DESMONTEEra la tensión partida como de lágrima.Flecha flechando y flechada en la memoria de los sonidos primarios.Era enramándose el salto.Era una corzuela.Cuando la topadora pujava por la reversa de las nervadurasy el seno sofocado de las saviascaealimentando el engendro de la desorbitada entrañade los fuegos.La soja ya puede abrir.Que sea el polvo bajo los polvos y en ...
DESMONTE
Era la tensión partida como de lágrima. Flecha flechando y flechada en la memoria de los sonidos primarios. Era enramándose el salto.
Era una corzuela.
Cuando la topadora puja va por la reversa de las nervaduras y el seno sofocado de las savias cae alimentando el engendro de la desorbitada entraña de los fuegos.
La soja ya puede abrir.
Que sea el polvo bajo los polvos y en los remolinos sean los vacíos. Y sea la espina saludable en la carencia con sus ciegas lacradas y de pie.
Sea lo perdido.
Era una corzuela.
Gabriel Gómez Saavedra Concepción - Tucumán
-----------------------------
POEMA DE AGOSTO
Colando las agallas entre las rendijas del sol, se apronta la danza de la mariposa y su falda durmiendo a la tarde.
El lila del día camina ya su letargo iniciado.
El salto del cordón a la calle y un pequeño dulce suicidio sudándole a los dedos me van entregando la falsa liviandad de una brisa de cobre, que al lamerme, revuelve la tierra en que asiento férreo mis raíces y taja el espesor de mi secreto,
quitándomelo, para derramarlo como un sacudimiento de brasas sobre el albino regazo que ya insinúa tu pecho.
Así transito Agosto o Agosto me llega así [animal inestable robándole encajes al corazón].
Ahora que el lila se pierde bajo el adoquín y tras tu risa muerde un temblor: apura niña el silencio que al amor y a la muerte los arrastran trancos largos hacia el sueño susurrado que cuelga por el alma de una flor de lapacho.
Gabriel Gómez Saavedra 2005
-----------------------------
Entierro del carnaval
Creo que lo gastamos por el cuesta abajo de alguna calle.
Otra vez las espaldas y estas uñas que retienen orfandad cuando me hace sentir inconcluso el boca arriba de los alcoholes. . Pastorean cruelmente lejano al hilante sangrado del joi joi. Entonces, quedo convencido de cierta irrealidad.
Corvo, lo sólo le deja la poca luz flameante de la albahaca; de cuando la mujer improlija le atentaba la boca con la irrecuperable cartografía del andar del río.
Miro atrás, y adelante es lo mismo. Otra vez saboreando la harina del aire en descenso. . Otra vez me llaman desde abajo y debilitado reconozco con el oído lo que resume el tiempo por las raíces de los algarrobos. . Ya me pesan los diablos de ferrito desdibujándose en mi cara.
¿Por qué de nuevo me guarda la luna uterina de Amaicha confundiéndome con una cría de las heladas? . ¡Ay, pero estoy tan blando!
Los escalofríos irán acostumbrándose a ese latido cerrado sin tener que recordar que ahí lo puso el olvido.