Ana María Manzo Montecinos
Poetisa, narradora. Nació en Santiago de Chile en el año 1970. Ha vivido en Chile, Brasil, Paraguay y actualmente en La Habana, Cuba. Se inició en la escritura hace 10 años, narraciones, cuentos, poesías. Participó en varios concursos nacionales e internacionales:“Iquique en 100 palabras”-cuentos cortos- Chile 1998. “Cuentos para la FAO”-Chile2000. Talleres de poesía en la ciudad de Areguá, Paraguay. Concurso Julio Cortázar 2012 La Habana, Cuba. En la actualidad tiene en proceso edición de su primer libro de poesías. Sus vivencias en diferentes países la ha enriquecido a través de participar en interesantes talleres, motivándola a escribir y a crear diferentes personajes exiliados eternamente. De los Andes (seudónimo)
Pordiosero de misivas
La realidad,
una bofetada
en aquel letargo cotidiano,
expiran los espasmos
hasta dejarlo crucificado,
solo era piel y poros.
Dejó de respirar,
en silencio
se fue sin más
una sombra lúgubre
de tantos tintes al trasluz,
una pluma desgastada,
dudas.
Él y su armario
fueron testigos del final.
Sombras funestas.
El silencio del grito
Quisiera ser polvillo
que resbala por las paredes
para sorber la historia atrapada desde siglos.
Cuánto tenemos en común.
Sin salida
Heme aquí, un viejo aniquilado por los años
que no invité a mi comparsa.
Extraño dentro de esta piel ajada
sin sentidos.
Los acordes de la vida errados
no tengo dónde asirme.
El verdor del jardín me despierta.
Sensaciones extrañas
¿Vida?
¿Muerte?
Cotidiano
La tela de araña
parecía una corona brillante
de azahares.
Al trasluz del portal,
la gata negra.
Olisqueo sin interés
aquel espectáculo.
Parecía que el cielo se iba a caer,
sólo pendía de un hilo.
Batallas internas
Retornas en son de paz,
lo sé por tu mirada.
La batalla fue terrible,
¡tantas palabras brotaron!
atoradas desde siglos.
Soy otro,
todo está alterado,
son sólo destellos de piel,
no te vislumbro,
te preciso,
regresa.
Extraño tus ecos.
Intento caminar entre sombras,
no lo consigo.
Camposanto
Convivo con la muerte
día a día,
sabia empedernida
cubierta de vida
abriendo los brazos
a séquitos de ilusos.
Habituado
al espectáculo
me defiendo al filo,
cuento
con una pala corroída
y un puñado de tierra.
Carcelero de cementerios
desde siglos
insepultos.
Pase, sea bienvenido
Atando instantáneas
Escucha ecos
de la voz,
caen como diamantes en tu garganta
esperando descifrar verdades errantes,
torbellino de ideas,
salid a flote.
Estoy absorto abrazado a la madrugada,
tanteando siguiente paso.
Alianza imaginada
Vislumbro el soplo,
cruel rompimiento del pacto,
la vida me despojó de espaldas.
Ya no me adornas con tiaras a media noche,
las mariposas se esfumaron,
los jardines no irradian belleza en la aurora.
Dejaste el corazón al filo de la agonía,
amanecer en un encierro,
después de haber vivido en el Olimpo,
brutal es la existencia.
Tu río ya no desemboca en mi mar,
la luna no se acurruca en nuestro lecho.
Quedamos como pedruscos
yacientes en la orilla.
Así nuestras almas
trocadas, dispersas.
El universo sigue su curso
tú sin saberlo
has quebrantado el pacto
Paseo nocturno
El sol aun no despierta
camino entre huérfanas calles
húmedas por la fina lluvia de septiembre.
Las hojas amontonadas a su suerte
marcan mi senda.
Llego sin darme cuenta al parque central
soberbio como nunca.
Me pierdo en él
una sombras más
y te imagino sentada en aquel viejo banco:
pulcra, hermosa, única;
cabellera de largos bucles
jugueteando al viento.
Tus ojos brillan
bajo la tímida luna.
La llovizna me saca de esta letanía
palpo el amargo sabor
un dolor que nace en el centro de todo.
No sé el tiempo trascurrido
ha dejado de llover,
el sol resolvió no asomarse.
Aún sigo en el parque esperando por ti
Mis muertos
Se deleitan los sentidos
cuando arribas a la memoria
inundando todo de ribetes divinos
supremos, benditos.
Repican sus campanas las iglesias,
miles de pasos
van profesando credos,
concibiendo que ahí están ellos
entre paredes que palpan y besas
hasta sentir sus manos rotas
y rezan al cielo agradeciendo el milagro.
Te vislumbro entre los devotos,
acechándome.
Estoy feliz, nos hallamos
junto las manos en señal de cruz.
Te llevaré a casa
mi templo.