Hiber Conteris
Narrador y Dramaturgo. Mi obra "El asesinato de Malcolm X" fue mención especial del concurso literario de Casa de las Américas en 1968; fue representada en Cuba, Uruguay, Chile, Polonia, Checoeslovaquia, y algún otro lugar que se me escapa. En 1988 obtuve el premio en el género cuento de ese mismo concurso por una colección de cuatro relatos bajo el título "La cifra anónima - Cuatro relatos de prisión". Dos veces fui premio nacional de literatura en Uruguay: en dramaturgia por "El asesinato de Malcolm X" (1969) y en narrativa por la novela "Round Trip - Viaje regresivo" (Editorial Planeta) en 1999. Otras novelas publicadas incluyen "El diez por ciento de vida", 1986 (publicada en España, Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania y Japón además de Uruguay); "Oscura memoria del sur" (2002); "Cuarteto" (2007); "El rastro de la serpiente" (2013). Mi obra teatral más reciente es "Onetti en el espejo" (2005) representada en Uruguay, Cuba, Brasil, España y varios otros países europeos.
MEMORIA HISTÓRICA
Conozco bien Bolivia, aquella tierra
donde Michi Correa y Sandoval, el "Lucho",
sátrapas que el MNR toleró en el comando,
se repartían el suelo de los cambas:
los cincuenta kilómetros de sangre
que van de Santa Cruz hasta Montero,
dejando a veces muertos por mojones,
fusiles en la noche por relámpagos.
Conocí esa Bolivia: el altiplano
donde al indígena se extirpó la sonrisa
hace quinientos años.
Donde nada se yergue un palmo de la tierra
excepto los verticales tiahuanacos,
y una helada mañana de setiembre
- cuatro mil metros - del sesenta y tantos
dejé casi la vida...
Y no hubo nunca otra civilización
tan próxima del cielo
ni cielo del infierno, tan cercano.
Esa Bolivia hostil y devastada
por los Hoschild, Patiño y Aramayo.
Cuatro siglos constantes de saqueo:
doce generaciones expugnadas
en las minas de Oruro y Quilla-Colla,
hombres que envejecieron a los veinticinco,
cuota normal de vida en el estaño...
Balance provisorio de este ciclo:
destino de metal para el indígena
y el Potosí exhausto.
Y la historia de estos últimos años: la conquista
de las tierras intactas del Oriente.
Vinieron japoneses de Okinawa,
fundaron sus colonias y sembraron arroz;
y los collas bajaron de sus valles
a derribar más selva y plantar caña...
Y la Gulf vino en busca de petróleo...
Y esa Bolivia nueva, recobrada,
que no hace mucho de esto inauguraron
Villarroel, y el MNR, y unos pocos
como Paz, en los tiempos que latía
su pulso al ritmo revolucionario,
y Zabaleta, a quien le conocimos
y vivió entre nosotros como hermano,
tuvo una breve historia de petróleo
después de aquella larga prehistoria
del estaño.
Vinieron los Barrientos y la CIA,
los Sélich, los Arguedas, los Ovando...
Y hubo un día de octubre en Las Higueras,
una muerte que no hemos perdonado...
Nadie quiera engañarse, esta historia
comienza ahora, comenzó hace un año,
el día en que creyeron terminada
la guerra en la que sólo dispararon
el primero, el más sólido disparo.
Pero él sigue ahí y ésta es su guerra
y hay que continuar ya, sin más excusas:
abrir la selva que cerró su paso,
poner de nuevo en pie los campamentos,
sembrar donde el napalm ha calcinado...
Reconquistar la tierra donde dicen
que entregaste la vida y sigues vivo
definitivamente,
Che, hermano.
Hiber Conteris
Octubre 8, 1968