Mariamalia Sotela Borrasé
Licenciada en Ciencias de la Comunicación, en la UCR, periodista de prensa escrita y televisión, poeta, escritora, acuarelista, incursionó también con éxito, durante varios años, en el teatro profesional, tanto en nuestro país, como en Caracas, Venezuela.
Vivió su infancia y gran parte de su juventud en Barcelona, España, cerca de 14 años. Se ausentó del país nuevamente, en edad adulta, para afincarse en Moscú como Agregada Cultural de Costa Rica, y luego en Caracas, ausencia del país que marcaría también su obra. Cuatro hijos - dos mujeres y dos hombres- así como dos matrimonios, han enriquecido su vida.
La oportunidad de viajar por muy diversas latitudes le ha dado una visión universal de su entorno. Y su cercano contacto con la naturaleza, la enraíza en los ríos y montañas de la selva húmeda de costarricense. La suma de esas vivencias enriquece su bagaje, y ese haber se pone de manifiesto en su creación artística.
Trabajó 10 años en La Prensa Libre, dirigiendo las páginas y suplementos culturales. En los años 70, fundó y co-dirigió el Suplemento Cultural Forja, del Periódico Universidad, de la Universidad de Costa Rica. Tuvo a su cargo el curso de Crítica de Arte de la Escuela de Ciencias de la Comunicación, y cursos de Sociología de la Comunicación, también en la UCR. Al inicio de los 80, fue Productora y Directora del polémico Programa OPINION, de Canal 13, en vivo, siete de la noche, línea abierta.
Ha publicado numerosos artículos y entrevistas, tanto en la prensa nacional como en el extranjero, y ha entrevistado a figuras de la talla de Rafael Alberti, Nicolás Guillén, Euvgenie Evtuchenko, Juan Rulfo, Fidel Castro, Serrat, José Luis Cuevas, entre otros.
Su más intenso desempeño profesional, tanto en el periodismo, las artes o la docencia, lo desarrolló entre los años 1970 y 1985. A partir de 1987, descubre nuevas aristas geográficas de su país y se dedica al desarrollo turístico en las selvas de Sarapiquí, una zona para ella antes desconocida, actividad que entrelaza con la poesía y la acuarela.
Libros Publicados: Ciudad de Cáñamo, 1.974, Editorial Líneas Grises del Círculo de Poetas Costarricenses; Memoria del Desencuentro, 1.981, Editorial Costa Rica; Piel inconforme, poesía, 2014; De Muñecas de Trapo y papalotes, cuentos infantiles. Inéditos: Tras los Jaúles, poesía; Más allá de la orilla del mundo, narraciones.
Premios: Certamen de Poesía Femenina Ilustrada, organizado por el Museo de Arte Costarricense y Embajada Argentina en CR, 1984;Premio José Marín Cañas, Rama de Poesía, Colegio de Periodistas de Costa Rica, 1989; Premio José Marín Cañas, Rama de Cuento, Colegio de Periodistas de Costa Rica, 1989
Presidente de la Asociación Costarricense de Escritoras 2012,2014. Actualmente se desempeña en el campo del turismo ecológico, lo que enriquece su visión, y continúa escribiendo y trabajando la acuarela. Con tinta en la sangre desde sus ancestros, es nieta de don José Borrasé Rovira, periodista, fundador de La Prensa Libre y del pensador académico y poeta costarricense Rogelio Sotela Bonilla.
Proeza
Estoy sosteniendo el alma
para que no se salga
por los ojos
delante de la gente.
Estoy sosteniendo
mi esqueleto
para que no se caiga
mientras aprendo la proeza
de vivir sin vértigo.
Estoy tratando de asomarme
por los ojos, desde afuera,
y ver mi pulpa
y mi semilla,
más allá de esta piel empecinada
en conciliarme.
Ya no sé si soy
piel o si soy fruta.
Nunca supe
qué sabor tienen mi raíces
de tanto desgarrarlas.
Quisiera ser melón
y coco y guaba.
guanábana quisiera
y no mujer
sin pulpa y
sin semilla
de tanto resembrarme en el olvido.
Deberé arrancar mi piel,
pero de veras,
y remontarme el esqueleto desde abajo
por cada uno de mis huesos
y olerme poco a poco
y escuchar mi soledad
y sostenerme.
Luego,
si es posible, no cantar
nunca más una mentira.
Y entonces
salir
y comenzar.
Receta simple
Hombre de chocolate
que me habla de violetas y de
casas de azúcar amarga
mientras hacemos el amor
como se hace el pan
como se muele la harina
o se sirve el agua…
Hombre de chocolate…
¿Por qué no saliste de mi libro
anteayer y no
tan tarde como hoy?
¿Por qué no me dijiste
antes que el amor es
tan simple como hacerlo
a la medida de nuestro anhelo?
¿Por qué no me dijiste que el amor se
sostiene entre las manos
entre los dientes se atrapa
entre los párpados y
entre los cuerpos se aprisiona
como a un pájaro que
no puede volar sino sólo
presenciar el amor?
¡Hombre de chocolate…!
Desdoblaste mis entrañas
como si conocieras sus
laberintos desde siempre.
Te serviste y me serviste
la ofrenda necesaria
para que se repitiera
el ritual del amor
Y como se hace el pan
como se muele la harina
o se sirve el agua…
¡te llevaste todos mis temores...!
¡Perdón, bosque…!
No sé cómo empezar a confesarte cómo
hombres y mujeres vamos poco a poco
robando tu casa.
Cómo echamos a suertes
la caída del nido del carpintero y
apenas alcanzamos a decirle al perezoso…
–¡Corre por tu vida…! ¡Quizás sea la última vez!
Y cómo a la morfo-mariposa le pedimos perdón
por quitarle la sombra inasible de sus alas
mágica estela azul que nos regala para siempre en los ojos
tan para siempre, que le arrancamos el vuelo
y aún nos queda…
Y cómo no alertamos a la bromelia, osada, allá arriba,
asomando su flor como una lanza
a punto de defensa
a punto de caer para siempre a corazón abierto.
Árboles padre: no lloren por sus hijos.
Estrechen, ramas, sus brazos vegetales
cadena interminable para sostener la vida
terminada por la cadena de una motosierra con permiso.
¡Pónganle sordina, que no la oigamos!
¡Pónganle sordina cuando caiga el árbol, cuando vuele el ave
cuando llore lluvia sobre el árbol
bajado de su luz y de sus años!
Pónganle sordina para que la lluvia pueda cantar
un canto apenas musitado
para cada rama
para cada hoja
para cada tronco
según el tiempo de la lluvia de ese día.
Que el cielo no se abra en azul. Que se espere.
Que un pájaro estandarte
vuele a tiempo.
Que la bromelia
sostenga su agua milagrosamente
hacia arriba, a punto de beberse.
Que la beba el cielo toda
que la esconda en provisión de niebla
por si cortan más, por si vienen más
cadenas adiestradas
en volcar, en no sostener
en separar al pájaro del árbol
al nido de la vida
a la flor de la raíz
a la raíz de la tierra
a la tierra, de la tierra de verdad
mientras el Árbol Padre abraza, suma, calcula, encierra
lanza quelites y lianas para atrapar…
¡Ay, Dios! ¡Dale más ramas ese día...!
De “Piel Inconforme”