Tornasolado cisne divino
Cual poeta artificioso hilvano
Con tinta de aguja y amor sobrado.
Cual aedo de cítara en mano
Canto como por musa inspirado
Los versos escritos por el Hado.
Busca bajo los campos de azur
Los fúlgidos astros, soñador,
Anda las sendas celestes de Hur
Níveas, lúcidas, ¡caras del Creador!
Cúbrete con su onírico esplendor;
Alción ebúrneo multiforme,
Tornasolado cisne divino,
Emblema ecuménico de Dorme,
Azucarado hálito, tu trino,
Mítica Gea cubierta en lino.
Aguas arreboles cimentadas;
Rada zarca sobre pie moreno,
Edénico piélago donde hadas:
Saltan y bailan sin desenfreno
Imagen nueva del Ponto heleno,
Efímero en la vida es el mundo
Magín sibilino del que será
Presea imperenne al otro mundo,
Responso azul que un día vendrá.
Eterno amor el nuestro, todo lo vencerá.
Dos plenilunios a mitad del huerto
Cielos cerrados, a mí, siempre abiertos.
Soles luminosos de vida eternos.
Estrellas polares con fuego interno.
Dos plenilunios a mitad del huerto.
Los miro y contemplan mi pecho yerto.
Los miro y digo en mí no hay nada tierno.
Los miro y lloran y mueven un perno.
Los miro y beso tus ojos abiertos.
Movido por tu hechizo el trébol late,
Camino a la vida que tú ofreciste
Sin dar espacio a cuanto me abate.
Junto a mí siento tu alma que me asiste
Siempre y en todo momento por delante
Pues tú por amor a la mía la asiste.
Invierno
La tierra yerta encuéntrase,
Dura y con las entrañas congeladas,
No late en ella ya su sangre
Que es germen y simiente de la vida.
Azul…
Azul, de nuevo y una vez más.
Aún no sea así, así lo miro,
Estrepitoso e indomable, pero solo.
La hoja de jade, ha sido.
La rama ebúrnea es.
El tronco cenizoso, muerto.
Y la raíz enterrada desde viva, fue.
Augurio de vida,
Seguridad de extinción.
Certeza de muerte,
Promesa de resurrección.
Cae lenta y fría la gota del deshielo.
Cae sencilla y sublime.
Cae reviviendo la esperanza.
Cae dando vida pero muriendo.
A quién responden los cambios
Sino a ti, naciente primavera,
Que llegas hoy para quedarte
Y crear conmigo la tierra nueva.