EN INVIERNOYo digo que tengo noches como el marfily dias que se alargan con un color detúnicas,de sepelio,de mortandad infinita.Y digo todo estoporque apenas el fémur me sostiene,porque la lepra del amor cabalga sobremis hombroscon un galope trizado y a destiempohacia un final que intuyo,pero que me niego a reconocer como propio.Sin embargo desnudaré mis senos,someteré mi cuerpo de cristal mar ...
EN INVIERNOYo digo que tengo noches como el marfil
y dias que se alargan con un color de
túnicas,
de sepelio,
de mortandad infinita.
Y digo todo esto
porque apenas el fémur me sostiene,
porque la lepra del amor cabalga sobre
mis hombros
con un galope trizado y a destiempo
hacia un final que intuyo,
pero que me niego a reconocer como propio.
Sin embargo desnudaré mis senos,
someteré mi cuerpo de cristal marchito
a la cálida roturación de tus dedos.
Sabes bien que el invierno es contagioso,
que cuando despedimos
miradas de salmuera en los andenes
se nos caen los párpados de los ojos.
Sabes también que lloverá sobre tus manos,
sobre esas manos que buscaron el dolor de
mi rostro
y no encontraron mas que el silencio.
Por eso yo digo que tengo noches como el
marfil
y en esta estación de transcurso calendario,
un extraño presentimiento
de que mañana despertará el invierno.
ARRABAL DE SUICIDIOSComo un gato con ojos de precipicio
agazapado en la oscura huella de los minutos,
como una somnolencia a contraluz, furtiva,
la noche golpea
desnacida de borrachos y vómitos
como un ladrón simbólico,
como una comedia nupcial
que se resiste concomitada
a la soledad de los párpados.
Medito un dolor
con vergüenza raída en las uñas,
una expresión de entierros y cortejos
fúnebres,
me incluyo a mí mismo en la farsa nocturna
y no alcanzo a predestinarme
un espacio en desorden,
una habitación en la locura.
Siento desfilar imágenes furiosas,
psicodramas de mutilados actores
envejecidos prematuramente por la niñez,
revolotean en el iris de mis sueños
como danzantes de un aquelarre sediento,
como cadáveres con sudario de estrellas.
Y me dormiré con el último grito
colgando imperceptible de mi garganta,
cuando se representen en mis párpados
el reparto de guiones moribundos,
cuando todos me digan:
sucumbe al deseo de sentirte
verdugo de tu carne entre las llamas.
LOS OJOS DE LA LUNATe vas pequeña niña
con una rosa marchita en cada mano,
te vas dejando una tristeza
dormida en el horizonte,
dejando algo de golondrina en mi boca,
algo de mar en mis oídos.
Cuando tu luz se disperse en la noche
como un faro herido por la niebla,
cuando tu eco ya no vuelva a mí
después de besar los ojos de las mariposas,
desde dónde ondeará mi lágrima
después del adiós,
en que pecho mi cabello buscara dormir
el sueño de la tristeza.
A donde partirán mis ojos
buscando caminos tallados por el viento,
donde descansara el armazón de esta vida
que el tiempo erosiona.
Sé que no puedo buscar amor en la soledad,
que la contestación se pierde en el infinito
y me queda una rémora de versos en los labios.
A nadie le importara
que de mí huyan las flores nocturnas,
nadie querrá saber porque mis manos
buscan tu rostro en las ventanas,
solamente se dirán:
pobre loco, mira al cielo
y llora cuando salen las estrellas.
biografia:
Joaquin Pintanel MartinezNacido en Cariñena, un pueblo cercano a Zaragoza en la decada de los cincuenta.
estudia Teologia, Programación informatica y Estadistica.
publica varios libros de Poesia y relatos cortos
http://www.sietepalabras.net/pintanelvladodivac@telefonica.net