Mario López Martínez
Curicó- Chile
60 años; Encargado de Biblioteca de una Institución de educación superior, contador, terapeuta en Biomagnetismo; principalmente poeta, cuentista, desde los 20 años, con participación de grupos literarios de la zona; con un libro inédito, ispiracional y motivacional para todas las personas que necesiten un halito de aire fresco en sus días más aciagos, está en maqueta aún no publicado, en espera del siempre esquivo financiamiento: “palabras para sanar el alma”, prologado por Erik Polhammer.
POESÍA
LA SEMILLA Y EL VIENTO: UN ANTIGUO PACTO
Mis hermanos delincuentes, no saben
que cuando la semilla fue fecundada,
la olvidó el viento y el agua;
la gran voz de los hombres
derrama sus múltiples quejas,
sus razones, sus verdades, sus leyes.
¿Que ingrediente fue olvidado?
¿Qué, de tanto que aprendemos y nada sirve?
¿Qué, de tanto vivir se nos va muriendo?
Revolquemos la harina y el agua
y encontremos la sal enterrada en el fuego;
la lágrima en el primer primate que sintió compasión,
la primera historia de amor sobre la tierra.
Es que nos hemos alejado tanto de la piedra y el agua
nos hemos internado tanto en el sueño.
Desandemos el camino y hablemos,
bajemos a la fuente primaria de todo
y hagamos un pacto;
Tu y yo nada sabemos
Tu y yo nos necesitamos desesperadamente;
es que necesitamos tanto sentir,
sentirnos vivos, sentirnos unos a otros y a los otros
sentirnos adentro, reunidos como la primera vez
que nos fue dada la vida:
Fresca, primaria, única y apreciada;
con esa admiración suprema ante el primer aliento
después del sueño eterno;
mis hermanos delincuentes no lo saben,
pero a ellos también les amamos;
y nunca debimos ocultarlo
M A L V A M A R I N A
(A la Hija de Pablo Neruda)
Ave transmigratoria que vuela de iceberg a trópico,
como un útero insondable,
Como un derecho adquirido
A fuerza de tocar tantas guitarras,
En nuestra inmensidad de torpes no oímos tu gemido,
nos encandilaba la luz.
Fuiste un bergantín insomne
Vendido a los traficantes malditos
Y no escuchamos tus gemidos,
Estábamos ebrios de tantas palabras
Y nos dormíamos en el edén solapadamente.
Hasta que enviaste tus emisarios a recoger caracolas
A las playas de Holanda,
Por ellos supimos que nada pedías,
Fuimos nosotros los que te pedimos oídos.
Arrastramos el cofre desvaído del perdón tardío,
Para besar la hosca desidia.
Deja Malva Marina que llegue un verso a buscarte,
Que cruce el océano,
y en delfines lánguidos de amor
cabalgue por los acantilados,
buscando tus ojos que nunca lloraron,
y tu pequeña mano que dibujó
las mañanas inertes de Madrid.
Nunca vinieron las caracolas a salvarte,
y los mascarones de proa dormían sus sueños de mares
Sin verte siquiera,
Como un ave menor, en el alto mástil
Saludando la noche,
Sin prisas, sin traumas.
ODA A LAS BACTERIAS DE TUS PESTAÑAS
Entre las
sinuosidades de tu cintura
Anda distraída la primavera.
Desde la languidez azul de tu cuello
Me descuelgo hasta tu minúscula cintura de bonsái.
¿Crees que la línea del horizonte nos separa o nos junta?
¿Sabes que la indiferencia se reencarna en amor
y las luciérnagas en estrellas?
Nada es casualidad, si me ignoras hoy,
un día me amarás,
y entonces,
entonces…
haré una fiesta en tu espalda de ave silvestre,
me reuniré con las ondinas de tu vientre y cantaremos
loas al viento que te despeina y te modela,
como el pan humeante del horno de mi pecho
que te acoge sin morbos y con inmensa humanidad.
Ah, no te
había dicho:
¡Amo hasta
las bacterias de tus pestañas!