PoéticaYo no podría vivir sin escribir, pero tampoco podría escribir sin vivir. Y doy a la palabra vivir el sentido de ser partícipe de todo lo que atañe al ser humano. Porque todo es digno de ser creado y recreado. Por eso cuando alguien dice que 'un poeta oscuro vale más que cien héroes muertos', percibo esa idea inmersa en la oscuridad de las cavernas que los héroes nos ayudaron a guard ...
PoéticaYo no podría vivir sin escribir, pero tampoco podría escribir sin vivir. Y doy a la palabra vivir el sentido de ser partícipe de todo lo que atañe al ser humano. Porque todo es digno de ser creado y recreado. Por eso cuando alguien dice que 'un poeta oscuro vale más que cien héroes muertos', percibo esa idea inmersa en la oscuridad de las cavernas que los héroes nos ayudaron a guardar en ese sótano desde el que habla el poeta oscuro. ¿Por qué dividir al hombre en poeta, héroe, creador, trabajador, si el hombre es todo eso en sí mismo? ¿Puede hablarse de un trabajador que no sea creador, poeta y héroe? No estoy en contra de los poetas oscuros. Cada quien sabe lo que quiere. Esto es lo decisivo: que cada quien busque su forma de expresión que hable de sí y de los demás. Yo me ubico en la tendencia de quienes [como César Vallejo] 'quieren decir muchísimo'. No para su propio solaz. Sí, para tocar las puertas cerradas por la soledad de esta asfixiante modernidad. A la espera de que alguien responda y, juntos, cantar y luchar para cambiar.
LA PAZ TIENE SUS GUERRAS QUE LA GUERRA IGNORAAnduve por las playas
De la muerte, una tarde cualquiera,
Rodeado de alegrías marchitas y reverdecidas
Tristezas, cuando sonó el disparo
Inesperado: en una playa viva, llena de árboles
Voladores y cantarinas aguas, el latigazo del odio
Había derrumbado a la ingenua paloma
De la paz. Ella ignoraba que los fuegos cruzados
No la querían, a pesar de su insistencia por llenar
Con ramitas de olivo la boca del lobo…
Hoy he vuelto a caminar
Por el mismo sendero de cruces pequeñitas que dejó su volar
Y me he atrevido a recoger sus plumas ensangrentadas
Aun a riesgo de ser acusado de masoquista y derrotista
O terrorista y cuántas listas más de cruces negras
Apuntándome al pecho al momento de gritar paz,
Pero nunca les daré la espalda como lo hizo la blanca
E ingenua paloma al venir silenciosa trayendo en el pico
Su rama de paz.
[Poema dedicado a Colombia]
LETANÍA A JAVIER HERAUDAy, Javier de las cortas primaveras,
francamente
no he podido,
no he tenido valor
para llorarte. Tú comprendes,
altísimo gorrión, ay, río inagotable.
No te puedo mirar
en mis paredes [todas
las llenas: tu retrato vigila
mis poemas], repito: no te puedo tener
ante mi vida, sin tu sangre quemándome
la angustia, el amor, la rebeldía... Y...
ya ves, cuando quiero llorar
tus aguas rotas, te siento
en mi guitarra; siento
que me impones
su silencio desgarrado
y unas ganas enormes de seguirte
o de odiar
[mejor: seguir odiando todavía]
las gorras y las botas y
su correo negro
que vaciaron tus aguas
a ese río
de ti inagotable.
Me ha sucedido siempre,
Javier de eternas alboradas,
siempre que tu presencia
me renace en el pecho,
en la camisa,
en el sol
que voy tragándome sin asco...
Lo sé y te pido
perdón, hermano mío,
por no poder llorarte todavía,
por no poder decirte:
Camarada,
'Las montañas,
los pájaros
y el mar
para siempre nos
pertenecen.'
[De: Mar Revuelta: 1970]PROFESIÓN Y FEYo versificador, yo modesto
hacedor de versos: creo y escribo.
Mientras pueda esgrimir esta arma noble,
mientras pueda
extender mi mano amiga o levantarla
altiva contra el rostro
del enemigo general o
del general enemigo o contra todo
antifaz de la muerte:
he de seguir creyendo,
he de seguir escribiendo.
Y he de seguir haciéndolo, pues no temo
por mí, temo por todos y por todos
también sueño y escribo.
Porque
humilde habitante de una patria
vendida al mejor postor o a la mejor
-como dicen- inversión extranjera,
he aprendido a quererla no por esa
pródiga maravilla de su suelo
ni por la alta belleza de sus años remotos;
he aprendido
a quererla por sus manos
callosas y mendigas, por sus ríos
de ojos llorantes, por sus labios
resecos. Y por su muerte
de viles formas
he aprendido
a llorar también.
Pero he aprendido
a quererla con la voz y con los puños
y todo este carño doloroso
lo trato de verter en cada verso.
Y aunque sea lo último que haga
sólo quiero trabajar como trabajan
los constructores del surco,
los dadores del sudor:
con humikdad.
Quiero ser algo
útil en su diario trajín;
en su lucha quiero ser:
trozo de canto,
brizna de risa,
ayudadora mano.
Sólo eso me propongo.
Creo que he de lograrlo.
[De: A Nivel de la Arcilla, 1972]CARTA DEL AMOR SIN OLVIDOMuy señor don Juan Carmona,
nuevamente usted ha venido
con sus manos en la espalda,
con sus pasos bien marcados
[cual dejando la constancia
de que anduvo en estos lares];
nuevamente, le decía, ha venido
-igualito que cuando era
habitante de estas ruinas-
a pasear por los recodos
más ocultos de mi pecho.
No me extraña que usted tenga
pase libre para mi alma;
lo ganó con el sudor
de su amor, con su palabra
cariñosa: Negro, hijo,
churubeco; su palabra
irremediablemente
huérfana y sin casa.
Pero ahora usted llega
[como siempre, si aviso,
de sorpresa]
y me toca con su anillo
las maderas más secretas.
No tenía por qué hacerlo
¿o es que acaso no llegaba
y es que acaso ya se iba?
Si es así
ya es otro cuento. Mas quisiera,
aprovechando la presente, referirle
mi total disentimiento
por su viaje apresurado
y su partida imprevista.
¡Qué le diré a mi cariño cuando sepa
que usted marcha,
que nos deja
el alma deshabitada;
cuando sepa mi cariño
que s eha ido y no pueda
detenerle porque el pobre
desconoce por dónde anda usted don Juan?
Juan Carmona, usted no puede
habernos hecho esta jugada,
usted sabe que las casas
se encariñan con la parla
de sus viejos moradores;
y además usted comprende
que la casa de que le hablo
era sólo para usted, especialmente,
su morada; mi cariño
su empleado, su muchacho
de mandados. Y yo era
más que un hijo:
el amigo,
el camarada.
Pero usted, señor Carmona,
actuó muy apresurado.
Es demás que nos recuerde
que debía abandonarnos,
que nos hable d ela muerte,
del mal tiempo,
del destino;
eso no ha de conformarnos.
Pero sí se lo aseguro:
un día de estos
yo me enojo de a deveras,
para siempre,
y me voy a visitarlo.
[De: A nivel de la arcilla: 1972]Biografía:
Julio Carmona, nació el 16 de marzo de 1945, en la ciudad de Chiclayo, al norte de Perú. Estudió Literatura y se licenció en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha obtenido el grado de Magíster en Educación con mención en Gestión Educativa por la Universidad de Piura. En 1975, obtuvo el segundo premio en la cuarta versión del Concurso 'El Poeta Joven del Perú' [el mismo que ganara Javier Heraud en su primera versión]. Fue miembro del Grupo Intelectual Primero de Mayo, desde 1972, hasta la muerte del director del Grupo, el poeta Víctor Mazzi, en 1989. En la actualidad ha sido elegido miembro de la Junta Directiva [Vicepresidente] del Gremio de Escritores del Perú, fundado a comienzos del mes de octubre de 2006. Es miembro del Comité de Redacción de la Revista digital argentina www.redaccionpopular.com Se desempeña como docente de Literatura en la Facultad de Educación de la Universidad Nacional de Piura.
carmona.juliocesar@gmail.com