SedúcelaSonsacápalaEngáñala,Ahora que ya es tu amigaDestrózalaHazla pedacitosQue no quede ni un poquitoDe espuma en su bocaMordisquéala.Ahora que ya escupió todoQuerido poetaDa forma a la poesía.diezson los círculos maniatados que perecen en la hoguera de la terrazabaldía, los zapatos abandonados en el llanto del fantasma que fe ...
Sedúcela
Sonsacápala Engáñala, Ahora que ya es tu amiga Destrózala Hazla pedacitos Que no quede ni un poquito De espuma en su boca Mordisquéala. Ahora que ya escupió todo Querido poeta
Da forma a la poesía.
diez
son los círculos maniatados que perecen en la hoguera de la terraza baldía, los zapatos abandonados en el llanto del fantasma que fenece a lo lejos, el interminable candado que cimbra al ave degollada
son los círculos que danzan en el rostro envejecido del olvido
¿en qué oscuro cielo el vaho reminiscente de la lluvia aparece en la ventana, sin luz y con una flecha en la lengua?
Los caracoles entumecidos recrean una sombra debajo de las nubes que van tomando forma en las aguas dormidas que sangran sobre los crines de la demencia en las aguas frágiles invadidas por cuerpos desechos en labios adornados por frutos inquietos
son estas muertes que nos consumen la rebeldía de la vida que nos torturan las mejillas danzantes de potros rosados que se posan en los cabellos hirsutos y penetran en el secreto silencio convertidos en ocio
ELEVARNOS ETERNAMENTE DEL CIERZO ABATIDO EN LA CARNE ELEVARNOS y decaer en el grito hambriento de ciudades heridas HACEREACER/CRECER con las manos magulladas en la historia, agitar nuestros brazos en el florero urdido por colores enigmáticos [considerar al mito como la conjugación de la naturaleza concebida en el pecado] morder la noche, saber que existimos en nuestra angustia
LOS POETAS QUE ME SALUDAN Los poetas que me saludan están ebrios, esos pobres mamarrachos de la palabra tocan mi puerta y se desnudan en la noche [que camina sobre el recuerdo de la luna]
Nadie, en esta ciudad pálida los ve por eso pasan imprescindibles ante los muslos de las mujeres, tiritan de frío solapados en sus miedos llegan al mar aturdidos, con la alegría en el canto de las rosas
Poetas que me saludan ¿quién les invitó a comer en esta residencia donde los cadáveres esperan ansiosos un alma descifrada en la luz?
Poetas enmarañados en la noche, perros ebrios que husmean basureros de gente
Tocan mi puerta no les respondo, aquellos poetas robaron mi voz
con ella vagaron el verano por los aires convertidos en ocio aletargados en el frío de mi seno
Poetas de mi barrio que se abren al asombro desgajados en la muela de la luna y tropiezan en cada grito de los amaneceres ausentes grises de lluvia
¿quién les invitó a la vaguedad del e/s/p/a/c/i/o ridículos de mares ensimismados a la orilla lacónica, al andamio de mi puerta cerrada?
Poetas francotiradores que se sirven de la palabra para invadir mi puerta cerrada destapar mis cobijas y adentrarse en mis piernas
succionar el semen que emerge de mi cuerpo
Aquellos poetas que me saludan toman mi cerveza se consumen en el cigarro gritan su ausencia y lloran conmigo
Aquellos poetas que me saludan escriben el poema que no escribo en la soledad de la letra
Aquellos poetas, ángeles encadenados a la lágrima, huyen al silencio del poema y en ese vacío, casi inexistente, terminan escribiendo sobre sus huesos.
biografia: Cristian Gonzalo López Talavera Cristian López, nació un enero donde la lluvia dejó un espacio para la poesía. Ejerce la cátedra de Lengua y Literatura. Poeta y narrador, ganador del concurso Interfacultades, Premio Universidad Central; obteniendo la medalla de oro. Ha escrito Casa de Soledad [poesía]. Es fundador y director de la revista Ojos de Perro Azul. Actualmente, colabora con crítica literaria en el periódico El Chulla del Municipio de Quito.