Ramon Vergara Gallegos
Ramón Vergara Gallegos, es nacido en 1950. Su vida es partícipe del espectáculo generoso de la naturaleza cabalgando entre cordillera y mar patagónicos. Su vista ha estado constantemente solicitada por los picachos cordilleranos con sus despeñaderos rocosos rodando por los faldeos verdes de los bosques nativos junto a los ríos que descienden vertiginosamente hacia los valles sembrados de hermosos lagos. Él es parte integral de esta tierra salvaje con una geografía accidentada que alberga a los pumas, a los cóndores y a la flora silvestre encantadora. La lluvia presente en este mundo mágico, permanece de visita durante los largos meses del invierno austral. Una buena parte de su vida, que representa 35 largos años, los vivió en Suiza como exiliado político. País caracterizado por su democracia participativa, lo acogió dignamente; le permitió construir una familia y entregar una buena educación a sus hijos. Ahora de retorno a la tierra que lo vio nacer, respirando el aire puro del Sur por voluntad propia, disfruta de una convivencia cultural enraizada en la idiosincrasia chilena. Realizó estudios en Suiza, de literatura francesa y de sociología en la Universidad de Friburgo y de Ginebra. Su vida ha sido un largo camino profesional con los sectores sociales marginados, tratados como los parias oprimidos de sociedades a medio desarrollo donde son perseguidos por sus ideas políticas, religiosa y étnicas. Ha hecho lo que ha podido como trabajador social, con una buena disposición personal y vocación de servicio, ayudando a los más débiles y maltratados, víctimas de los poderosos que golpean a diestra y siniestra para seguir siendo los dueños del poder económico y político.
Fue organizador desde el exilio, en Suiza, de múltiples actividades culturales y políticas para apoyar el retorno a la democracia en Chile. Participó activamente en Comités y Asociaciones de solidaridad con Chile y América latina y de África. Ha desarrollado actividades periodísticas, escribiendo artículos en diarios de lengua española y francesa.
¿Felicidad?
Autor: Ramón Vergara Gallegos -derechos reservados
Siento una espada apuñalando mi vida.
El campo tamiza el rocío de la madrugada,
el sol centellea con sus largos rayos omnipresentes
la piel rugosa del planeta tierra,
fisurado por la mercantil mano negra del hombre
lanzada a la velocidad de un crucero
por la ruta pavimentada de espejismos
del poder político-financiero al servicio de las minorías.
Es la farra del plástico y de la tecnología inútil
contra el suelo que nos permite vivir a diario.
Las aguas oceánicas les cuesta respirar oxígeno puro,
están contaminadas con el saqueo
de las siete familias de las pesqueras,
las gaviotas en la playa con su blanco vuelo
se mantienen vigilantes, en estado de alerta permanente.
Aguas manantiales contaminadas por los dueños del cobre,
la codicia sin límites siembra la sequía polvorienta en el norte
La foresta talada está herida en la región central, desnuda,
con sus troncos quemados, en desmedro de lo nativo
hija del ancestral pueblo originario,
en beneficio del bolsillo de los inmundos dueños de la patria.
El color ocre del otoño no se acostumbra
sin palpar las hojas caídas en serenidad y melancolía,
solo guardan recuerdos de sus hojas en un libro de poesía.
Los piramidales volcanes enfurecidos
arrastran hacia el valle los bienes del
en una catástrofe natural sin nombre ni apellido.
Consumismo desenfrenado, histérico con sus futilidades de turno
tritura la conciencia angustiosa de la humanidad
creando tristeza, carcomiendo las bases de la democracia
imperfecta en esta flaca República.
Estamos desamparados sin la brújula imantada
que nos conduzca a buen puerto
creando un vacío existencial cargado de estrés
y de depresión oscura hurgando en la conciencia herida del pueblo.
Búsqueda de la felicidad es la tarea urgente,
de todos, en una reflexión conjunta y solidaria, hasta abrazarnos
con salarios dignos para los trabajadores manuales e intelectuales,
cuando el crepúsculo baje hasta el valle a sembrar de fertilidad la tierra
y la primavera continúe cobijándose con sus pies desnudos
en el paseo bello, al borde del río de pacíficas aguas,
la vida se escribirá en la piel de la naturaleza con sabor rosado.
El amor será como el lecho de un río agitado
que aumenta sus cauces en un invierno lluvioso,
disfrutando en la ribera del planeo alto de un esbelto cóndor.
Mi caballo blanco.
Autor: Ramón Vergara Gallegos -derechos reservados
Mi caballo blanco despierta de madrugada
olfateando el paisaje empastado, húmedo,
observa mis pasos recorriendo el campo,
me mira silencioso con cariño amical,
girando su cabeza me saluda como su amigo de siempre.
Mi caballo blanco galopa sobre las olas del mar
recorriendo espacios infinitos de nunca acabar
con su jinete altivo montado en una silla de paja
en los atardeceres oscuros nutridos de lluvia galáctica
de vientos grises inhospitalarios,
de volcanes míticos, enrabiados,
respirando nubes rojas de fuego,
vomitando azufre gris,
a través de su estrecha garganta de piedra.
Mi caballo blanco observa la naturaleza enfurecida
donde el hombre asume su rol de simple ciudadano
para plegarse a sus exigencias sin contemplación ninguna.
Mi caballo blanco me invita a pasear
por el prado otoñal de hojas secas y amarillentas
para saludar la nostalgia del mundo
siempre atento al gorjeo de un pájaro,
al ladrido lastimoso de un perro,
al relincho agitado de un caballo negro,
al vuelo discreto de un zorzal o de una gaviota.
Mi caballo blanco galopa
al compás de los rayos del sol
por las vastedades australes,
respirando profundidades enajenadas
en la noche estrellada y fría
escuchando la música alegre de la vida,
para saborear la palabra campesina
a paso lerdo en la contienda de la cosecha de cereales.
Mi caballo blanco es fuerza viva de la naturaleza,
con su esbeltez legendaria, alegre,
sueña noche y día por alcanzar el eslabón extraviado
que permite conquistar el paraíso dorado.
Allí está sólido, como el pedestal de hierro
que sostiene los edificios rígidos que albergan multitudes.
El galope de mi corcel blanco, en primera línea,
recorriendo pampas y cerros
en el alborotado cotidiano planetario
solo por placer sin objetivo ninguno.
Es amor recíproco como el canto de la sirena
que se siente pero no se comprende.
Caballo albo eres mi mejor amigo,
tu compañía empuja mis pensamientos etéreos
a territorio lejano, inalcanzables a mis pies cansados.
Mis deseos de justicia se esfuman en el horizonte azul
transformándose en una quimera de cenizas volcánicas
que fluyen a través del arroyo turbio,
sembrando desesperanza y pavor,
aunque mi corazón sigue escuchando
siempre el canto misterioso del viento.
Con mis sueños efímeros
construiremos mano a mano,
el futuro con alegría,
en un galope interminable, bajo la lluvia,
donde siempre nos acompañaremos.
Pareces alma griega
Autor: Ramón Vergara Gallegos -derechos reservados
Pareces alma griega
despojada de toda filosofía inútil
que comulga tiernamente
con tu impetuoso temperamento.
De vez en cuando
la reflexión
visita las puertas de tu sensibilidad
con importancia singular
en una noche de juerga.
Aspera como las hojas
de la araucaria milenaria,
encantadora
con tus largos brazos
para recibirme en tu cuerpo
y abrazarme
con la fuerza de un torrente cordillerano
descendiendo cuesta abajo
abierto al mundo,
con alegría y mucho amor.
Tu palabra es canto
extraído del agua cristalina
que fluye de la vertiente mágica
fondeada en un valle oscuro.
La mesa de la noble madera
color caoba
recibe el espejismo
de tu simpática belleza,
la estrella solitaria sonríe en la lejanía nocturna
abriendo senderos de felicidad.
El amor no es un gesto de la conciencia,
es un grito de los sentidos
que navega sin rumbo cierto por mares abiertos
recorriendo el mundo desconocido
como un acto insólito
capaz de escapar de la vertiginidad del mundo
clamando la desesperanza
tocando la suavidad de tus manos
en un gesto de complicidad simple.
Tu amor es trigo esparcido en el campo
que se transforma en sabroso pan
y cristal azul del alba.
La tarde sigue cayendo
en la oscuridad crepuscular
en el sur del mundo,
la ocasión se aproxima sin darse cuenta
para el encuentro amoroso,
recorriendo tu cuerpo de mujer salvaje felina,
sintiendo la marea volcánica del deseo sexual
en una entrega mutua de placer y felicidad.
Al despertar la mañana,
el sol penetra hacia el dormitorio
de grandes ventanales
para saludar el amor,
donde los términos medios
no pertenecen a nadie,
son solo hojarasca otoñal vegetal
que se transforma en humus para siempre