Ernesto Lobo
Ha escrito 35 poemarios, es el director del blog Poe3ía y Opinión. Tienes publicadas dos novelas (“Las Ramas del Olvido” y Solsticio de Verano” en Amazon). Nacido al sur del Perú en la villa de San Pedro de Tacna.
Flores de otoño
En este abrigado lugar
Por las plácidas sombras
De las tardes de abril
Dejaste caer aquellas frutas de otoño
Sólo Dios sabe quién te las dio…
Te recuerdo cual liebre caminar
Por los prados
Entre las sombras húmedas de los almendros
Acariciando el aire
Los pétalos de madreselva
Los latidos del tiempo…
Me sorprendió el cesto entre tus manos,
Sus redondas formas
Sus trenzas de estera,
Aquellos olores a frutas de otoño…
Recuerdo ver volar de tus manos millares de mariposas
En infinitas chispas de color acerando tu rostro
Con una semilla roja de puro carmín…
Es cuando juré seguirte amarte
Guiado por los jazmines y las huellas de menta
En el rumbo de la azucena y los gorriones
Seguirte en las cascadas
Detrás de las rocas
Por donde el ciervo rehúye el mundo…
Juré llegar a ti
Con las manos rendidas
Cargado de flores otoño...
Ernesto Lobo en “Espacio Vital”. Febrero 1996.
Para acceder al valle
Hay un hito en piedras blancas
Lava seca de otra era
En donde los caminantes arrojan flores
Al apartarse hacia el desierto...
Piedras de lava donde brilla el sol del mediodía
Por donde muere opaca la tarde
Por donde florece el añil de la noche
Como un cuerpo agazapado tras su presa...
Las largas varas de caña
Venas secas y botas de aguardiente,
Se llenan de brisas nocturnas
Que agitan sus negras alas
Son metales rompiendo el silencio,
Son cadenas, clavos y maderos,
Infinitos ruidos taladrando surcos
Tapiando acequias
Derribando troncos,
Cabalgando en lenguas de piedra y lodo
Un crujir de las montañas
Que sueltan sus silencios rumbos
Huellas de nada mordisqueadas por insectos al mediodía...
Un hito de piedras blancas
Cubiertas de flores secas
Preludian las fronteras de la muerte
En el borde mismo de mi valle...
Ernesto Lobo en “Espacio Vital”. Febrero 1996.
Frente a las lánguidas hirvientes hileras de piedra ígnea
Fósiles vivientes que a veces
Con sus córneas ciegas o cansados brazos
Húmedos traperos son
Errabundos por las secas riveras
Rompiendo palmos contra
Gaviotas, gallinazos,
Famélicos perros viviendo en sus huellas...
Columnas sedentarias son
Invadidas a soledades,
Invadidas de tiempo y vida
Nómades por compasión...
No hay molinos a sotavento,
Ni pausas de caballerías,
No hay cabildos ni rejas
Sólo un cauce seco
De montañas en la sombra
Muchas huellas
Una interminable hilera
De libre camino hacia el ser...
Ernesto Lobo en “Erosión acústica”. Diciembre 1996.
Bajo los puentes
Se han secado los templos
Construyendo senderos de cal…
Se han levantado criptas a la noche
Cubriendo las sombras con mantos
O velos o sotanas grises
Tal vez grises tal vez negras…
En las noches de invierno
El cielo oculta la luna,
Creando el tiempo de las tinieblas
Donde silenciosos gimen
Los cauces secos del viento…
Son los templos de la noche
Aquellas piedras rugosas
Por donde corren estériles vírgenes
Y el olvido,
Aquellos viejos robles roídos
Atenazados por golpes blancos
Deshaciéndose en granos invisibles
En el perfil del horizonte…
Templos oscuros atenazados
Puentes sobre el olvido
Tierra ignota y seca
Arados, manos crispadas, gruesas,
Gruesos vientos y nada...
Nada...nada...
Un largo vacío en las naves del templo…
Ernesto Lobo en “Erosión acústica”. Diciembre 1996.
Juegos de campo...
Qué quieto aquel verdor a un palmo de mano
Fácil sumisa grama
Corres entre mis dedos
Corrigiendo sensaciones de siempre,
He tenido el húmedo blando de tus congojas cerca, tan cerca de mi rostro,
Que aún percibo ese aliento a hierbas salvajes
A cocimientos, en el timbre de tu voz,
Pero extiendo los brazos y palpo las uvas,
Siento el pelaje fino de las almendras maduras, de las brevas
Inmensos remansos de tierra en la que juntos
Apisonamos nuestros pasos,
Cae ahora la noche, sensual, bella,
Orlada de breves guirnaldas de plata,
Cae simplemente,
Cae recostándose entre el viento y la grama
Embriagada de frutas dulces y frescas y tiernas
Horas arrancadas en otoñales días,
Cae, y la veo inclinarse para dormir sobre su propia sombra,
Simplemente junto a los juegos del manantial...
Ernesto Lobo en “Historia a Tierra”. Mayo 2001.
Vientos...
Esta mañana se han marchitado los vientos
Sus pálidos pétalos llevados por los primeros
Deshielos cruzaron las altas laderas, los ajenos
Cerros inéditos,
Esta mañana el sauce dejó volar las golondrinas
Y esperó vanamente por el verano,
Aquellas luces fugaces cayendo del sur…
Te he esperado al extremo opuesto
De la vida creyendo en tus blancas manos
En el oscuro sabor de tus caricias...
Te esperé, también ayer sentado junto a mi nostalgia
Jugando con todas las dulces frases que alguna vez te dije...
Ahora pretendo esperar el fin de otra historia
Sin ningún recuerdo entrelazando mis dedos...
Quiero creer que este amanecer será blanco
Que al volver gris el día germinarán flores en la vereda contigua...
Quiero saber si las últimas voces del otoño
Se irán con mis canciones o con los ecos lejanos de alguna risa...
Pero esta impronta mañana
Al caer el viento
Dudé al escoger mis frases
Al buscarte entre la multitud y las calles...
Dudé sobre la tierra misma
Sobre el olor a grama fresca
Sentí todos los fríos cruzar
Rumbo al mar…
Esta mañana se marchitó el viento...
Ernesto Lobo en “Historia a Tierra”. Mayo 2001.