Isska Coranit
Mi seudónimo es Isska Coranit, he publicado mi primer libro de poesía en 2014, con el título “Delirios y Melodías”, libro que ha sido presentado en Chile y en Costa Rica para el encuentro Mesoamericano de literatura y escritura en el año 2014. Nací en el Valle de Catemu, soy la mayor de cinco hermanos. Vivo en Viña del Mar desde hace varios años, pero amo el campo, la montaña y la palabra y mucho más la palabra poética, me hace muy feliz sentir una palabra multiplicada.
Cántaro de Greda
“Cántaro de greda, moreno como mi mejilla,
¡tan fácil que eres a mi sed!
Mejor que tú el labio de la fuente,
abierto allá abajo, en la quebrada, pero está lejos
y en esta noche de otoño no puedo descender hacia ella”. (Mistral)
Criatura silenciosa,
acostumbraba a dialogar con las estrellas,
ojos que navegaban el cielo nocturno de la montaña,
sin más brújula que la intuición.
De lado a lado atravesaba la vía láctea;
más hijos que estrellas en el cielo,
dijo Dios al patriarca.
Encontraba su nombre en las multitudes
lo dibujaba con los dedos en el aire
y el aire le golpeaba las mejillas
calando entre los huesos
estremecía su enjuto esqueleto…
Los pequeños pasos presurosos,
avanzaban cerro arriba,
capeando el frío de las noches invernales,
la imagen vívida del cielo en los ojos,
la dibujaba en el rojo de las zepas cerranas
a la hora de la cena…
La oscuridad nunca atemorizó
su morena timidez,
nunca como lo hicieran las voces extrañas
o, el desprecio del amigo,
o, la rudeza de la corrección inoportuna.
No tenía pretensiones mundanales,
más que escuchar historias nocturnas
en la voz pausada de la abuela Humberta,
comer naranjas y pan con palta,
observar sigilosamente la enredadera,
aspirar el aroma de las plantas y
la tierra mojada en el atardecer….
Contarse historias una y mil veces,
todas con finales indefinidos,
soñar cada día con un mañana mejor,
esperar que la madrugada fuera cálida y no fría…
A los cuatro años, ya se ataba los zapatos,
a los dos años articulaba perfectamente el español de su madre,
y sentía nostalgia adelantada del futuro
que estaba por venir,
Su mirada siempre, siempre se le escapaba
más allá,
mucho más allá
de la frontera terrestre de la montaña…
Si acaso…
¿En tu camino cansado
se cierne sobre tu rostro
otra fuente
que acercara a tus labios
elixir más dulce que mi manantial?
¿Si otras manos quisieran llenar
el espacio
que dejaron mis manos en tu piel,
y quisieran
colmarte de blandas y nuevas caricias?
¿Si otros cántaros ofrecieran
saciar tu sed en el tránsito
aletargado de los días?
Si otras latitudes
embriagaran de belleza tu mirada.
Si otros paisajes, otros relieves,
otros aromas envolvieran
con su manto de seducción…
Olvidaríais
que hay un cántaro de greda
que se vertió por completo para ti,
que de la arcilla de configuró
para saciar tu sed?
Dejaríais
que se marchitara la ilusión
con que se forjaron los sueños
en tu pecho blando?
Andaríais esos otros senderos,
bajo el embrujo de sus encantos?
¿O, guardaríais
las horas, el amor y la ilusión
para seguir
venerando con devoción
la entrega de este cántaro
que se forjó sólo para ti,
para colmarte las ansias
que la vida te forjó?
¿Que de la ardiente materia,
pulió sus formas con doliente resignación,
y no ofreció resistencia,
para ser de ti
el único y más preciado,
cántaro de greda?
Peregrinación de una Paria
Transitando por caminos pedregosos,
lejos de la costumbre y el acomodo habitual,
se gana el pan con sudor y lágrimas,
pan de pobres le llaman los que saben.
Tiene en la mirada ese atisbo de tristeza,
que irreverente le roba la belleza a sus ojos redondos.
El traje de oficina no le queda bien al color de su piel.
Se le escapa por los poros el deseo de libertad,
y algo de soledad,
pero en sus ojos está toda la verdad,
dicen algo,
que yo no puedo descifrar.
Es tal vez, el peso de la historia que carga sobre su espalda,
o, las mañanas sin sol,
o, estas latitudes que recargan sus ansias de lejanías.
Puede ser el signo de las minorías,
que se acentúa en su macilento caminar.
Cuántos dolores guardados bajo el aroma de su piel,
Cuántos sueños no soñados,
cuántas lágrimas que nunca nadie enjugó...
Cuántos sollozos de madrugada,
como un junco doblada al borde de su cama.
Cuántos ruegos y súplicas
desbordaron el cáliz de la esperanza...
¿A dónde ira?
¿cómo será su acento?
¿a dónde vivirá?
¿Llorará por las tardes,
cuando el cansancio se agolpe sobre sus hombros
y no halla más que soledad y vacío?
¿Alguien le habrá dicho
lo bella que es?
¿Por qué lloran tanto?
¿por qué lloran tanto?
estas niñas morenas
que nacieron bajo el sol
y crecieron bajo la cuchilla del calor,
¿Por qué lloran tanto?
y, ¿por qué nadie escucha su clamor?
La multitud ensordecida,
deambula en el tiempo,
buscando otra víctima para la crucifixión...