Jorge Humberto Serna Páez
Oriundo de Ocaña, N. de S. Licenciado en Supervisión Educativa, Especialista en Gestión Educativa. Miembro de la Asociación de Escritores de Norte de Santander, Miembro Correspondiente del Centro de Historia de Chinácota.
Su esposa, licenciada Carmenza, es profesora del Colegio Fray José María Arévalo. Residen en Ocaña, pero tienen casa de descanso en La Playa de Belén.
VIDEO
DAME UN TRAGUITO DE ÑEQUE
Voy a tomarme mi ñeque
pa salir a enamorá
a la negra sandunguera
e la pollera colorá
Ya ella me rió y me miró
camina como bailándome
como diciéndole a este negrito
vení que estoy esperándote
Dame un traguito de ñeque
mejor dame dos o tré
pa irme bien templao
a enamorá a esa mujé
Dame un traguito de ñeque
mejor dame dos o tré
porque este negro enamorao
hoy va es a bebé a bebé
Jorge Humberto Serna Páez 7 de Nov 2013
ASOESCRITORES.
MEA CIDADE
Ayer
mi ciudad
estaba amurallada
de arboledas
y el agua
lavaba su rostro
Hoy
perpleja
contempla
las cenizas
que cubren
sus heridas
y el mal
aliento
que vaga
por los mutilados
pensamientos
de sus hijos
la persigue
AMIGOS
A veces lo hacen sentir a uno
como a un tamborilero
tocando su tambor
sin cueros.
Gira con las estaciones
conoce su alegría y las sorpresas
que en ellas habitan
las voces de sus colores
la furia contenida de sus lamentos
Deja que tu amor se vuelva visible
como lo hace la noche
cuando entra por los árboles
Sólo el amor quita la hiel de los senos
porque unos senos sin amor
no son más que vertideros de ira,
punzones
Rompe el celofán que cubre
a tus miembros florecidos
para que las nieves del otoño
no marchiten el polen
de tu primavera
Ya es hora de permitir
que el sol entre
a tu cuerpo vibrante
para que tus ondulaciones flameen
como mangos encendidos
en el árbol de la vida
porque ya es hora.
Río
Vos que eras
sos ahora
el estupor
y la escoria
de tus hijos.
La transparencia
ultrajada
por la estrechez
ya no es tersa
Por un arcoiris difuso
se elevan los lamentos
que emanan de tu entraña
como lluvia ácida
¿Dónde la lamprea
el aguagato y el corroncho...?
Desapareció la cristalina
y en tus redes
mancho mis pies
La indolencia camina a tu alrededor
y disimuladamente sonríe
a los príncipes de tu mansión
los chulos.
Canción
Te acordás
como pasada de calidad
la luna llena se posó
sobre el tejado argentino
de tu borrachera
y ebrios de sábado
nos asaltó el sol
con sus trinos y fulgores
y vos... toda llena de rubor.
Hoy que marcho a lo gitano
tengo esa fecha caminando
por la carretera
yo con mi vestido a lo loco
y vos con tu traje de seda
ibas a mí pegadita
y al otro lado mis penas.
Era sábado día de vírgenes
y al amanecer
mirá que nos miraban
uno éramos los dos
que el domingo llevaba
de la mano paseándonos
por la pasarela del amor.
Ya es hora
Ya es hora de encender
las luces de tu casa
de abrir las rejas de tu patio
y que las ventanas pierdan sus temores
Ya es hora arrumar
las cosas que te alejan de ti
y soltarle las riendas
a la libertad
Ya es hora consultar
a otros oráculos
y de detenerte meditabunda
ante el oráculo de tu conciencia
Tómate un boleto de ida
y de regreso (...¿de regreso?...)
para que viajes por los caminos
te tus sueños
pues los sueños son realidad
"La nieve es nieve pero quema"
No permitas que el frío de tus días
queme la ardentez de tus noches
o que el brío de tus noches queme
la ardentez de tus días
Soy mi ciudad
Para Guido Pérez Arévalo
Soy la prolongación de mi ciudad
las calles, los callejones y las casas
"son el humo de mi memoria".
Soy la ventana aferrada a sus goznes,
la puerta que chirría, la gotera del tejado.
Allá voy yo; pedazo de periódico
llevado por la brisa,
un libro sin terminar,
un problema.
Soy una maleta al vaivén del caudal
del río de gente que la habita.
Soy el anónimo que canta
a las ventanas, a la noche silenciosa
a la nada. El que llora.
Soy como las aves que se estremecen
cuando ven la sombra del Black Hawk
extranjero con su boca de fuego.
Soy un zapato viejo.
La ciudad habita en mí,
el permanente quejido de los exostos
inunda mis pulmones de dióxido de carbono:
Soy el alquitrán y la nicotina
de la colilla de cigarrillo que se extingue
entre los laberintos del viento.
Yo vivo en la red del corazón lastimero
del mendrugo de pan
y en la mano temblorosa del mendigo.
¿Quién no es una iglesia,
parte de un monumento
o el polvo suspendido en un hilo
de luz que penetra por el hueco de un salón?
A veces creo que voy pero en verdad me llevan.
Ese soy yo,
la prolongación de mi ciudad.