Victoria Lovell
Victoria Lovell nació el 6 de febrero de 1956 en la ciudad de Rosario (donde reside), provincia de Santa Fe, la Argentina. Es profesora en Castellano, Literatura y Latín, egresada en 1979 del Instituto Nacional Superior del Profesorado de su ciudad. Ejerce la docencia desde 1988 en instituciones públicas y privadas. Ha sido directora de proyectos y coordinadora de áreas vinculadas a la literatura, propiciados por organismos de la Municipalidad de Rosario. Fue jurado en diversos concursos promovidos en su provincia, así como panelista en Ferias del Libro y Festivales de Poesía. Dictó conferencias, participó en Congresos, prologó, presentó y efectuó reseñas de libros. Fue traducida al francés y al inglés. Es miembro fundador de “Cooperart” (primera cooperativa de arte de la Provincia de Santa Fe, 1986) y del comité editorial del sello “Papeles de Boulevard”. Además de integrar ediciones conjuntas —“Poemas por América” (1986), “Poemas por el hombre” (1989)— y ser incluida en antologías —“Poetry Ireland Review” Nº 73, “Las 40. Poetas santafesinas 1922-1981”, compilada por Concepción Bertone, el volumen “Un siglo de literatura santafesina. Poetas y narradores de la provincia 1900-1995” de Eugenio Castelli— su quehacer se ha divulgado en propuestas electrónicas y en revistas de soporte papel —“Casa Tomada”, “Juglaría”, “Los Lanzallamas”, “Poesía de Rosario”, “Boga”, “El Centón”, “Apofántica”, “La Pecera”, “La Guacha” y otras de su país, y en “Dierese” de Francia, traducida al francés, desde 2000 a 2005—. Publicó entre 1981 y 2012 los poemarios “De cobre y barro”, “Máscaras de familia”, “Jardines cerrados al público”, “Desde el hastío” y “Los noctiluca”.
Corte en los milagros
En ese no decir
de los que hurgan en los desperdicios
de los que flamean los jirones del desecho
de los que se embadurnan con heces indiferentes
de los que marchan al son
del parche de hojalata
de los que cortan ebúrneas razones
y gárgaras se hacen
en la corte que proscribe el tiempo.
En ese no decir
hasta los milagros mutan en escurridizas alimañas
o musitan una sola plegaria.
Película
El hombre del lobo no, del bosque
aquel leñador que intacta salva
a la niña de la caperuza.
Leves palmadas regresan
calientes rozada casi blanca bombachita
sobre las rodillas oscuras
de franela áspera.
Quién confundió la escena
era aquella, no ése
sino aquí
no regresa la muda
de ojos abiertos.
Ni contemporáneos ni testigos
hay en la infancia.
De aquel jardín
No debimos abandonar
por desidia o vergüenza
ese parterre que signaba
en sus posibles escondrijos
también sus atajos
para recuperar en el olfato
en la lengua el sonido
de aquella mandolina que
oscuramente cabeceaba en una
despintada verde sombrerera
donde las boas entrelazan sus plumajes
y de raso pálido se asoman
las puntas del baile de las zapatillas.
Esos acordes, breves rubores
de aprendices ocultos.
Supimos que el juego
era el único ademán
que poseíamos del mundo.
*Victoria Lovell, poemas del libro Desde el Hastío, Papeles de Boulevard, 2007