MIGUEL CASTRO
Consul - zona Sur de Costa Rica
Nace y, existe en Pérez Zeledón. Estudió Psicología y Derecho. Trabaja en Psicología Clínica para la Universidad Nacional. Ha trabajado en docencia universitaria desde el 2006. Ha publicado una novela psicoeducativa: “CREPÚSCULO DE UN SUEÑO”. Ensayo en la Revista Cubana de Pensamiento e Historia CALIBAN. Tiene tres poemarios publicados: “PSICOLOGÍAS INTENCIONALES, POEMAS DE MI NOCHE”, “POEMAS IMPOSIBLES” y esta vez, con BBB producciones, COLLAGE. Poema que gana una mención de honor en el Certamen Literario Brunca. Sus poemas, han sido incluidos en la Antología de Poesía Mundial: POETAS SIGLO XXI, de Fernando Sabido Sánchez. Y en la revista nacional CONJETURA. Su correo electrónico es miguecastropz@gmail.com
FRASES EN DES-BANDADA
Entrar de golpe
tropezar borracho
amordazar la luz
cargar el engaño
endosar la maldición
perpetuar la tumba
palpar el vientre
chuparlo
inundar los montes
penetrar la lluvia
el calvario;
eructar la deshonra
la defensa
y los bares
hasta el descalabro.
Mirarte,
patear los esquemas
los fantasmas
mantenerme en pie
enterrarme
en los labios
en la arena
bucear los pálidos muslos.
Enterrarme
hasta morir.
LECTURA POÉTICA SIN ATESTADOS
En el aire, The Doors: “Love me two times”. La música viaja en esporas de notas. Todos los colores arrebatan, y crean figuras que pronto se arrancarán la carne, figuras desmembradas, sin más sentencia que la de sus propios fondos. Esta madrugada no habrá ningún castigo. Una mujer llora. Le cuento el fin de todo. Su mar de culpa la arropa, mientras se arranca con violencia otra noche, fuera de los almanaques. Me agito después de la próxima madrugada. Sigo sin dormir, destilando las palabras que no te dije; avanzo hasta la puerta del próximo infierno, tropiezo con cuerpos, faldas, madonnas, medallas, labios carmín, desinfectantes, sodas, limones y sal. Hay un espíritu en la botella que se resiste a salir. Las salamandras no tardarán en encontrarlo. Descanso en un bar, luego en un escritorio. Una alfombra manchada de vino me recuerda su cuerpo. Siento el verano. El aire acondicionado, le eriza la piel. Dentro de ella suena “Love street”. Ella se infiltra. Trae monedas de oro en sus pupilas. Sabe la contraseña. Viene y se deja llevar. Bebe la sugestión, se arranca la falda, nos miramos, mordisquea mi lengua, le remuevo el sostén, la pellizco, la tomo en mis manos, persigo su ombligo, le como la espalda, la entrepierna y entro. Bebemos la tinta de las venas. Liamos un cigarrillo. Huimos del mundo. Apagamos la luz de los fantasmas. Intentamos un desayuno, pero es absurdo. La resaca es muy grande. Una copa de vino blanco. Otro cigarro despierta todos los escalofríos, se apropian del instante. Enciendo una candela azul o verde. Un incienso y un eructo me tranquilizan. Destapo una bebida, reduzco mi abstinencia. Rodeo el refrigerador, las compulsiones, el rito. Emerge del Hades la alegría de las latas muertas. Esta mañana no podré leer a Baudelaire, ni a Rimbaud, menos a Henry Miller. Tendré que hacer un poema con ella: tarde que llegas tarde/ tarde/ y sin ningún Cristo. Sí, un poema que suspire, ante la literatura emancipada de su ropa interior. Verter la noche en sus nalgas. Enterrar mi frente en su pubis y asfixiar mi jadeo en el sudor de los cuerpos. Volveré a sus pechos, al hueso tímido que sale de su cadera. Me dice al oído: muérdeme, si conoces el temor a Dios.
COLLAGE
…
nos reuníamos a beber
juntábamos cualquier dinero en comuna
las monedas y los billetes
a ninguno le importaba dar las gracias
apresurábamos la estampida
simulábamos ser mayores de edad
con tolerancia
con dependencia etílica
inventariábamos los agujeros negros
trazábamos el destello
que algún dios
constantemente nos arrebataba.
retorcimos hasta la última gota
fornicábamos las ausencias
paliábamos nuestras incertidumbres
para deshierbar los insomnios.
con un litro de cacique
una gaseosa
y un paquete de ticos
orgullo nacionalista
—o en su lugar
una cajetilla de marlboro rojo
para fumar como los hombres
y publicistas mandan.
la alegría brotaba
al escurrir cualquier malestar
quemar cualquier reproche
y cualquier autopsia del instante.
envolvíamos
incendiábamos/ las amarguras con papel
desvestíamos el umbral de las damas
y su estilo siniestro
bebíamos
fumábamos
alterábamos
los pechos
y los buenos modales.
invitábamos a las horas a beber
y las horas se sentaban con toda su paciencia
sin fin.
—el cassette de turno se había vuelto nuestra unidad de tiempo
para medir la existencia
lado a
lado b
y de nuevo
otra vez y otra vez.
escuché la canción cien veces
que había intentado no doler
irrumpimos su natural desenlace
por obsesión y compulsivamente
con ideales fijos
desestimaba cada una de nuestras fugas
escuchábamos demoliendo hoteles
una y mil veces
hasta que charly garcía nos prescribiera
otra medicina con dos hielos y agua.
la grabadora
era el mejor augurio
sincronizada con nuestro espíritu
estaba en una supra posición
en media cocina
encima de todos
gobernaba
embellecía
gritaba sus versos
anunciaba/ con canciones
nuestros inviernos
los medios veranos
los eclipses
mi abandono
el crazy train de ozzy
nuestras islas
—nuestros motivos
ponían cualquier teoría de maslow/ patas arriba—.
la grabadora era la primera necesidad
recordaba
y tallaba nuestros destinos
era la pitonisa
llenaría los pulmones
con historias salvajes/ que brotaban de las venas
y descamparían en el corazón
todos
alrededor de la diosa de dos caseteras
aportábamos el diezmo imposible
los mejores diezmos
los de 90 minutos