Claudia Yvonne Cabrera Alvarez
Nací en Carmelo, Uruguay, me criaron mis abuelos, pues al año de edad mis padres deciden emigrar a BsAs y sólo llevan a mi hermano menor. Este abandono marcó el curso entero de mi vida hasta el día de hoy.
A la edad de diez años fallecen mis abuelos y me envían casi con lo puesto a casa de mis padres. Una nueva pérdida de raíces. Llego a un mundo hostil y miserable, me aíslo dentro de mi mundo interior e intensifico mis ansias de leer y escribir, como lo venía haciendo desde pequeña.
No consigo estabilizarme emocionalmente, sin embargo el matrimonio llega, tormentoso; después de tres hijos, también llega el divorcio y comienza una dura lucha por la supervivencia. Nunca dejo de escribir, aunque mis obligaciones hacen que sea muy esporádicamente.
Con mis hijos ya adultos y casados, sólidamente establecidos, decido volver a mi tierra casi como me fui: unas pocas cosas necesarias en un bolso.
Esta vez la que decide desarraigar soy yo, para terminar lo que quedó trunco cuando me llevaron. Para empezar, terminé mis estudios básicos y continúo formándome profesionalmente.
Ha sido mi etapa creativa más prolífica, y la liberación de mi espíritu.
OCÉANO
Me lazaron a esta vida como a un océano,
en un bote sin remos, ni timón ni ancla.
Anduve siempre a la deriva, sobreviviendo
con casi nada;
en medio del vacío
y de la oscuridad del agua.
El bote era mi casa,
mi seguro, mi salida, mi jaula.
El océano: mi vida, mi muerte, nada.
Cuando ya pensaba en hundirme,
cuando ya estaba en el agua,
cuando tomé el último respiro
y apreté los ojos sin lágrimas,
cuando el océano era todo lo que quedaba...
oigo un murmullo muy cerca,
un susurro que pasa,
un batir de las olas,
una inquietud que me asalta.
Yo con el agua al cuello
abro los ojos ...y estaba
justo frente a mi pasando un tronco
abandonado en el agua,
un tronco a la deriva,
con hojitas nuevas aún en las ramas.
Miro el bote...sigue allí,
quieto a mis espaldas,
ni avanza ni retrocede.
Mi seguro de vida, mi jaula.
Me proteje del frío,
pero encierra y ata.
El tronco flota frente a mí solo,
desplegando sus ramas.
Quiero estirar hacia él mis manos,
aferrar a él mi alma.
Está muy claro.. no lo alcanzo.
El tronco se aleja libre y yo,
hundida hasta el cuello
me dejo tragar por el agua.
3 de enero de 1994
RÍO Y ARENA
Mujer de río, eso es lo que soy.
Mujer de río, de barro y de arena.
De monte y de cielo abierto.
De espinillos y arena.
Río oscuro, marrón, de crestas pequeñas.
De espuma y camalotes, conchillas y juncos,
Mujer de río y de arena,
Y mojarritas molestas.
Mujer de muelles de madera,
De sauces, de lunas y estrellas.
Mujer de brisas del norte y soles de enero.
Arena caliente y bufidos de barcos.
Mujer de río, de costas,
Playa, sauces y arena,
Y caminos del monte.
Mujer de soles, agua y arena.
Julio de 1996
Ajena a todo,
Estar ajena al frío de afuera,
Ajena al frío de adentro,
Ajena a los ruidos de la gente que pasa riendo.
Noche de viernes, risas y baile,
Fingiendo alegrías, ocultando pesares
Ajena,
Hojas cayendo en este otoño indiferente,
Ajena por elegir enajenarse,
Alejarse , ignorarse del mundo, ajenarse.
Dejar todo a un lado y aún así ser parte.
Ajena por opción, por elección,por decisión, por rendición,
Ajena por olvido,ajena por derrota,
Ajena por silencios, por memoria.
Ajena…ajena a su vida, a mi vida sin su vida.
Ajena de ajenidad invadida.
1/6/2013