Orietta Domínguez González
Orietta Domínguez González (Puerto Padre, 1983). Periodista y escritora. Coordinadora de la Asociación Hermanos Saíz en el municipio de Puerto Padre. Ha obtenido premios en el certamen literario Cocuyo de Plata y en Festival de TV Caracol Santiago 2007. Actualmente es conductora de los programas televisivos Molinos y Cinemazul del telecentro comunitario Canal Azul. Fue antologada en el cuaderno El Cuerpo sin espíritu no vuela, SanLope, Las Tunas 2013, La Calle de Rimbaud: Nuevos poetas cubanos 2014.Vigía, Matanzas 2014 y Balseros. Haciendo Puentes Miami 2015.
Consejo para un poeta que quiere
enamorar a una muchacha moderna
Para Frank Castell, que me regaló
El principio de la Indiferencia-Irónico sostenido.
Escribe un poema cursi
siempre deja secuelas.
No digas
Ardo bajo la danza malévola de tus manos
quiebra este cuenco que se desborda.
las alas se cierran cuando
cae
tu voz
¿A quién le importaría un mustio poema?
Canta como un bardo
di cielo
sin adjetivos
nada de espectros, gemir o fobia a tu ausencia.
No utilices el verbo naufragar.
Calla sus dudas.
Pon los ojos en blanco
di que es bonita.
Abrúmala.
Y si tu vocabulario de simple mortal no bastara,
entonces utiliza
el último recurso:
dolerá el bolsillo
pero es infalible.
Chau Fin de semana
No quiero pensar en el lunes.
El lunes beberé café temprano
con la dosis de aburrimiento
que me señalo a diario.
Luego tomaré el bus, el metro, un automóvil,
un ciclo…
Voy sin nombre
no valen mis palabras
o los excesos del sábado.
El lunes
soy gris.
Un animal que camina, respira…
por inercia.
El lunes me sabe
a almendras amargas.
Carta nro. 4 del suicida
Blanco y negro
tiñen mi lente
mientras besa el torso de una mujer.
La mansión está vacía
las paredes se agrietan
Y ella iluminada por la blancura de su piel
está sola,
Sola
con la admiración de su cuerpo.
No le importa la perfección de su ombligo
ni el rostro que esconde.
Le basta su desnudez
de sombras y luces.
Su vida es como
un sedimento muy viejo
en una taza de café[1].
[1] Fragmentos de la carta de la fotógrafa estadounidense Francesca Woodman escrita para su amigo de la escuela Sloan Rankin, antes de suicidarse