Roque José Yvars Devesa
Mi nombre es Roque Yvars, varón español de 61 años; del mismísimo Mediterráneo levantino. Nací en Marruecos, pues en esa época daba igual nacer en España que en su protectorado, el Norte de Marruecos, las montañas del Rif, cordillera gemela de la Bética española.
Estoy comprometido con la búsqueda de mi propio ‘despertar’, y soy compañero de todos, preferentemente, de quienes también busquen ese mismo objetivo. Vivo, así mismo, para la vida, la paz y la evolución.
Amo la tradición oral y la escrita. Escribo narrativa, ensayo y poesía, pero también hay cierta presencia mía en los medios de comunicación.
En la actualidad resido en Argentina..
Tu entrega.
Forma poética: seguidilla arromanzada. (16 versos )
Entre luz, amapolas,
y el cielo azul,
no esperé a nuestra noche;
¡ay! tu virtud.
Las amapolas rojas;
roja virtud,
perdida en pleno día;
ganada tú,
pues nadie se atrevió
a por un día
quererte entre las vides
y abrir la vía.
Vía del amor, vida,
que de mujer
guardaste tanto tiempo
para nacer.
Ensoñar.
Forma poética: libre (32 versos)
Y yo soñaba la noche.
La ensoñaba, la creaba por la noche,
antes de sumirme en su sueño.
Y la noche que no ensoñaba
me arrastraba y me abstraía
hasta que, sumergido en su sueño,
yo dejaba de ensoñar y soñaba
junto con la noche.
La Luna más bella no podía ser,
tampoco las estrellas lejanas
ni las galaxias, ni el espacio oscuro.
De ningún modo los aromas podían oler mejor,
y los entes noctámbulos, vagaban
por el sueño de la noche creyendo que era propio.
Pero las estrellas no soñaban: alumbraban.
No reposaban: trabajaban.
Porque estaban lejos,
demasiado fuera del alcance de la noche.
Las esencias que si dormían
resollaban sus noctívagos aromas.
Yo, que también dormía,
los sueños de la noche resollaba.
Como también lo hacía
la mitad de la vida
de la tierra y de mi ser.
Y con la media parte de mí,
la de las estrellas,
la que no dormía,
aprendí con ella
a no sumirme en el seno del sueño de la noche.
Y pude volver a ensoñar,
y a dormir mi propio sueño.
Ahora (Con ausencia del yo)
Forma poética: libre. 16 versos.
En el cielo oscuro,
entre intervalos de nubes,
menos de una luna
alumbra tímidamente
el brillo de una hoja
en el suelo bañada.
Con languidez,
el reflejo de una imagen
se va oscureciendo
en el mar distante.
Y en el ínterin claro
de un tenebroso cielo,
brilla otra hoja, verde y pequeña,
de un algarrobo grande;
y en el suelo,
una solitaria piedra mojada.