A puerta cerradaa José Carlos Becerra1Te hablaré del bosque que viene a sentarse tristementea ala orilla del pueblo a contemplar tu muertede la ciudad y de tu afición juguetona por los torosde ese río de pájaros agolpándose para que puedasmorder el infinitode la serpiente que deseaba espera el nacimientode la hierbaEntre los senos de una doncella adolescen ...
A puerta cerrada a José Carlos Becerra
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Te hablaré del bosque que viene a sentarse tristemente a ala orilla del pueblo a contemplar tu muerte de la ciudad y de tu afición juguetona por los toros de ese río de pájaros agolpándose para que puedas morder el infinito de la serpiente que deseaba espera el nacimiento de la hierba Entre los senos de una doncella adolescente de la barba que le ha crecido a la tarde cubriendo todos los tejados y que nos impide mirar por la ventana
También si lo prefieres hablaré un poco -sólo un poco para no entristecerme- de la mañana en que sentí lástima por el destino de los peces cuando leí en el diario la noticia de tu pacto irrevocable con el viento de tu reciente capacidad de recorrer habitaciones a puerta cerrada y de substraerte al paisaje que sin embargo aún te compromete
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¿Dónde están aquellos que condujeron la palabra y fueron llevados por ella al sitio de la oración y a la materia del silencio? J.C. Becerra Hay que saber mirarte prendido por el pico de un pájaro entre la realidad y el mundo saber que tu voz es el aire que sostiene las habitaciones dispuestas al amor después de la catástrofe y que esta ciudad que tú inventaste te condena a ser frase en los laberintos en la incomprensión y el tedio y a esta hora en que el sol parte con los barcos que regresan hay una muchacha que asegura haberte visto al pie del almendro en brazos de tu retrato o caminado por las cornisas distraídamente cuando la ciudad entera expía sus culpas y en las alacenas duerme el hombre Y ahora sé todas estas calles estos pasadizos secretos antes de que bebieran en tu mano ya estaban destinados al desierto
Y las cabezas negras que de tan antiguas han aprendido a ocultar el tiempo ungen tu calavera como a un padre muerto de quien han sido rescatados los sueños entre las hendiduras de tu cráneo cuando el día se alza en el poniente y un pájaro se hunde en las arenas movedizas de los alerces el mar no arranca a los atardeceres su viejo rostro de enfermo y las serpientes se anidan en las rocas donde la voz no llega a reengendrar a los antiguos dioses
Sólo la selva no hay lugar para el ruido de los helicópteros que vigilan la ciudad que una vez recibido el beso en la mejilla después de cenar en familia ya nadie se salve de morir en casa no hay lugar para el hombre has llegado hasta aquí alimentándose de tus verdades bebiendo de tu sed igual que si todavía existieras mostrando a los habitantes la ciudad como un guía proscrito
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Cuando escribo hay un tren pasando por la cabecera de la cama está próximo el amanecer soy un naufrago saliendo del océano de las resurrecciones sobre la almohada el esqueleto de las palabras.
Algo ha quedado roto desde entonces He pasado tardes en silencio, mirando mi fraudulenta resurrección J.C. Becerra El presente y aquello que fuiste se sientan a mi mesa el día es barbado pero el sol resplandece como lo harías tu misma Estoy en el otro extremo no es vanagloria dialogan y su risa entra destruyendo mis tímpanos tomo una copa de coñac y el aroma del café e embriaga
Hoy quisiera escribir trazando la silueta de tu rostro y no sabes cuánto se me niega tu labio efímero como un deslumbramiento y me detengo sobre mi pasado como quien encuentra ocupada su sombra
Bajo el herzabal antiguo alguien respira alguien que se ha ocupado de vivirme
Competencia desleal aquella que en el pie entablan el talón y las uñas y descubro en el temblor de la mano el miedo de entonces aquel que creí haber dejado en troje cuando nos ocultábamos del abuelo para vernos y a lo más sonreír entupidamente Un día te fuiste parecías contener la respiración para no exhalar el aroma hurtado a las rosas y a los jazmines de la abuela
Algo ha quedado roto desde entonces
Algo que el viento viejo cincel maestro hoy intenta moldear su rostro
Todo parece dispuesto para el alumbramiento la montaña cobra un aire gris en tu ausencia estás omnipresente presencia pura cuya materialización busco y me espanta como si alguien furtivamente caminara sobre el tejado de la casa y un ave que no conozco hundiera el pico en los cristales pero entiendo que no es fácil llevar a cuestas tanto rostro y que la muerte tiene ademanes finos y la mirada triste que su sonrisa encanta y su beso eterniza como entiendo también al caracol que arroja su concha se va por la playa y no regresa
Lo sé todas las mañanas como sé de la brisa por tu ausencia y que en algún lugar dentro o fuera de mí las aguas taladran para entregarse al mar con los brazos abiertos y sé que te encontrarán de pie con los puños cerrados en posesión de tu secreto
Deben se los pájaros porque algo se mueve en los alerces a contra luz de ese azul infinito y colérico busco en el hueco de la mano como de niño en el fondo del pozo que alguien cavará en el centro del patio donde mi rostro de niebla registrará los golpes que el ciego dio a la luz
Algo ha quedado roto desde entonces
Algo que se interrumpe siempre entre el papel y la pluma y que creí encontrar en las cuerdas de la guitarra cuando entonabas tu canción argentina y llorabas por los hijos perdidos desde siempre Después creías saberlo todo y te daba por llamarme hijo y llevar en vilo tu incesto por los bares del Paseo de la Reforma Y terminabas la noche o empezabas el día untándoles en la cara a los taxistas tu credencial de periodista pero nada era cierto habíamos sido señalados por el vuelo de un ave nocturna Todo era así desde el principio lo supe mientras cruzabas el antiguo portón y tus ojos esa hidrografía inconquistable recorrían línea a línea a Lucrecio cuando discutíamos la idea cartesiana de la historia Lo sabia como lo sabía tu pelo cuando la ternura nos sellaba los labios y entre tu mano y mi mano y tu cuerpo y mi cuerpo no había espacio.
biografia:
José Antonio Alvarado [Zacapu, Michoacán, 1943] Estudió en la Facultad de Altos Estudios de la UMSNH, y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Libros publicados: Habitación sin muros [1969], Para la hora del té[ 1973], Algo ha quedado roto desde entonces [1982], Ejercicio del sueño [1982], Interrogatorio de barandilla y otros testículos [1984], La pequeña Frankestein[1985], El cangrejo y el mar[1998], Poemas[1998], La muerte del Quijote[1999], Las palabras cansadas de volar solamente nombran[2000], El dragón en el espejo[2001], Descubriendo a Mariana[2002], La noche y otras cosas que ignoro [inédito].