Aguas mansas, aguas fieras
Desde el principio
buscaron apagar
conciencias despiertas.
Vinos, hierbas, humaredas
de paz y de letargo.
Con el cansancio de los dioses,
los hombres por su cuenta
controlaron la percepción...
crearon paz, crearon guerra,
llevaron a los confines
confusión duradera,
cazaron palomas con piedras,
maldijeron a las mujeres con rocío
de aguas fieras.
Conocieron a fondo el intestino
los humanos que perdieron
los cuentos místicos del sino.
Así entre unos y otros
catapultaron a la sepultura
la magia blanca del “nosotros”
Esquivando alabardas
los vivos malogrados
permitieron la ciencia
y aun que hacen la guerra y la paz,
hoy ya no controlan
las conciencias,
ni desdicen evidencias
sean mansas, sean fieras.
AsuaH
Botero
Botero no era un artista
figurativo de la opulencia
ni deshonesta gordura.
Era brigadista enfermero
de benemérito corazón.
Con rabia arrancó
de las manos de la muerte
a un comunista que las teorías
de un tal Marx,
al famoso Escobar atribuyó.
En el frondoso bosque
tropical, en que a palos,
los kilates al guambiano
desorientado arrabataron,
ahí, ahí fue acribillado,
por los agradecidos hermanos
de aquel comunista hospitalizado.
Corre febrero, con aire funerario
hacia un abril florido
de orquídeas y corazones perforados.
AsuaH
Ahí vienen los irraciones
Ahí vienen los irracionales,
estallan de gula y avaricia,
vienen encadenados a la injusticia.
Ahí vienen los irracionales
mecanizando el planeta.
Anhelan ponerle alas
y fuselaje bimotor
para pasear su triunfo
por el universo ¡Vienen los irracionales!
Con una torre llegarán hasta la luna,
será construida con metales del fondo
de la tierra, donde ya no hay roca.
Vienen los irracionales vendiendo
ya viviendas espaciales.
Ahí vienen los irracionales, muertos de usura,
con un machete para picar tomates
y una gran pala de hierro para aliñarlos
con oro, vinagre y luminosos diamantes.
¡Ahí vienen los irracionales!
Yo me quedo en esta fonda,
hasta que me sirvan chicha
de la tierra de los matorrales.
Ahí vienen los irracionales con miedo
porque no hay felicidad en los cofres,
ni en los suculentos bonos estatales.
Yo los veo. Pasan disfrazados,
tienen la misma horrenda ansia
que los monarcas absolutos del pasado.
Pero están tristes, quieren tocar
el agua alegre de la fuente.
¡ Dios no les dejes, por dementes ¡
En lo alto de los rectos rascacielos,
angustiasen, temerosos los irracionales,
preguntándose con sigilo por lo mismo,
como los obedientes y los rebeldes.
Ahí se van los irracionales,
apartándose del mundo
y con el chirrido del níquel
hacen música sus monedas
de diez otros mil metales.
AsuaH
Alex S-Hurtado: Santiago de Cali, Colombia. 1979.