Mural 78Es un mundo cruel, sangrientopero bello...El mundo de la hierbaensangrentada;donde la sangretiñe las olas,donde la sangreriega la tierra,donde tañecomo una guitarrael dolor por los caídos.Donde brilla el sol generoso,donde cantan los ríos sonoros,con fervor crepitan las llamasy se ama porque se ama;donde crecen novias abedulesy orgullosos cedrosy de noche, caen las estrellasen la mano ...
Mural 78
Es un mundo cruel, sangriento pero bello... El mundo de la hierba ensangrentada; donde la sangre tiñe las olas, donde la sangre riega la tierra, donde tañe como una guitarra el dolor por los caídos.
Donde brilla el sol generoso, donde cantan los ríos sonoros, con fervor crepitan las llamas y se ama porque se ama; donde crecen novias abedules y orgullosos cedros y de noche, caen las estrellas en la mano de un niño. Allí la bandera alta orea los sueños.
Allí la gente sabe morir y la podre no se atreve a tocar los rostros muertos. Hay un reguero de sangre sobre las piedras y flores.
Allá son bellos los brazos morenos de tu compañera, son bellos los ojos oscuros mirándote el alma, son bellos los labios calientes que dijeron “te quiero” y cae una lluvia de claveles.
Pero son inenarrables las torturas, interminables las noches cuando el dolor te desgarra sin escape ni tregua, el cuerpo se rompe en un grito mudo y corren los ríos de tu sangre. A la última alba huele el viento y no puedes protegerte de las balas, escudarte de la muerte.
El clavel invencible florece, cae al agua preclara y se deshace en sangre.
1978
Ciudad de nombre innombrable
Te recorrí en mis noches, en tus noches. Siempre había un silencio apacible, imposible.
Sólo veía calles vacías, puertas cerradas, ventanas cerradas.
Mis direcciones, erradas: aquí no vivía nadie.
Y de nuevo andando, rondando, rasgando el velo de calma mortal.
Tras los muros la noche lloraba su sangre amarga. Yo, tragando un grito inútil.
Un día, seré una de tus fantasmas, para hablar –al final– a quienes jamás encontré.
1994
¿Será que soy un amanecer sin darme cuenta? Aquella hora dormida cuando la noche se apodera de cada estrella, de cada paso sigiloso, de cada grito archivado en sus pliegues.
Se sienta en un sillón enorme, inamovible a releer un libro de camanchaca, donde las páginas gotean agua recia que había sido sangre.
Despunta un resplandor en el horizonte. Un niño despierta, con los ojos muy abiertos atisba el silencio, y el que va a morir esta noche sabe que ya es de mañana.
1998
Temis
De éneo fulgor la invocó el mundo que atisbamos enceguecidos profesando raíces y manantiales. ¿En qué moneda o culebrina respira aún su