Mapa de familiaMi madre desvive y nos da huesitos para que juguemos.Los hermanos cantamos la canción de los alpinos. Mi padre nos muestra el mapa de España que esconde versos rojos y amarillos, versos de perro polizón a la deriva. Mi madre desvive para que vuelvala guerra inútil entre justos y pecadores.En el mapa de la muerte estamos los hijos, las nueras, los yernos, y a su lado, inmóvil,mi ...
Mapa de familiaMi madre desvive y nos da huesitos para que juguemos.
Los hermanos cantamos la canción de los alpinos.
Mi padre nos muestra el mapa de España
que esconde versos rojos y amarillos,
versos de perro polizón a la deriva.
Mi madre desvive para que vuelva
la guerra inútil entre justos
y pecadores.
En el mapa de la muerte
estamos los hijos, las nueras, los yernos,
y a su lado, inmóvil,
mi padre como una paloma.
Por el patio y la casa vaga el perro
pero no encuentra comida en la historia.
Cantamos en catalán que bajamos la fuente del gato, que hay una joven,
una joven y un soldado, que le preguntan
cómo se dice Marieta del ojo vivo.
Es la estúpida canción de siempre que nos hace llorar.
¿Mienten los secretos de verdad?
Mi madre habla de desconocidos.
Llena la cocina de penas
y migas cucarachas fugaces como estrellas.
Los nietos
lucirán máscaras deshabitadas.
Ríe la abuela pero no es mi madre.
Es anónima la voz del invierno.
Hay un desborde en las intenciones del agua.
[El mundo en invierno es un punto quieto
y hace frío
para perseguir piernas desandadas.]
Imagino que no existen los ojos vivos
que me hacen bajar y bajar la fuente del gato.
Amanece. Mi madre se desvive.
Nos da huesitos para que juguemos.
Lengua madreDar al sentido su equívoca astucia
o decir hambre
engaña la certeza de la ausencia.
Decir hambre también
distrae llevarte adonde huele la levadura
y será pan.
Entonces retorno al infierno y recuerdo
decir madre
cuando ya no hay destino
para la palabra. Tampoco entonces
se comprende el misterio.
Intento inventar lo divino. Lo silencio.
De la magnitud del tiempoEl grito del sodero
se entromete en la calma de la casa,
llega mi hija con el apuro de los hijos:
que almuerza en casa que llega tarde al trabajo
que pasó mala noche que no pudo dormir.
El casado casa quiere, pienso.
Ella vuelve de vez en cuando al clima
que renueva el sabor de la costumbre.
Pero está inquieta
como si una ráfaga de tiempo la llevara a otro sitio.
Creo, dice, que estoy embarazada.
La miro perpleja. El cuerpo anda fuera del cuerpo.
La hija, yo, pura materia dura
que no puede. Es la hija madre. Yo madre tú madre:
ingenuos pronombres que velan el futuro.
El cuerpo dice, no puedo decirte nada.
Pero la dicha revive como un truco nuevo
en lengua materna. Se mezcla el barullo adentro y afuera
aunque no, no sale algo de más.
Ella desconoce, pienso,
la voz que me pasa por alto.
Sabemos mirarnos desde el antiguo lugar de las mujeres.
Cuando llegan los otros ella cuenta.
Los abrazos hermanos
hacen otra la imagen de la historia.
Alguien dice, el sodero dejó cuatro sifones. Qué raro, pienso,
se ha tomado poca soda esta semana.
biografia:
Cristina Domenech nació en Buenos Aires. [21/6/54]
Realizó estudios de Letras y concluye con una beca en la Universidad de Ciencias Empresariales y sociales de la Licenciatura en filosfía. Escribe su tesis sobre el problema de la didáctica de la filosofía.
Es coordinadora de talleres de escritura entre otros sitios en el Centro Cultural Recoleta, Biblioteca Centenera por Casa de Poesía, y en forma particular.
Actualmente dicta talleres de poesía en el Penal de San Martín en el espacio de la Universidad de San Martín.
Publicaciones
Impalpable -Ed. Último Reino- Año 1994
Condensación de la Luz -Ed. Libros de Alejandría- Año 1998
Tierra Negra -Ed. Del Dock- Año 1999
Demudado- airediseño edic
cristinadomenech@hotmail.com