al pueblo venezolano, a su capacidad de resistir, de ayudar y de seguir creyendo en la vida aun en medio de la tragedia."
La naturaleza es tan hermosa como frágil; compleja, al igual que la naturaleza humana.
Las letras han intentado describir ambas. Han escrito artículos, ensayos, reportajes y crónicas. Han cantado sus maravillas y también sus tragedias. Los poetas han pintado con palabras paisajes llenos de colores, sueños y esperanzas.
Pero hubo un día en que la naturaleza gritó.
Y gritó tan fuerte que partió el corazón de los venezolanos. Su grito quebró los sentidos y ahogó las sonrisas en un inmenso mar de lágrimas.
Luego volvió a gritar, esta vez con una fuerza devastadora. Derrumbó montañas, edificios, hospitales y puentes; destruyó carreteras y caminos... pero, sobre todo, destrozó vidas.
Las manecillas del reloj comenzaron a correr con la misma velocidad con que despertó la solidaridad del pueblo venezolano. Miles de manos trabajadoras se unieron sin preguntar a quién ayudaban. Al mismo tiempo, la mente confundía el pasado con el presente, mientras los recuerdos se mezclaban con la incertidumbre y con las manos generosas de verdaderos ángeles terrenales que aprendían, en silencio, a llorar junto al dolor ajeno.
Desconcierto. Rabia. Impotencia. Miedo. Mucho miedo.
Y, al mismo tiempo, gratitud. Gratitud a Dios y a esos héroes anónimos que hicieron posible encontrar a un ser querido, aunque fuera para despedirlo en paz.
No existen palabras suficientes, ni tinta capaz de describir la profundidad del dolor que hoy siente Venezuela.
Han sido horas interminables mirando al cielo, preguntando una y otra vez: ¿por qué? Horas de espera, de oración y de esperanza, aguardando la llegada de manos expertas que pudieran rescatar una vida más.
Estamos heridos.
Estamos rotos.
Pero también estamos de pie.
Nos sostiene la fe y la esperanza de que el universo volverá a soplar a nuestro favor. Nada podrá borrar los recuerdos ni las cicatrices que dejó esta tragedia, pero aprenderemos a convivir con ellas y a seguir caminando.
Porque el cielo devolverá a Venezuela aquello que siempre la ha distinguido: su alegría, su calidez, esa manera única de hablar, de abrazar al amigo y al desconocido, de tender la mano y de amar profundamente la vida.
Hoy lloramos.
Mañana volveremos a levantarnos.
Porque esa es la esencia del pueblo venezolano.
En Dios confiamos.
Gianina Piccioni
Periodista venezolana