AJENA PRIMAVERAEl tiempo pasa y me ahoga,cómo un estrecho desfiladerode granítica piedra.Algo me impele a aspirarel aire viciado que me rodea,una fuerza me empuja y ahuyentala nebulosa que me envuelve.Alienta a mi pobre corazónaferrándole a una única idea.El sol, el mar; inhalar inmensamente el aire salinoque siento tras los cristalesy no puedo alcanzar.El pulso ...
AJENA PRIMAVERA
El tiempo pasa y me ahoga, cómo un estrecho desfiladero de granítica piedra.
Algo me impele a aspirar el aire viciado que me rodea, una fuerza me empuja y ahuyenta la nebulosa que me envuelve.
Alienta a mi pobre corazón aferrándole a una única idea.
El sol, el mar; inhalar inmensamente el aire salino que siento tras los cristales y no puedo alcanzar.
El pulso golpea contra mis sienes haciendo más asfixiante la espera. Me ahogo..... Viendo tan cerca la vida; Y acecho tras los cristales, espiando por una rendija de la puerta.
Esos seres que vienen y van, que gozan de ese aire fresco que a mí me falta.
Pero la esperanza sigue apostada dentro de mi corazón, dando fuerzas al alma que flaquea.
En mi mente nace un grito desgarrador, un grito rebelde, inmenso, que exige aire para respirar.
Henchir los pulmones y espirar lentamente el toxico que llevo en las venas, en el alma.
La piel se reseca en esta inmensa tumba en la que me hallo, añoro ser lamida por las cristalinas aguas del mar, acariciada por la brisa y bronceada por el cálido sol de esta ajena primavera.
INFINITAS MADRUGADAS
Infinitas madrugadas cuajado el cuerpo por perlas de rocío. Cabalgando en las crestas del olvido, en corceles de huida interminable. Huyendo sí, pero sin saber que me impulsa a hacerlo. Sólo Morfeo lo sabe y tras su irónica mirada hay un terrible tormento. ..sabe que visitas otros mundos vedados para él por la Aurora. No sé, pero ese interminable momento en que lucha la Luz con la Sombra, me invade la idea de salir huyendo. ¿De qué?
RÍOS DE SANGRE [por Palestina]
Cuando al hombre le invade la locura y corren ríos de sangre. ..los buitres vuelan en círculos esperando los despojos del festín. Cuando se disipa el humo y la guadaña muestra su sucio trabajo, la pérdida de la razón no es pretexto para lo que allí subyace. Crueles sentimientos nacen alienando el quinto mandamiento.
En remotos pueblos, rostros plagados de surcos se cubren de gotas de rocío y el negro de los cuervos revuela en sus ropajes. Por los campos gusanos de hierro van conducidos por monstruos de carne sin sentido a su paso esparcen pétalos de rosas granas. Bramidos de dolor repiten cómo un eco las montañas; las ciudades muestran sus cicatrices mortales. La batalla ha concluido, sólo la parca tiene su parte de ganancia porque la balanza de justicia no puede estar en el reparto de despojos que le restan a un trapo ensangrentado.