Julio H. González Miles
Nació el 6 de junio de 1935 en la oficina salitrera María Elena. Hombre solitario y errabundo, desde muy pequeño debió desplazarse por el norte de Chile, llegando a conocer gran parte de su país, América del Sur y Central. Trabajó en la minería, principalmente, como trazador de metal, con destreza y pujanza tra ...
Julio H. González Miles
Nació el 6 de junio de 1935 en la oficina salitrera María Elena. Hombre solitario y errabundo, desde muy pequeño debió desplazarse por el norte de Chile, llegando a conocer gran parte de su país, América del Sur y Central. Trabajó en la minería, principalmente, como trazador de metal, con destreza y pujanza transformaba duras láminas de acero en ductos y contenedores para procesar el cobre extraído de las honduras de la tierra. En 1959 se casó con María Inés Milla con quién tuvo 5 hijos, los que le han dado 14 nietos y 4 bisnietos.
De su oficio aprendió a trabajar el metal, conforme su creatividad artística se lo dictaba: floreros de cobre y bronce, baúles, barcos a escala, porta retratos, juguetes para sus hijos, y mucho más surgieron de sus hábiles manos. Inquieto y multifacético ha sido actor de teatro aficionado, dirigente deportivo, bailarín folclórico, estudioso de la Bíblia y -manifestando un profundo interés por el sufrimiento humano trabaja como voluntario en atención hospitalaria, durante cerca de 20 años.
El amor por la poesía es su más ferviente afición, participando y ganando varios concursos poéticos y de declamadores a lo largo de su vida y produciendo una importante cantidad de poemas y sonetos. Ha sido antologado en algunas publicaciones de poetas aficionados. Sus versos expresan diferentes temáticas: a la patria, su familia, la naturaleza y su profundo interés en tópicos espirituales; Dios, la salvación y otros en los que ha profundizado.
ARBOL
(Soneto)
Tronco de ramas cubierto, tronco nudoso y derecho
Que dio sombras en verano y da calor en invierno.
Arbol de cuyos ramajes salieron muchos renuevos,
Los que trepando laderas, le dan verdor a los cerros.
Arbol que fiel y paciente soportaste los inviernos
Con tus hojas cubriste los nidos de los jilgueros;
Tronco de arbol generoso, columpio de los pequeños
Los que en rondas infantiles gozaron bajo tu suelo
.
Arbol, parte del paisaje que atesoro en mi recuerdo
quiero aprender de la ciencia que guardas en tu silencio
para lograr que mis brazos tengan firmeza de cedros.
y asi sostener mis nidos y cuidar de mis polluelos
Y darle calor de amigo a los que sufran desvelos
Que asi me ire preparado cuando lleguen mis inviernos.