Gloria Mercedes Ortiz
Gloria Mercedes Ortiz Romero, nacida en Bogotá, Colombia, hace 62 años y he dedicado mis días y mis noches a sentir la vida, propia y ajena, en sus expresivos detalles de color, sonido, intensidad, levedad, arco iris de sueños, realidades y mucho amor. Soy maestra desde hace 41 años y he padecido en dicha y dolor, muchos de los momentos de la vida de mis estudiantes. Parte importante de mi poesía es un sentimiento de solidaridad, amor y esperanza, con las múltiples violencias que viven jóvenes, niños, hombres y mujeres.
Comparto tres de mis poemas, testigos en grafías, de algunas experiencias de dolor de jóvenes de los sectores marginales de Cali-Colombia.
*
¿QUIENES SON ELLAS?
Mil formas de morir
Una, diez, cien veces.
Truncados ya sus cuerpos
Cerrados ya sus ojos
Sólo mantos de olvido
Como única mortaja
Serán sus días venideros.
Olvido de cantos, risas, juegos,
Olvido del destello de sus ojos
Que avizoraban días
Cuando al crecer danzaran.
Olvido de sus sueños
Venidos de confines de frescura.
Olvido de placeres
Presentidos en sus pieles.
Olvido del olvido de los otros,
Tejidos de esperanza.
Olvido etéreo
Truncado ya el suspiro.
Olvido de las fauces
Que desgarraron sus almas
Olvidos de presencias
Deambulantes
Aún en las pizarras del canto
Y de la vida.
CUANDO ESOS CUERPOS LA ARRASARON
Ella en fragmentos
Intenta adherirse
Entre ramalazos
De culpas ancestrales.
Se sobrecoge el cuerpo entre sus brazos
Y no encuentra el lugar donde repose el nombre.
Sólo espaldas
Encuentra en su diatriba
Sólo rostros
Sin ojos le responden
Sólo gestos
Sin alma le contestan.
Fue atravesada
Y fulminada por rayo en bosque
Fue zaherida
Dividida por daga en la madera
Fue tan vaciada,
Cántara derramada en su faena.
Sin embargo,
¡Oye un grito!
Se levanta en tensión
Entre la vida y la muerte
Y se yergue incólume y serena.
PARCE DE MI BARRIO
Mil voces lidian tu destino.
De prisa se suceden
Una a una tus presencias,
No hallas
Raíz húmeda y firme
Y te envuelves en torbellinos
De sordidez, indiferencia, caos.
Niño instalado
En la levedad
Que te condena y te salva,
Niño sensible y duro
Niño adulto
Padre del padre,
Te amordazaron
La mirada.
Un dolor premonitorio
Anticipa tu mañana
Y prefieres agotar
El vestigio vital
Que te circunda.
Niño
Que te asomas al abismo
Del para qué crecer
Sin un mañana,
Sin un presente de horizontes,
Sin un pasado
Que en arrullos
Te iniciara.
Niño
De promesas lentas
Y rápidos olvidos
Exhorta al cóndor
Que habita en tus entrañas
Y elévate a los Andes
Circunda los mil soles,
Vuelve a beber las fuentes siderales,
¡RENACE!