Luis Ignacio Cárdenas (Rubio – Táchira)
Diseñador Gráfico, estudiante de educación: mención Lengua y Literatura, poeta, editor y pintor. En la actualidad forma parte del Colectivo Literario Nuestro Sur del cual es uno de los fundadores. Dicta talleres de lectura y escritura en las comunidades con la Misión Cultura. Intenso promotor de la cultura y la literatura, participando y organizando en recitales de poesía en San Francisco y Maracaibo. Publica su primer poemario Noche de rutina (2012) Varios arrebatos y un grito existencial (2012) con la fundación El Perro y la Rana y Un amor de color galaxia debajo de un amanecer agridulce (2014) otros de sus poemas han sido publicados en revistas literarias dentro y fuera del país. En estos momentos cuenta con más poemas de amor escritos que zapatos nuevos.
Epifanía V
Despierto como chispas de nieve
Las balas vienen a tocarme la puerta
Y la risa perpetúa
Va corriendo haciendo ruido como caravana de Andrómeda
Y yo aquí
Espero la poemática
Para tan solo besar el recorrido de tu mirada en mis poemas
Y a ti Minerva
Te llevan con los ojos vendados al cementerio
Para reinventar la teoría de los fatigados
Y yo abro las ventanas
Para escribir viendo la lluvia caer como milagro puntual
Pido que la vida nos siembre juntos al mismo tiempo
En las copas de los arboles
En donde las auroras nos convierta en vértice de olas, que no detengan su flujo
Ay Minerva
A ti te degollaron las paredes que explotaron de tanto ruido
Y yo sigo viendo como me llega la muerte
Para despegar como invierno trigonométrico
Para descender a tu embocadura
Para arroparme con los segundos
Para no verte en tu nombre
Y tu Minerva
Hecha formulas
Tu hecha turbante de aves que te gritan en la pata de las oreja
Mientras recorres el infinito
Y mí que me borre la historia
Lleno de fabricas en el estomago
A mí que me arrastre todas las huelgas a los sumideros de los hogares sin techo
Ay Minerva
Diosa apabullada de los coliseos que dicen abierto
Ya solo conservas difuntos y coronas
Y yo sigo en la ventana
Oliendo el aguacero dorado
Con el último suspiro de mirada
Que guarde para este momento
Y salir detrás de la lluvia con colores de cotorra
E ir silbando agua
Tu Minerva ya otras veces me has visto morir
Y te has quedado con los brazos cruzados
Como diosas que llena las ambiciones de polvo
Y yo en la ventana
Con la mirada que no ve ni de cerca
Ya la luz de aguacero me alcanzado
Me agrietado la lengua
Ya no pertenezco a esta especie
Soy silbo de cantera que va cantando con vida
Siglos y siglos que ruedan por medio de las venas
Y mi canto de voz con tu nombre
Porque tu nombre es canto que solo puede salir rebotando en himnos
Y llevo el primer ritmo de la creación debajo de la lengua
Como la cuna que enamora a las bestias
Como amasijo de puños que me sostiene
Y quizás mi ojo, es lo torneado del planeta
Redonda ráfaga de pensamientos que viene del caos
Yo animal metafísico que besa hasta la garganta
Hasta la garganta de la médula
Y subir por el túnel hasta asomarnos con la voz quebrada
Y ver como todo es líquido
Todo es vejez
Todo es hoguera debajo de nuestras huellas
Y bailamos como brujos vestidos de pulcritud
Como recién nacidos con los pecados hechos tabla periódica
Como espectadores de sueños avísameles de silencio
Nada interesa una mañana perdurable
Con manos y pies rodando libremente por las habitaciones de las ciudades sin sol
Armadores de caminos de olores ancestrales
Yo lagartija con rostro de hombre
Con un solo pecho cuarteado y corazón que se desangra a la velocidad de las locomotoras
Pasajeros de otras estaciones
Que viven aquí con la ropa prestada
Y tú azul materia de coltan que deja tu saliva cuando gateas por las patas de la cama
Con la infinidad en mis días
Me encuentro la verticalidad de tus pasos
Para llegar de primero al homenaje de tu mirada
Soy el que abre las jaulas del destino
Para que la lluvia del aguacero riegue tu jardín
Las madrugadas de horas cortas
Tienen tu apellido para engavetar las respuestas
Y yo espantapájaro de ciudad
Aparezco en todos los medio hablando con en lenguaje en reversa
Como perdedor me aferro a los signos de las manos
Y que mala costumbre de esperar que las retinas me digan con luces de véngala hacia donde remar
Que un ejército de luz llegue los domingos por la mañana a la ventana y canten como gallos atolondrados
Para recoger toda la magia y sembrar una mata de mango en tu espalda
Abrí los ojos en el siglo pasado
Y desde entonces solo guardo puras derrotas en el paladar
Y he empezado a creer
Como quien cree delante del cielo despejado sin brisa
Y he naufragado lugares de zona roja
Donde las emboscadas son servidas en bandejas de argón
Y prendo las velas y les pido a todos mis santos
Que me lleven al vientre de tu suavidad
Y rechino mis dientes mientras te desnudas
Te desnudas como sabana que se tambalea y se agita sola
Como publicidad chismosa lanzo mis declaraciones de muerte
Abro los brazos y sacudo mi lenguaje con los ojos vendados
Y tu lengua que aprieta el gatillo como cazadora furtiva
Arroja dardos de tinta de color ramas
Y colocados como piezas de rompecabezas
La lejanía juega con nosotros sin poder pedir un tiempo fuera
Antes de dejar escapara el último susto
Me lavo la cara para esperar el nuevo siglo e izar los poemas
Para que se sacudan como banderas
Y me arroje al fondo del río
Allí habite
Del otro lado de la mañana
Organizando las piedras
Logrando que silbaran
Y te invocaran
Para llegaras con todo tu caudal
Haciendo señal de humo con los peces
Haciendo que el agua cantará
Obligándola a recitar himnos exotéricos gloriosos
Dejando salir el alma
Para lavarla a mano en la orilla
Para purificarla de tanta lluvia de guillotinas
Mientras el sol exaltaba mi mirada en tu espera