Augusto Noé Castillo Porturas
Augusto Noé Castillo Porturas. Nació en Sihuas - Ancash un 14 de Febrero, hijo de Ignacio Noé Castillo Sotomayor y de Consuelo Porturas Lezama. Inició sus estudios de inicial y primaria en la ciudad de Lima, para luego concluir la secundaria en el hoy Colegio Emblemático Público “Cap. Marcelino Valverde Solórzano” de su tierra natal. Es Ingeniero de Sistemas y también tiene estudios de Ingeniería Industrial en la Universidad Nacional Federico Villareal. Escribe poesía desde su etapa escolar. Formó parte del Comité de Redacción del Libro de Oro de su colegio al cumplir sus “Bodas de Oro”, siendo coautor del mismo con artículos y poesías. Sus textos han sido publicados en libros y revistas de circulación nacional. Tiene preparado ya su primer poemario “ANSIEDAD” y tiene además en preparación una novela y un libro de investigación genealógica “Los Porturas del Perú”
VIVAZ
No quiero ser el beso
que cuando las bocas se juntan, teme
y cuando se separan muere.
Quiero ser la llaga viva que nunca añore ser costra,
porque entonces habré muerto.
Quiero ser el ojo que no pare de llorar
y en cada esfera húmeda emane un mundo nuevo.
Quiero ser la rueda de forma invariable
que a fuerza de rodar alimente su energía.
Quiero ser el golpe de un cuerpo duro, mas no el eco.
Quiero ser el hoy y desconocer el ayer y el mañana.
Quiero estar en brazos de la mujer de pecho inmortal.
Quiero ser elíxir sempiterno y no cicuta mortal.
Los caminos y los ríos inician y terminan, se conectan;
los días y las noches alternan;
los amores, a menudo inestables y efímeros.
Yo quiero ser la constancia y no el abandono.
No quiero ser el aroma que pierde su candor
con el aleteo del ave más hermosa.
No quiero ser el beso del saludo que no existe;
no quiero ser ente fugaz, sino vivaz.
Quiero orbitar junto al sol infinitamente
y desde allí candente observar cómo se acaba la vida,
cómo se muere el tiempo.
Quiero que mi cuerpo sea el tamiz,
para que los rayos penetren el ozono con efecto inverso,
mientras proceloso sigo mi marcha.
enhiesto mi orgullo y sin límites mi senda.
No quiero ser el beso del saludo… que ya no existe.
FRÍA E INDOLENTE
Para: Blanca Stephanía Siqueiros lozano
Blanca, como la nieve y
como las cosas puras que se extinguen,
lejana y misteriosa como el canto de la rosa.
Apartado,
evocando estoy tu belleza
con mi fracaso de tus cumbres no poder escalar.
Tú, tan alta y distante
que tan sólo te añoro desde lejos;
y mientras espero tu cercanía
poco a poco te metes en mí
en lágrimas puras y cristalinas
que labra el viento desde tu cimera;
enjugas mis labios;
enfrías mi boca, mi garganta, mi esófago y mi estómago;
y abrigas fugazmente a mi alma.
El silbar del ichu cómplice del viento
y la carrera subrepticia de una perdiz
me distraen de rato en rato;
el arropar de la neblina y la amenaza de una avalancha
me despiertan de mi letargo.
El pico se aleja porque crece
al compás de la cirrostratos que desgrana sus entrañas;
un pulmón achacoso sin cadencia y sin oxígeno,
cual trasto de plomo,
se agita por el tiempo y la espera.
Fría e indolente me miras desde lejos.
NO CALLES
Déjame oír tu canto una vez más,
deja que rezongue en mis oídos
la melodía perfecta;
es la noche del silencio total,
y tu voz no afecta.
Tierna avecilla boreal
que alzas hoy tu vuelo sinfín
y en el vibrar de tus alas,
despachando vas por los aires mi recuerdo;
miente por piedad te lo pido,
y dime que estás viniendo y no yendo.
Para qué me acostumbraste
a ese grato trinar matutino,
si ya no más entona mis días
y sólo me despierta la añoranza;
muriéndose de a pocas mi esperanza.
Tanto tiempo me quisiste,
tanto tiempo dura hoy tu olvido.
Hasta cuándo tu pico enmudecido
paloma de ensueño;
hasta cuándo tu planear desorientado
cometa del destino.
En esta hora del ¡Agur!
deja que me pierda en el calor de tu mirada
y canta mi poesía como ayer;
que tu voz y mi letra harán el dístico perfecto
de un amor ingénito,
que a fuerza de tronar en el tiempo
se fundan cada vez más.