El asno y el perroEl altruismo recíproco es la leyde la que se burló un día el reyde los cuadrúpedos [al asno aludo]buen animal y sin embargo rudocon quien le acompañase en el camino.Un can del amo fiel y su pollino,amigos, compañeros, caminantesbajo el calor, errantesiban por el Camino de Santiagode peregrinos en un día aciagoen los que una alimaña casi extintasurgiendo de una fábula dis ...
El asno y el perroEl altruismo recíproco es la ley
de la que se burló un día el rey
de los cuadrúpedos [al asno aludo]
buen animal y sin embargo rudo
con quien le acompañase en el camino.
Un can del amo fiel y su pollino,
amigos, compañeros, caminantes
bajo el calor, errantes
iban por el Camino de Santiago
de peregrinos en un día aciago
en los que una alimaña casi extinta
surgiendo de una fábula distinta
les haría aceptar en comitiva
la aptitud inclusiva.
Probó a dormir el amo en la floresta,
sin almorzar [ la siesta
que llaman del carnero]
y viendo que en el prado
el cardo borriquero
de jade se extendía , tono extremo,
más fértil que el zurrón de Polifemo,
a pasturar se puso, sin cuidado.
Mientras comía el asno, el can, hambriento,
pidió a su par bajar el alimento
de la alforja, las patas inclinando,
más dijo el burro: cuando
al amo despertar mejor convenga
que te dé de comer con lo que tenga
que yo voy a tragarme el algarrobo.
Queriendo el hambre concitar al lobo,
un ejemplar del bosque surge, fiero,
de afilados colmillos, carnicero
que hacia el asno dirige el torvo morro.
- Pobre de mí ¡socorro!
Rebuzna el asno, pero el can no acude:
- 'Te aconsejo que corras como un gamo
y hasta que se despierte nuestro amo
que sea el cielo quien tu cuello ayude;
si no puede tu coz , potente hierro,
será el justo castigo de tu yerro'.
El lobo no dejó vivir al rucio;
no tiene buen final quien juega sucio.
Evitación Porque vivir con miedo es la costumbre
me estoy acostumbrando a su silencio.
Callamos todo atisbo de su nombre
y sólo lo nombramos con el dedo.
Giramos la cabeza, si aparece,
lo dejamos en esto o en aquello,
en el parvo volumen de los discos,
en las canciones lentas, en lo lento
de la lectura amena, que ahora es densa
como si las palabras fueran ecos
de nuestros pensamientos recurrentes
que dicen eso sin que suene a eso.
Porque nuestra garganta es un candado
que ha tirado la llave a un río seco.
Dos escudos [soneto]Murciélago leal dos veces, cuatro
palos de gules sobre campo de oro,
de infame antro pero no canoro
en el laurel dormido en que idolatro.
¡Qué sensación vacía de teatro
desierto! ¡Cómo brilla el pulcro foro
de arquitectura vana, sin aforo,
muy concurrido el día que mohatro.
A ese campo de plata de la antigua
divisa que bañaba tu muralla
le diste puerta, pero patria ambigua.
Le diste lengua cuyo nombre calla
por no reconocer de su contigua
sino que el Ebro es límite y pantalla.
biografia:
Luis Miguel Rubio DomingoNacido en Valencia en 1961, resido en Benidorm desde 1990. Diplomado en Turismo, Licenciado en Psicología, estoy interesado en la poesía clásica y en los grandes narradores. Soy miembro del Liceo Poético de Benidorm.
luisrubio40@hotmail.com