PLEGARIA[MÁS O MENOS URGENTE] Diosa de cristal,desesperada. Terrenal sirena acongojada. Poesía,levántate como Lázaro,estállame tu versocomo un diluvio de fuego,y quema la piel de los conformes. Sumérgete en el bostezo acurrucadode la butacas y las dietas,y cantala común unión de los mortales. Asoma tu mirada en la muchacha,hínchale sus pechos con el canto de la vida,sóplale tu fuerza l ...
PLEGARIA[MÁS O MENOS URGENTE]
Diosa
de cristal,
desesperada.
Terrenal sirena acongojada.
Poesía,
levántate como Lázaro,
estállame tu verso
como un diluvio de fuego,
y quema la piel de los conformes.
Sumérgete en el bostezo acurrucado
de la butacas y las dietas,
y canta
la común
unión de los mortales.
Asoma tu mirada en la muchacha,
hínchale sus pechos con el canto de la vida,
sóplale tu fuerza libertaria,
y cuéntale al planeta de tu enérgico rechazo.
Después de todo, poesía,
tú no renunciarás,
a pesar de la máscara,
del maquillaje on T.V.,
del alpinismo o el combustible,
de los sureños estertores de la lluvia
y de los desalojos que El Llanquihue
publica en sus portadas.
Vivirás aquí, con nosotros.
Mariposa doliente, cenicienta eterna,
peregrina urbana de casi todas la editoriales.
Relámpago silente, clávate
en medio de la noche,
pero clávate también
en medio
de la libertad de este mercado,
de su convulsión desenfrenada
y atraviesa como un rayo
el espasmo, o la indolencia,
o la epilepsia
económica
del mundo.
ENUNCIACIONMitad paria,
ermitaño,
medio bestia,
algo humano tras los lentes y el paraguas.
Dos mitades fundidas en la luna de un espejo.
Oficio de hombre y de todo,
horrible o terrible,
virtualísimo con mis defectos
de carne y esqueleto.
Ambidiestro de las fintas
en montañas de teléfonos,
nadador, velocista, tranqueador inagotable,
medio arqueólogo, internauta,
medio vivo, medio muerto,
de repente medio nada.
Sofisma imperdonable entre la carne y el sueño.
Medio malo o medio bueno:
la misma lengua retorcida con su buril de fuego.
Dos mitades en mi oficio de poeta,
antesala expuesta de todas mis perversidades,
efímero estallido de la sonrisa al verso,
pero nada comparado al huracán de mis pasiones,
horrores, en el filo descarnado de mi pluma,
destello apenas de un relámpago gigante.
Destino de suprema ambivalencia
urdido tras el eco sordomudo del discurso,
penitente de la espada, del garrote y el filigrana,
medio vivo, medio muerto,
caminante transitorio,
eterno prófugo de mí mismo,
a cuestas, con mi baúl de urgencias.
Tras la mitad de mi máscara
rebano la maraña incorruptible de las horas,
por el ojo bueno viajan hasta el alma,
por la otra fisura instalan su propio infierno.
Tras la mitad de mí mismo
abro puertas, oídos y sentidos,
engullo losas, cubro fosas, [c NN incluidos]
urdo la nube oscura de planes asesinos,
devoro estados,
jefes de todo tipo,
cierro y encierro noticias y primicias,
cambio y recambio la línea de la historia,
la embarullo o la destruyo
como un dios de arrogante antología.
De pronto, inesperadamente,
ante la mitad exacta de mi asombro,
como una estrella de TV, retorcida,
dolorosa como una dentellada
la imagen del coloso se desploma.
En el otro extremo
se acurruca el sopor con que escucho el noticiero,
la ansiedad con que espero el bombardeo de turno,
y la réplica de la réplica
en algún remoto y oscuro lugar del mundo;
-Asquerosa excitación danzante
tras el frenético delirio de las luces.-
Aturdida,
mi pobre poesía,
todavía con su estirpe inclaudicable de guerrera mitológica,
me desata detrás de los fantasmas olvidados,
debajo de la alfombra y la censura
con que hoy se cubre a Honduras,
Irak o Afganistán.
Allá se queda mi alma
mordiendo polvo de tercera,
Muda, como la foto de un tabloide.
Complicidad al menos de la mitad de las distancias,
de la mitad de las agencias noticiosas,
de la alinina amarilla y el formato digital.
Sin vacilar marchar,
alineados,
irrestrictos,
sólidos ajedrecistas,
justicieros galácticos
del invencible soldado universal.
Ni horrible ni terrible,
después de todo el bien y el mal
recurre justo en la mitad de nuestros corazones.
Así, de la media furia a mi remanso,
y viceversa,
de la cálida sonrisa
a la telúrica trastienda de todas mis visiones.
Viaje o viraje, en fin,
en este limbo se puede sacudir la historia,
succionar la histeria del paraíso occidental y sus desfiles,
del fanatismo integrista y sus derrumbes,
de la crítica objeción de los laureles,
a la mitad de los sentidos,
harapear las vestidura más querida
del mejor buen ciudadano,
acá se puede desnudar al alcalde, por ejemplo,
[impecable de sonrisas y de bondades]
en el mejor protocolo matutino,
asquear el buen show y el mejor reiting,
sin ensayar tan a menudo la muerte de mi hermano.
Media noche y media brocha
con su penacho latente.
Medio escenario, medio planeta
danzando por las sienes.
Desbocados portones somnolientos,
porfiada carrera hacia el olvido,
ellos guardan los ocultos temblores de la tinta.
Medio claro, medio oscuro,
lejanas convulsiones y osadías.
Medio rictus retorcido
en las raíces vanidosas de la gloria.
Pero entonces, al menos entonces,
sólo frente a mis temores,
mis mitades,
sólo enfrente
de la hoja que me espera,
afino de nuevo las agujas, nuevos hilos,
hilvano partes
de lo que humanamente pude ser un día,
y en un acto de indómita belleza, reconozco
que por mi pluma
muere al menos la mitad del eufemismo
y nace entero,
medio malo, medio bueno,
medio espacial, evolutivo,
holográfico y futuro,
pero nace y
brota verdadero
como un grito
mi poema.
AUSENCIA[Gabriel Reyes, chileno]Ya no es tiempo
ni siquiera de recuerdos,
me saben a ecos grises
como el sonido hueco de mil campanas turbias;
telarañas de un ocaso repentino
que revientan el armario con sus botones de barro.
Ya no quiero los recuerdos
ni el trueno y su frenética velada
bruñido con su lustre y su disgusto.
Me quedé parado como un reloj antiguo
con sus versos de voces miserables,
enredado como un pez
en el extremo rugoso de la rústica añoranza.
Ya no puedo dibujarte consternada
sin más patria que tu risa y tu nostalgia.
Atravesada la memoria y los gemidos
herida de candados y de lluvia
de avellanos y cruces desoladas.
Un murmullo de araucarias se me empina
en un susurro de olores florecidos,
pero quietas, como estatuas inmoladas
con su grito de piñones sosegados.
Ya no quiero los recuerdos
con sus venas de tinta retorcida,
de plegarias y condenas;
desmemoria de la sangre
en el óxido extraviado de cantos sumergidos.
Sin rumbo ni caminos,
sólo el eco del olvido se complace
en el festín de la carne y las campanas
con su hedor de hilachas subterráneas
en el centro itinerante de la tarde.
Inutilidad de estas plegarias
bajo el lomo acerado de la espera,
ajeno en su bucólico andamiaje,
con su beso de cálida frescura
que me recibe con su bálsamo y su venda
mientras camino como un fantasma,
por las calles de Comodoro Rivadavia.
Era tan chileno
antes de llegar hasta los confines del viento enfurecido,
ahora no sé
si seré otra vez el hijo nuevo de la tierra,
henchido de sol y pájaros de mimbre
revoloteando un canto de vino rojo
junto a la mesa de mi padre.
Ahora apenas
soy la sombra de un soplido,
borrador incompleto de mi mismo,
inconcluso de gritos y silencios.
Un dolor de arrayanes me reclama
la tierra diluida de mis ansias,
me dibuja un halo extraño
con su canto marchito de trigo y amapolas.
Ya no quiero los recuerdos mordiéndome la carne
como una cuchillada de horrorosas esperanzas.
Era chileno hasta la rabia
junto al rio, bajo el sauce,
con su beso cálido entre hileras de tomates,
sabroso de estrellas ondulantes,
de mares conjugados
en la noche sureña de mi tierra.
Después,
sólo fui poeta,
ciudadano del mundo,
con su equipaje de faltas
y su remolino de calle escurridas.
Se me escaparon los años,
incorregibles de luces y palabras
con su raudal de de chinchineros y banderas.
De vuelta quiero ser chileno,
a pesar del estigma,
y la bulla del silencio
danzando sobre el techo de mi casa
como un río furtivo de sombras revoltosas.
Patria mía:
mejor que los recuerdos
tu presencia,
mejor que los dolores
tus olores,
que los cursos y discursos,
que la áspera canción
entre los tornos y retornos,
que las mesas y promesas.
Mejor mi Chile antiguo.
En fin, trivialidades.
El de ustedes
puede ser muy diferente.
Biografía:
Gabriel Reyes nace en Angol el 22 de marzo de 1956, donde realiza sus estudios hasta titularse de contador en 1975. Desde pequeño siente un entrañable apego a la poesía, donde gana un par de concursos escolares. En 1983 ayuda a co-fundar la filial Angol de la SECH y participa activamente en programas de radio relacionados con el quehacer cultural. Escribe para el diario local diversas crónicas sobre escritores y libros. A fines de 1984 emigra hacia Argentina, donde participa en encuentros poéticos de comodoro Rivadavia, y más activamente en aquellos ligados a Chile Democrático. Estudia comunicación social en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, sin terminar, las ansias de volver a Chile lo retornan en 1990 para radicarse en Puerto Montt.
Desencantado, se ha mantenido casi en silencio desde entonces, hasta ahora.
jcg@surnet.cl