Autonomía del pene.
El pene como ningún otro
tiene la capacidad de dictarse sus propias normas,
sus propios gustos,
sus propios disgustos,
tiene digamos,
el derecho privado,
la necesidad
de establecer y ejercer relaciones
(incluyendo erecciones)
acorde a su libre voluntad.
Es él mismo y no otro
quien se dicta sus propias reglas
para regular su vida privada.
De to ...
Autonomía del pene.
El pene como ningún otro
tiene la capacidad de dictarse sus propias normas,
sus propios gustos,
sus propios disgustos,
tiene digamos,
el derecho privado,
la necesidad
de establecer y ejercer relaciones
(incluyendo erecciones)
acorde a su libre voluntad.
Es él mismo y no otro
quien se dicta sus propias reglas
para regular su vida privada.
De todos es sabido
que de él se desprende parte de la vida,
sin su actuar no se puede realizar ni soñar
todo aquello que se encuentra prohibido
o que atente contra el orden establecido.
En ese sentido,
es el fundamento de la pasión de la vida,
el encargado de establecer los limites
que la ley no alcanzaría.
Se dice, equivocadamente,
que el Estado es quien debe regular las formas de comportamiento,
sin embargo,
pensándolo bien,
más importante es la autonomía del pene
en el derecho de los hombres,
viva la concupiscencia del pene.
Destrabar la historia.
Destrabar la historia,
morbosos pasajes de memoria
entre ironía y descuido
barridos por el tiempo,
espacios baldíos
rescatados para morir a gotas,
poco a poco,
sin prisas,
sin espasmos,
con el amor manoseado,
buscando que un árbol sea sólo eso,
un árbol,
que el silencio haga hogar en mí mente.
Vialidades.
Aceptable circulación por tu paso a desnivel,
dulce piel deseada
hace caos la circulación al cerrarse,
muslos que hacen las veces de bufanda sobre mi cuello
cuando por fin decides abrir la circulación a mis sueños rotos
y a mis deseos andantes,
piernas que al cruzarse se vuelven dos calzadas nuevas
que aceleran mí respiración
aumentando mí velocidad
al abrirse y darme el siga…