MIENTRASMientras contemplo mi manotrabada,casi paralizada por una pausaen una línea vacía, tras otra línea,me río para mi adentros.Me ríode mi manodel signo colocadoen el centro de la páginacomo una campana inútil.Y me adentroajeno al texto siguiente.Me ríocon una garganta prestada a un vuelo ciegoy estéril,Me río de mi voz, de la angustiade una pesadilla impuesta de la que no me despert ...
MIENTRAS
Mientras contemplo mi mano trabada, casi paralizada por una pausa en una línea vacía, tras otra línea, me río para mi adentros. Me río de mi mano del signo colocado en el centro de la página como una campana inútil. Y me adentro ajeno al texto siguiente. Me río con una garganta prestada a un vuelo ciego y estéril, Me río de mi voz, de la angustia de una pesadilla impuesta de la que no me despertaré tras el día de hoy. Me río de mi caligrafía apretada en líneas polvorientas, como un vacío de ondulados sepulcros. Me río de la escritura que echaron a volar lirios de sueño y de la escritura qe el papel calcina. En cada trazo busco algo que me rescate de mi mano. Y me río del manto que el viento dibujará sobre mi boca, del terrible estornudo que me espera con el saludo del polvo.
ESTA SILLA
¿Soy yo O es otro el que se sienta ahora en mi silla?
No hay nadie excepto yo.
Al lado de la silla hay dos mesas imaginarias - como la silla misma - y no hay espejo para la simulación.
Mis hojas están blancas y cerca hay una copa por la que suben las burbujas del insomnio que las hojas derraman.
Delante de mí siete años luz sentados en la misma silla
La arena zodiacal es mi parte en la herencia astrológica de las hojas. Se asoma hacia mí, sin preocuparse del tiempo, y yo desde esta silla parezco otro en realidad.
Delante de la página, a medianoche, siempre soy otro entonces dicto versos mudos Y medidos.
¿Quién los nombrará? ¿Quién los scribirá en mi lugar?
Nadie escribe versos de tinta hipotética en su mente.
Perdóname, oh medianoche. Yo no soy tú. Yo no soy mi yo.
Entonces, borra la silla, esta silla. Borra la mentirosa aurora. Borra mis manos, Y no dejes de este paisaje más que las burbujas De la copa.
ENTRE DOS BLANCURAS
Mis estantes pueden desplomarse ahora sobre mi cabeza y no sucedería nada. ¿Qué habrá después? De verás sucede algo aquí, donde una mano borra mis alientos en el verso y donde mi perfecta mano está en un lienzo y yo en otro, buscando mi texto ausente!
No hay ninguna diferencia entonces entre dos blancuras que son mi irrevocable mañana. El muro es mi perfecto modelo, el muro mismo y ojalá estas líneas mías pudieran ocultar lo que no ocurre.
De hecho suceden cosas pero no tan así...
Como que el techo se hendió muchas veces por efecto de la esterilidad de mi tintero - incluso en el sueño -
y como que el muro se convirtió en una taza que lee mi farsa en voz alta y como.
Mis letras pueden desempeñar el papel de testigo en contra de nosotros dos, quiero decir en contra del texto y de mí, sin ninguna máscara, mis letras pueden quejarse ante el ideal de la poesía si me muero.
y ojalá pueda esfumarme en lo absoluto con el centello que me corta los alientos. Pero alguna blancura más alta que mis palabras en el texto arrastran mis alientos.
Al otro lado de esta página - dóblala - aparecen algunas letras waw que no son semejantes a las mías, parecen uñas preparadas para dibujar sobre las rejas.
Y transcurren días dispersos debajo de la elipsis con boca abierta, en un contexto cualquiera, y yo de tantos mordiscos e la tinta seca en mi garganta se me suben gemidos y llamadas, se me suben del fondo de mi propio yo, y me seguirán hasta que aparezca la bestia y me envolverán versos de Sanaat Koddam al Maia y me envolverá el graznido búho.
Por quién doblan tus campanas, oh Hölderlin. En esta taberna puedo declarar este cuaderno mío, kaftán de prosa rimada, sin timidez ninguna, que no tengo nada excepto esto, este verso y este cuaderno. Nada ocurre en la alcoba de sueños de un modernista cuyos tiempos pasaron. Hace ya años que estoy en el umbral ¿Hay alguien en la puerta? Que entre, también la letra si está en la mente. Un zumbido, el ruido de un clavo en el féretro. Que entre.que sea el bienvenido, En la página.que no haya discrepancia ninguna, por favor. También que sean bienvenidas las palabras penosas Una sola vocalización de las dos en attanwin y hasta alambres de púas. del abrigo de Kawabata o del libro del canto de los muertos. Gritos sin eco, que entran, no hay discrepancia, sólo que entran y que dejan la puerta de la página abierta para la llamada de los ahogados en el mar de la oscuridad. Estoy en el umbral. Mis pasos se desvanecieron y detrás de mí están los cuatro caminos, y delante se inclinan algunos signos de interrogación hacia la elipsis. Y alrededor de mí el nun, y otro y otro sin ningún techo dejadme por fin echado en el pozo de mi yo plural.
Mis expertos en mi mismo son innumerables, dijeron: Déjate del muro y del llanto, puedes lamentar tu texto en un silencio más elocuente que este otro silencio. Puedes quedarte Como un clavo en la garganta de tu propio yo, y puede Pessoa pacer tus rebaños en otro guión. Y puede que la imaginación de la taberna te engañe llevando el juego definitivamente hacia el