Aitana Alberti
Aitana Alberti. Poeta, investigadora, editora y promotora cultural. Realizó estudios de Ciencias Antropológicas. Hija del gran poeta español Rafael Alberti y la escritora María Teresa León. Ha sido una infatigable editora y estudiosa de la obra de los poetas de la generación española del 27. Preside en Cuba el Proyecto Cultural Sur. Poemas suyos han sido traducidos al alemán, polaco, ruso, rumano e italiano. Forma parte de la presidencia del Festival internacional de Poesía de La Habana. Entre otros libros publicados se encuentran: Poemas, Y de nuevo nacer y Pupila al viento.
MEDITACIONES EN LA HABANA
Tú te impones a mi canto
Busco en la leve noche
intimar con la cintura del puerto
Un paradero tropical
-la farola marca la síncopa-
Manos que van del apagado galaico
al profundo nigeriano
aprietan la curva del Malecón
beben sus jugos
Aprietan el pezón del capitolio
Llueve una leche dulcísima
con sabor a infante recién dormido
Aprietan la torre más robusta de la Catedral
Allá va el globo santo por los aires
con sus mármoles desplegados
hacia la Virgen de Regla Oh… Yemayá!
PRIMERA FUNDACIÓN DE BUENOS AIRES
¿Y fue por este río de sueñera y de barro
que vinieron las proas a fundarme la patria?
Jorge Luis Borges
Mi barrio dormitaba cerca del viejo río
que no acertaba nunca a agitar su corriente
Por las noches el agua me mojaba los sueños
y la cama salía dando tumbos bogando
Yo no sabía bien quién remaba sin tregua
ni veía las proas hendiendo lo insondable
La costa era un enigma de blandos matorrales
algún relincho iba marcándome las horas
Llegábamos a veces bajo la luna llena
afiebrados fantasmas de pequeño abolengo
La espada no tenía relumbrones de plata
en legajos mohosos escribimos la historia
A veces el Pampero ahogaba el horizonte
—nadie le había puesto su nombre todavía—
un turbión nos lanzaba hacia calles futuras
hincados en la tierra como ciegos buscábamos
Aquí marqué con sangre la raya de mi puerta
Aquí clavó la cruz el pecador barbado
Aquí se alzó un clamor de agónico silencio
Aquí morimos todos sin salvarse ninguno
Los caballos huían hacia los altos pastos
A veces me trepaba en los lomos humeantes
doblegué su estupor con mi talón desnudo
Hubo flechas ardiendo y lanzas en mi mano
A negra soledad olían nuestros cuerpos
Sobre las raudas torres éramos inmortales
LA RONDA DEL PADRE
Yo nací junto a un río
no parecían hijas de Heráclito sus aguas
tan idénticas siempre a los retratos viejos
tan con los mismos ocres
y una bruma de sueños
Papá en las madrugadas convocaba a sus muertos
Entraban silenciosos
los capotes colgantes de los huesos vacíos
Desde mi cuarto oía las voces apagadas
Qué querrían sus muertos?
Qué dolores narraban a la orilla del río?
A mi casa de niña
le cortaron las alas
la abrieron en canal
exhibieron sus vísceras
sobre un mantel en el mercado
Era una casa antigua
sencilla e inocente dentro de lo que cabe
Disimularon el frágil aplomo de sus muros
echaron al olvido las canciones
y mi pie ligerísimo abandonó
el secreto calor de las baldosas
saliéndose del cuadro poco a poco
Papá desde el umbral
de un espacio sin puerta nos decía
marchemos
sólo el camino es nuestro
Así fue amigos míos
el de cursar de todo
Una patria llorada
Una casa perdida
Un eco de palabras
Los muertos
tantos muertos
y en el camino solo
a veces la alegría