Osney Vilches Jacomino
Osney Vilches Jacomino, de Manicargua, Villa Clara, Cuba.
1ro de marzo de 1974.
Poeta inédito
ANUNCIO
SE ALQUILA UN HOMBRE POCO COMÚN,
lleva piernas, ojos, manos y demás.
Ama la música, infructuoso poeta,
no pudo nunca arrancar el dolor.
Soñador, poco ambicioso
Peligrosamente pacífico.
Se aconseja, por favor,
no ponerlo en alto, podría volver a caer
-demasiado frágil-,
no usarlo con fines ornamentales en balcones,
ventanas, etc.
-podrían robarlo-,
no dejarlo solo pasado meridiano las doce
-le asustan las noches-,
mantenerlo limpio, perfumado.
¡Ojo! No usarlo desnudo
-pierde la razón-.
Este objeto presenta solo un defecto:
perdió el corazón
trágicamente.
Gracias.
“levántate y anda”
Un hombre que muere eternamente
puede salvarse (osney Vilches)
LA GUILLOTINA ESPERA
Perdió el filo, pero confía en su peso. Debajo,
un sollozo metafórico
se escucha.
El verdugo,
que bien podría confundirse –por sus pechos-
con aquella mujer, experimentado,
sigue pensando que no valdrá la pena.
La multitud tiembla, algunos cierran los ojos.
El monarca hace un gesto: ¡la guillotina busca!
¡Silba en el aire!
¡Un murmullo queda ahogado!
¡Un grito quizás!
¿Pero cómo?
¡¿ ?! ...
El mutilado se levanta, se sacude el polvo,
escupe, blasfema, mira a todos en derredor
y se marcha.
Ya sin el cuello donde pondrá su cabeza
Otro día, cuando la encuentre.
ES INTRADUCIBLE ESTA ANGUSTIA
que salpica en la ventana.
Treinta y un días lloviéndote. Respirándote...
¿No habrá ningún pedazo de tierra
donde no se echen a ver los días y los meses?
Por favor, averíguame eso. Y que le pongan precio:
yo lo compro.
Cada vez que mastico un octubre de estos
sabor a ti
quisiera ser el perro gris del contén, tieso
al cruzar la tarde
o el pavo fresco que digiere aquel señor.
Cada vez que llega la ausencia vestida de ti
Hasta el tobillo, me invita a ser el primero
En subir al Titanic sin salvavidas...
Octubre.
Camas oxidadas que protestan.
Espejos que se asoman a la puerta, desesperados,
Como si aguardaran por alguien.
Platos de sobra en la mesa, con su cuchara
y su tenedor,
inconfundibles.
Gemidos ¡de siglos atrás! incrustados en el techo,
dando vueltas por el cuarto
a altas horas de la noche,
mañanas ensangrentadas
aún, insatisfechas...
¿No habrá algún pedazo de tierra
donde no se echen a ver los días y los meses?
Por favor...
ME NACÍ DEL MAR PARA QUERERTE
pensé encontrarte en aquella orilla,
en aquel recodo, en aquel verde azul.
que fue mi verso.
Pensé encontrarte en aquellas luces,
me nací del viento, fabriqué mis alas.
Esperé la noche tibia que nunca tuve,
emprendí ese vuelo amargo, mordí desiertos,
estabas hecha de planetas muertos
y yo volaba.
Llegué a la tierra sin mí, tristeza abierta,
me fui de bruces sobre la aurora
pensé encontrarte desnuda y clara,
rocío mudo sobre las hierbas,
trinando espasmos entre las llamas,
pensé encontrarte donde las piedras,
vuelta cansancio bajo mis plantas.
Pensé también que estuvieras muerta,
pero muerta y todo así te amaba.
Me nací de verte y fui dichoso,
Me dije: ¡tonto!,
¿y anoche pues,
con quién hablabas?
¿No viste la luna entre sus ojos,
espasmos de estrellas en su mirada?
¿Acaso no tocaste su piel de arena,
el verde azul del canto sobre sus alas,
la aurora virgen entre sus hierbas,
la noche desnuda bajo sus plantas,
acaso no sentiste su tristeza abierta,
acaso no supiste que te buscaba?.
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