Maximiliano Costa Martínez nació en Ensenada, ciudad industrial de origen portuario, el 20/12/1978. Creció en City Bell, donde mantuvo en secreto su pasión hacia la escritura por casi dos décadas. En el invierno de 2010 se radicó en Mar Del Plata, apodada “La Feliz”, el principal centro turístico de Argentina.
Publicó en la revi ...
Maximiliano Costa Martínez nació en Ensenada, ciudad industrial de origen portuario, el 20/12/1978. Creció en City Bell, donde mantuvo en secreto su pasión hacia la escritura por casi dos décadas. En el invierno de 2010 se radicó en Mar Del Plata, apodada “La Feliz”, el principal centro turístico de Argentina.
Publicó en la revista literaria “La Avispa” del grupo DELAPALABRA, “El Libro De Los Talleres” de editorial Dunken y en la antología Mar Del Plata En Boca De Todos” de editorial Martin.
Trabaja en su primer poemario.
Además de poeta muchos dicen que es fotografo.
NOCHES CORTADAS
A la mujer intocable
Las flores para vos
se contraen
retrasan cada pétalo, sostienen tus espejos de rocío.
Todos los días se guardan, ruegan que dobles su esquina,
esperan la oportunidad a que tu mirar complete su belleza.
Te quiero un poco más de lo necesario…
Ni bien me ves mando a levantar glaciares.
¿Pero qué función cumplen ante vos, diabla
con pecho de incendio?
Al oírte con atención supe de donde venía tu primor
tu brillo no se conforma con adentros
brota por tus labios, tus ojos o…
¡Sí, tus ojos!
Que me asolean en esta luz de chocolate.
Mi ombligo sobre tu espalda patina sudor y algo sacude,
tu risa se expande en mis dientes
que muerden tu alma
entre llamas…
Me despierto madrugada ya que galopás mi corazón,
nunca fue insomnio, sino el exceso de aquel sueño.
LA TRAMPA
I
Balbuceo inconsciente
en mi cuerpo
entre sabanas tiesas
insisto en bajarme
de los sueños y caigo
casi en la verdad.
Me despabila el murmullo
en lo oscuro
¿conspiran contra los ángeles?
corro y levanto cortinados y pértigos.
Quedo pegado a una ventana
que me imprime su realidad fría
veo y me encuentro
rodeado de esqueletos grises
susurrando golpes de estado.
Seres diminutos los forran de carne
en bloques rosáceos,
burlan el gobierno de mi naturaleza,
la invierten.
Brotan hasta el cielo.
Edifican barrotes a esos ángeles ciegos
que lloran lenguajes perdidos
y en vez de guardarnos sus vistas,
perpetúan nuestros años.
En estos barrios del sur
el mar nos trae sus plumas perdidas
a las costas frívolas
donde reímos con sus cuentos
hasta llorar rocío para las calas
del féretro en vida.
II
Salgo sin apuro
en Mar Del Plata lluviosa,
pero no elijo lo obvio.
Camino la calle empapada,
la gente se resguarda
hacia dentro,
confusa
esquiva el néctar que les da el vivir.
Almas vaciándose,
acurrucadas,
fetales
buscan recuperar amor negado,
suspiran en bolsas;
veo esas risas tristes
y la empatía
me ahoga,
ya pasó el tiempo de luchar
esa pelea.
Si no puedo cambiar lo viejo,
debo dejarlo morir.
Hacerme cargo
es tomar herramientas
de esta vida que elijo
o cortar correas
para truncar la máquina
que consume el deseo,
y tapa ese anhelo
que atrae nuestra felicidad.
III
La ciudad es una trampa:
quiere matar,
en cada esquina corres peligro
inhumano
se cierra sobre tus ojos,
te venda su falsedad
hasta dejarte las ganas pesadas
como cristos.
Me escurro entre sirenas
y propaganda berreta,
busco las estrellas de la noche
tras las perlas de mercurio.
Camino despacio,
dejo atrás avenidas,
trapitos y fuentes.
Encuentro en otras voces
lo terminal de esta enfermedad muda
que quise ver alejada
de mi barrio.
Ya no vivo el pasado
hoy lo acepto para sentir
y no padecer entre muecas
implantadas
esclavistas,
ser ayer es oxidar bisagras
como lamentar cumpleaños.
No acepto repetir la culpa,
que mi libertad consuma el rencor
para andar sin su carga
y dejar mis muletas de calas.
ÉL “BICICLETA PROTETICA”
“…Yo
- éste ángel mutilado, erróneo -
que arrastra su ala rota en los pantanos,
que camina lentamente
sobre brasas encendidas, sin notarlo
expiando
quién sabe qué pecado…”
Marisa Wagner
Él
-que es un hombre inconcluso-
que siempre lo veo notando valores
en la calle.
Es quien se echa a andar
con su bicicleta protética,
esa que nunca pidió, la que media
el contacto con su verdad
y es ella la que se hunde en los baches mientras rueda marginal
y es con ella que atraviesa
de barriales a los mismos asfaltados.
Él
-que es un hombre rompecabezas-
que revuelve los contenedores separando
la basura de sus partes
que no nacieron con él
pero que las busca
desde que se entendió
incompleto.
¿Podría seguir sin completar
sus engranajes
temiendo el día que vuelvan
a funcionar como granadas?
Y esas cadenas que antes lo impulsaron y ahora lo impiden
cada vez que recurre a sus eslabones faltantes…
Solo puede buscar hasta completarse
o morir siendo la muerte
creerse completo.
Él
-¿Será visto por otros espectadores
como yo en su vagar?-
Tal vez los ángulos rectos de la ciudad los vea en falsa escuadra
por su naturaleza librepensadora
o simplemente en su vocación de mantener un equilibrio
sopesa todo lo que le venden envuelto en adornos.
Tal vez no sepa que afanes lo mueven
o que sendas recorre
siendo su porfiada opción ser mensajero de su vehemencia.
Lo vi adorar El Sol
–quizá sus rayos sostengan la motilidad
de esas ruedas cristalinas que penden frente a sus ojos
o los pedales que no cesan de engrasar su entrecejo
se nutran en fotosíntesis, no sé-.
Lo conocí la vez que seguí unas huellas zigzagueantes mientras revisaba
mi comportamiento.
OASIS
A Mailen
En el horizonte de la ruta
los arboles saludan al viento,
me peina su invisible mano,
un oasis se evapora frente a mi
una y otra y otra y otra vez.
Las horas se espantan
por los ents en estampida
mis parpados pesan,
te veo.
Sol se va a su guarida.
Los espejismos son muchos
el agua, vos, pero no tu amor.
VIOLEN A LA NORMA
A mi amigo Tino
Agradezco a los exagerados
quienes están más allá de los límites
y matan al patrón.
Su vistazo cae tras la frontera de los desmoldados
por esa realidad que confina.
Perseguidos y chivados de bizarros o de locos,
protestan fuera de chalecos convenientes.
A ellos aplaudo.
Mentiras de mierda empujadas por corbatas y ratis
(para ahogar de miedo a lo otro, lo prohibido)
son enterradas como balas en mil sienes.
La revolución de los sujetados cuestiona:
¿Que hay de innegable en esta ciudad enferma?
Son miradas frecuentes, echadas en las esquinas
chicas-trans y borrachos
que a nivel o desde el suelo
piden permiso para ser,
pero el vientre amputado vomita su rostro
asqueado de tanto veneno.
Su lucha remendará la justicia
hasta que este mundo deje de ser.
Que sus espinas corten alambre
y anden donde quiera su estilo
sin que sus púas se paren por nada.
Locos sin cobardías. A su éxito sumo mis pliegos