Intermezzo con gato de caballerizaCamina el gato en la resolana equinoccial donde existen el gato,el caballo ciego y yo, que observo al gato,aunque lo seguro es que sea el gato el único existente;quizás también Mescalito, el caballo ciego del establo,mientras que yo podría quedar como simple observación sin existenciacomprobable a partir de este poema con tres o más sujetos,entre los que, at ...
Intermezzo con gato de caballeriza
Camina el gato en la resolana equinoccial donde existen el gato,
el caballo ciego y yo, que observo al gato,
aunque lo seguro es que sea el gato el único existente;
quizás también Mescalito, el caballo ciego del establo,
mientras que yo podría quedar como simple observación sin existencia
comprobable a partir de este poema con tres o más sujetos,
entre los que, atrevidamente, me autoincluyo.
Exactamente como un gato camina entre los pastizales,
milimétricamente armado de felino estilo [gatuna maña,
almohadilladas patas, silente condición de cazador furtivo].
Bajo la avara sombra de tres manzanos silvestres
veo al gato cruzar en diagonal los altos pastizales rumbo al padock
donde mi amiga varea sus caballos andaluces,
y cavar con pata diestra un canal en la arena recalentada
del mediodía, sin esfuerzo aparente, parsimoniosamente,
sin ostentar empeño ó prisa.
Dueño de un tiempo gatuno que le envidio
pero del que el gato dispone con soltura, lo veo sentarse
sobre el surco y depositar, como si fuesen monedas,
tres deposiciones oscuras como tres perlas negras,
vistas desde acá, bajo los manzanos, dónde, casi involuntariamente,
vigilo su accionar.
Lo veo luego girar sobre el eje de su columna vertebral,
con el olfato certificar el depósito, y con mano diestra y confiada
enterrar su tesoro.
Mescalito en el establo patea las paredes de su box reclamando
a mi amiga que lo saque a varear.
Mientras tanto yo pienso en un poema con caballo ciego llamado Mescalito
y gato.-
Viva el Primero de Mayo, Mierda!!!!
Un tilo a medio canto de brote, adornado con muérdago y nido
abandonado, al borde de este inmenso círculo del verano
que irrumpe al norte de un planeta en estado de alerta, me llama al pasar
y yo me acerco y converso un rato con él, camino de la celebración.
Semillas y verdes nuevos rescataban su espacio, me cuenta ,sin doctrinas ni dogmas,
dentro de un imperio reahogado en la leche de sus propios errores, que el mar,
ausente allí [por ahora] pone en jaque a un Primero de Mayo
sin conductores a la vista, haciendo llorar los desnudos testimonios de los cipayos
del dinero, con goterones de lágrimas como piedras
para reforzar los muros de sus propias prerrogativas,
los nichos amoldurados de sus privilegios y los sedimentos acumulados
en los templos desde el inicio del tiempo patriarcal.
Nadie lamenta nada, me dice. El nido está vacío, el muérdago calla y el tilo
los proteje a los dos y a mi de las inclemencias de la historia, ensayando
el viejo ritual de las semillas que llegan para recomenzar los ciclos.
Casi como un recuerdo titilan las lámparas de antaño, con galácticos eseoeses
para avisarme algo que no sé descifrar.
Le cuento al tilo que las lámparas fueron amontonándose
y amontonando polvo en depósitos blindados, en inaccesibles paraísos para la gente
de a pie, en ríos y ríos de escritos en los que nadie bebió nunca,
y el hombre, el harapiento dominador, el pobre huérfano, futuro descartable,
buscó un torpe acoplamiento con Dios en tristes libros
y se despecharon de las bahías enfrentadas a la oscuridad del universo,
cara a cara con la embriaguez conque se reniega de la embriaguez
y de los sueños de volar por sobre las tristezas
inevitables!
Llego a casa muy tarde.
En una hoja que encuentro sobre la mesa de la cocina
escribo:
”Viva el Primero de Mayo, Mierda!!!!!
Exilios
Un sentido de irrealidad, quizás de intrascendencia, que provoca el exilio,
hace que nos sintamos viviendo a ambas orillas de un río simultáneamente.
Uno se levanta a orinar en lo profundo de la noche
y escucha alguien chamuyar en lunfa, silbar una melodía
escuchada en la niñez, y que nos chista sin dejarse ver
mientras orinamos.
Y la convicción, el conocimiento total de que si nos levantásemos
en la noche profunda del sur
sentiríamos a alguien hablando en este idioma con que nos acostamos anoche,
sueco ó finlandés, que más dá!!
y tararear una canción aprendida en la tardía niñez del que recién se exilia,
que nos llama sin dejarse ver, mientras orinamos.
Antes de entrar nuevamente en el sueño, ó en el sueño mismo,
entendemos que eramos nosotros mismos los políglotas, los silbadores,
que estuvimos orinando en el mismo río, uno en cada orilla
y nos llamabamos a atención… para que despertásemos.
Gilgamesh
Con su no descartable tercio homito intentó comprender
del universo la llave de Dios, lo nuclear de las Leyes Vigentes.
Buscó la eternidad primero para desempolvar
lo que anhelaba con tiempo disponible.
No es tarea de mortales, sin embargo, ciertos desentrañamientos:
El hombre existe entre neutrones de eternidad
en otras dimensiones y muere en ésta
sin haberse enterado.
Pero algunos, desgraciados, se condenan a buscar entre pactos,
batallas y odiseas, una revelación siempre inalcanzable.
Desgraciado Gilga, pobre sumerio habitante del Mundo de las Tablillas
de Nínive, en tiempos del rey Assurbanipal,
donde le fué concedido verlo [casi] todo, y conocer [casi] nada
para referírselo a [casi] nadie, según cuenta la arcilla.
Reinó, ya adulto, como déspota trás las siete capas de cobre
de la fortificada Uruk.
Tenía dos tercios de los dioses y su tercio mortal.
Pobre Gilga, buscador de respuestas, vivió su eternidad
esencial sin comprenderla,
con su tercio mortal en el moral del viaje
como un milagro cojo.
Utnapishtin El Inmortal lo entera que la mortalidad
es prenda irrenunciable de las criaturas,
que infructuosos resultaron, pués, su viajes,
sus batallas inútiles.
Resigna Gilga su immortal utopia en busca de tiempo disponible
para encontrar a los dioses.
Decide retornar, mortal, a las fortificadas torres de Uruk.
El Inmortal Utnapishtin se apiada del tercio mortal
de Gilga y le revela que existe una planta,
espinosa como rosal salvaje,, que otorga larga vida.
Pobre consuelo, pero consuelo al fin!
Cava y cava Gilga en busca de la tal, se sumerje,
la encuentra y emprende el viaje de regreso
Por sobre el Mar de la Muerte, cruza a reinos de finales ciclos.
Pero en el viaje de regreso La Serpiente le hurta el morral
donde portaba la planta de la larga vida, mientras Gilga
se dedica a matinales abluciones.
Disipada toda esperanza, hasta la de alargar su vida,
vuelve a Uruk de donde ya no saldrá
hasta cumplido el ciclo previsto para cualquier mortal.
Gilgamesh, viajero que ignora la cojedad de sus Milagros,
qué pena se le tarda en el pecho
y en el aire de los despilfarros.
qué, como lluvia amarga de ambos costados,
ó como tango de tembloroso exilio, se le instala en el alma,
y qué ese olor a Dios después de la function
que lo lleva de desolación en desamparo, al Eternauta!!
Isaac sentado a pié de árbol
Escaramuza fué la luz trepando desde las raíces,
elevando nutrients, fermentos, sed de eternidad
para cuajar en pétalos primero y luego en fruto carnal
en torno a sus simientes : la manzana!
Isaac sentado a pié de árbol, como un sajón cualquiera,
como un mapuche de cabeza irreverente [qué más dá?],
viendo caer la vencida vanidad del fruto
que desplazó por las ramas el color y tatuó en el ojo bellísimo
de la bella más bella la tibieza del labio con promesas
de laberinto resuelto,
que calló ante el orbe de humana osamenta proclamando misericordia
de una eternidad de instantes puestos a transcurrir unos trás los otros
y permitió que el sajon dictara a los planetas lo que los planetas ya sabían
sin macula ó error,
desde siempre.-
El cuervobuitre de Edgard
Numeradores falsos y alfiles como percherones de tiro
amanecen con el crepúsculo del alcohol prepotente.
La palabra enciende y baja de la vieja estantería de las herramientas,
atropellando en su bajar zonas de densas neblinas,
menguando la nervadura del follaje soñado con licor.
Poderoso animal el buitrecuervo que rebasa las fronteras
de su dignidad y desgarra la jaula angelical donde el latido llora
de su pecho como azufre, donde la torre nace al alfabeto
y sufre de sí la resaca que, como un relámpago,
deviene en panes de terror al olvido.
Edgard Allan, mi alcóholico compadre antiguo de dos siglos,
humillado y enfermo, enamorado de sufrir, cerebro dependiente de sombras
y de aguardiente brusco y de las drogas.
Desconocido genial de puro andrájo, cadaver torrencial
a los cuarenta, mendigo por la copa difunta de remachar la historia
con cuervobuítrica sentencia:
Nunca más andar descalzo entre los eseoeses de su alma!
Nunca más el destello del verano y la compañía de sus latidos!
Nunca más la cordial mejilla adolescente en dos mejillas!
Nunca más!!!
NUNCA MÀS!!!
Pósase en su lápida el cuervobuitre de sus terrores para guardarle a Edgard
el núcleo de la nada conque empezó el Universo,
mientras Dios prende las lámparas de NADA y NUNCA MÀS
que le sobraron.-
Un jueves, en París, con aguacero…
Un jueves determinado por hojarasca, miserias, sílabas de días
anteposteriores, por planeta levemente mortal, y contumacias
de viejas cosmogonías politeístas, se sobrevivió a sí mismo
por esperar el vaticinio de César.
Henchido de tormentas minúsculas, prisionero de caminos
que César pensaba que conducían a Roma
pero que no lograron despegarlo de Montmartre
y lo condujeron, sin embargo, a una españa chiquititica,
tal que no lograba su ansia escribirla en mayúsculas,
república de hombres caminando con sus clavos al aire
y sus cucharas en chaquetas, país de dinamiteros
antes de la diáspora,
de niños que salieron a buscarla entre sus sienes cóncavas,
entre pliegues de historia y distancias sin cuento
Un jueves que fué testigo en pulgadas de olvido, junto a la lluvia,
la soledad, los huesos húmeros,
de los resplandores del cholo parisino huyéndose de su sombra
mortal, retornándose a lo efimero nuestro de todos los días
a pié de cordillera, entrándose en la mansedumbre de ese espacio
entre dos puertas
donde aguardaban sus Cristos sin crucificar todavía y sucediéndose
como cuando, entre tinieblas, cae la hoja de la guillotina
sobre las penas que atrasan el paso de las otras batallas
por venir.-
Cimarronaje orillero
” A la que te jedi”** - In memorian
En la plaza, entre el cabildo y la rosada, el viento levantó
las polleras del hembraje surero, empujó, toreando, al aluvión zoológico
a cruzar el riachuelo nadando, poderosos los labios y lentos
los ojos del cimarronaje orillero, que amucharon ganas, sinsabores, tristezas
varias, pulsearon rigores como piedras en aquel ojo de aguja
por donde porfiaban en entrar delincuenciales patricios
cerrándoles el permiso y el pase,
y se mandaron al asalto del cielo un diez y siete “los gracitas”
forzando el cuadrilátero histórico del paisito,
metiendo las patas en las fuentes, a la sombra y paciencia de la pirámide
de mayo, cansada de saber que ellos querían saber
de que se trataba,
velados por los fogonazos de la bronca y el ragú.
Pasado medio siglo la historia sigue sin cerrarse
y cabalga de punta a punta el paisito.
La plaza vacía ayuna sus rencores en rondas de los jueves
con mujeres de pañuelos blancos en la cabeza,
mientras por las calles suburbiales circulan todavía
los cabecitas negras de “la que te jedi”
mientras sus incorruptibles restos los tienen encanados
en la recoleta, en la única tumba con flores todo el año
que depositan “anónimos grasitas.”
** Nota: Eva Duarte, llamada también Evita, Madrecita de los Desamparados, en versión del cimarronaje orillero, Guía Espiritual de la Nación, según versión del peronismo oficial, y mencionada como ” la que te dije” por las matronas de las Sociedades de Beneficiencia del patriciado terrateniente y oligárquico, , que, de tanto odiarla no la querían ni nombrar y que el pueblo puso “al vesre” para referirse a ella, en tiempos en que nombrarla era delito punible.
Carta a Theo
Hermano Theo:
Brevísimo el sol….. los vientos del sol aún más leves, quiero creer.
Carne encapsulada y falsa de las rondas solares
se me incrusta en los dedos de pintar la luz que no encuentro.
Hermano, gira el flanco siniestro de otro sábado
y yo doy por tristes los míos.
Pinto y pinto un sol y otro sol buscando la luz
que se me escapa siempre!!
Estoy muy cansado, no aguanto otro sol,
el follaje de mi dolor humano se muerde los codos
de eternidad no hallada,
desde el lienzo a cubrir mi otra mitad Vincent
me dispara a quemarropa en el estómago.
Perdóname y adios.
Tu hermano Vincent
……………………………………
Acaso la fragua solar impactó en el refugio animal
de los dioses, bajó silente como ardida sed humana,
ignorando las limitaciones del ojo pálido de Vincent,
hebras lascivas de luz lunar siluetearon contornos
de viejísimos robles que señoreaban a poniente,
ido el sol,
con fosforescentes hebras de ñandutí plateado
y crecieron, cantando, por sobre las mismas.
De cercenado oído crecieron y se potencializaron las lámparas
de luces fantasmales de luna y con pérfidas maderas
triangularon en treinta y cuatro grados el espectro cromático del oro y del fuego mordaz y venturoso
de los girasols íconos, plurales, y los soles girantes.-
Il cuore de A.
Para A., claro!
Tu corazón, planta dada de comer con agua de otro barrio,
sale por las mañanas a solear sus animales, sus distancias,
se enreda a chusmear con las vecinas mientras el mundo
crece desmesurado de maldad y otras dañinas costumbres,
dejándonos por fuera de nuestras propias canalladas.
Canta tu colifato, a capella y cielo abierto, tedeums en las colas
de las panaderías, en los crepúsculos de las palabras
más obcenas y recuerda, pobrecito!, todo el hambre
de luz que mana sin cesar de los manicomios, las cárceles,
los conventos de clausura
y algunos Ministerios dejados de la mano de Dios
[ el de Justicia, sin ir más lejos],
mientras planifica el retorno a lo intangente,
solazándose en las propiedades de lo inapropiable,
colapsando las tardecitas del rioba con fogatas de guardar,
fiestas de despilfarrar, resurrecciones que intentar,
vertientes acuíferas que sanear,
ó mínimos murmullos, entre la hojarasca de los días,
de los insectos que me caminan el alma.
Tu cuore, barrilito de concentrado licor,
me espera destilando atardeceres en alambiques caseros,
mientras me pierdo en inútiles discusiones conmigo mismo,
en interminables asambleas con los cumpas,
reverdece como la chipica después de la lluvia,
ó después de las vueltas carnero del reloj lunar.
Se sienta a matear bajo la parra del patio, se dá una vuelta
por la aguada,[ ”lá’embaixo, no matto”],
dialoga con la ceiba centenaria y gigante, con la maturana bíblica
que se enrosca camuflada de rama entre las ramas,
lava los harapos de nuestra irrenunciable dignidad en el piletón
de afuera del galpón de las pipas de roble
donde se añejan los vinos del viejo Guglielmone,
se olvida, a ráfagas, de las inclinadas torres del Dock Sud donde vivió
y vuelve a empezar en anteriores siglos
las rondas de los jueves en La Plaza de las Locas,
alegando por desenterramientos de anónimas tumbas,
ó por la ”humedad que mata” en esa gran ciudad que ya no habita.
Charanguito loco tu músculo bombeador de glóbulos y vaticinios,
vuela por sobre El Gran Charco”
[cagadito de miedo vuela tur och retur**]
sobre el Desierto de Sahara, pernocta en las desolaciones del aeropuerto de Moscú
entre ginebras circulares, fosforescencias, labios
de cabelleras carnales mordidas por el polvo
de una puta historia de distancias y desencuentros,
corta ramas del árbol sacramental lleno de relojes pendulares
destripados por la furia con que incineran libros
los inquisidores de siempre,
mientras las nueve sinfonías de Mahler trepan los paredones
de modernos basurales, por sobre poemas
escritos por nadie y por El Tata.
Tu tamborcito redoblante, crecido entre geranios y malvones conventilleros,
en latas de dulce de membrillo ó de batata,
reboca las paredes de la taperita de Viamào con estrellitas
dockeras, con acordes de milonguitas sureras,
ritornellos piazzólicos, y emparcha la pinchadura
por donde llora la pura oscuridad de la música mi propio corazón.
La mínima cucharadita de tu sangre administra la cantida de brotes
del jardín escandinavo de la casa de la calle de la nutria,
en el barrio de El Caldero,
compone tonadas legüeras las noches
en que caen angeles de las ramas de los olmos
y se fugan los prisioneros de los campos de exterminio
de todos los tiempos.
Tu loca guitarrita de chacarerear, tu pozo de grillos violineros
evapora distancias, olvidos, dolores, y hasta los chamuyos
de las vecinas camino de la verdulería, rinde canalladas
del poder de los de arriba, estira nuestros brazos
para llegar a las ramazones más altas de nuestra iracundia
ó nuestra más loca alegría de vivir.
Tu corazón, ciruelita en almíbar, cantor del subte
y las ochavas de todos los San Telmos del mundo,
de todos los Buenos Aires del cosmos,
tu plan plural de repartirse equitativamente,
tu corazón setiembre del 57 cuando lloraban los callejones
por Malena, cuando Malena cantaba con voz de sombra
poniendo en cada verso su corazón,
tu corona de adolescencia que baja el telón entre nos
y el paisito de ayer,
sin rencores, pero con nostalgias y terremotos,
tu corazón, violinero sin quejas, fueye de llorar
en sordina, apoyado en el humo canalla del tabaco
y en la copa denigrante del alcohol, sin macularse.
Tu mantra de reforzarme el esqueleto del alma.-
** Nota: ”Tur och retur”: ”Ida y vuelta” [ en sueco].
Final con mujer
I
Como a flores al caer las sombras que me esperan, como al agua
de secretos manantiales, como a un día
que se agota en sus acontecimientos, como a música
surgidad de la profundidad de la roca, como al humo
que sube del otoño en miles de fogatas, como a lo simple cotidiano
que amamos, las más de las veces sin enterarnos que amamos, como a una mujer,
finalmente, llena de equivocaciones únicas, te amo ignorando
lo que sé, como un tonto hombrecito sobreviviente
en reinos escandinavos.
Y es cierto que no te digo casi nunca que te amo, pero es que es que te amo!
II
Entre los vapores del mar ó los del vino, final de un país
que sabe como tu nombre amándome en soledad, lejos-lejos
de donde crecimos para encontrarnos, me levanto al inicio del día,
ó de la revolución que no hicimos, con tu olor entre los cajoncitos
de mis abajos
y a trompadas en el corazón me obligo a trabajar buscando
mis más locas esperanzas, en caída libre para el cielo.
III
A quién halagaría con banderas hoy en día, hoy en noche?
Para festejar qué cosa? Qué cojones?
Qué angel premonitor vendría a visitarme a este cuchitril escandinavo?
Quién se caminaría mesejantes vastedades ó bastedades para encontrarse
conmigo, con fondo de trompetas y/ó celestianes truenos?
Y yo…
Cómo removería yo estos vientos del mundo, estas furias que brillan
al amparo de los besos que no dí, de las caricias que avaricie y se pudrieron dentro mio?
Con qué silencio bienvendría yo el silencio de Dios que se desprende
en harapos de mi piel, mientras te cuento las historias que busqué sin encontrar,
con una voz interior que era polvo de mi otra voz?
Te cuento que pregunté a los rescoldos que bajo cenizas crepitaban de pájaros,
de sol, de viejos animales mios que nunca fueron míos
sino entregándose a vivir – que eran sus juegos,
sus razones de ser lejos de mi soberbia y mi necedad -
por las factibilidades de futuros incendios de la historia.
Silencio.
Te cuento porque hoy vas a venir y puse a dorar mis panes
en el horno de tus resplandores, para ver que piedrita de la revolución
que nos derrotó canta todavía violando las fronteras del mundo,
qué cajón del país que nos abandonó se llama como vos
ó como el final del crepúsculo de tu cuerpo,
qué pedazos de alabanzas vuelan todavía desde tus ojos y me ayuda
a respirar, a comer, a cubrirme en este rincón de lluvias
y relampaguitos de juguete,
mesmamente como si me desgarrara de mis ñañas y me largara a vivir
con lo que existe.
IV
Cuando pienso en la crueldad nuestra, pobrecita!, tan desamparada
de crueldades, tan tábano de fuegos batallados contra nosotros mismos,
tan sin hojitas verdes de alumbrar la tarde que te amé por primera vez,
sin imaginar que tendríamos que emigrar, ó escapar, medio mundo
tras esas iniciales fosforescencias de nuestros cuerpos,
cuando me declaro culpinocente de que el día se termine alguna vez,
de agotar irresponsablemente el sol, el cielo, las humedades y las distancias
entre vos y yo,
cuando ignoro las motivaciones del que puso a bailar las nebulosas
en el universo y reguardó los bellos finales tan lejos de nosotros,
cuando me muerdo de dientes para adentro los celos del mes
transcurrido entre humos y cansancios sin cuento,
cuando me obligo a entuertar mis mitades, los pedazos que dejé
diseminados al voleo,
me esperanzo de que en casa me espere la mortaja provisoria
con la que tengo que seguir tirando
y amarte una vez más, antes de que todo sea olvido.
V
En qué madera abismal me recosté al borde de tu olor
a mujer, a mar inabarcable, adúltero sin tu usted y me nací
de beso, en metrópolis a orillas de un río iniciático, color leche con chocolate?
Cuándo fué que entré desnudo e invisible
al lugar donde las resurrecciones son livianas piedras semipreciosas,
espumantes nombres de animales que amé alguna vez para no morir
a cada rato?
Para encontrarte no pude ó no quise cuidarme de tus oleajes,
de tus extranjerías centenarias ni de tus flores peleonas, pendencieras, salvajes
que acorralaban los prodigios del cielo
a lo largo de noches y días y noches hasta los límites del mundo
donde solamente existíamos vos y yo
VI
Tocame amor el rostro anterior al polvo.
Entre tus claridades le daré de comer tus muslos.
Escuchando la música de tus furias lo escudaré
contra la muerte que llevo dentro mío
desde las arenas de mi nacimiento.
Bajo tus manzanas de los viernes le zurciré sus mitades
desgarradas por el silencio agazapado entre nosotros.
Mostrame la sed profunda de tus nombres anteriores
a mi presencia con vos, soñá con las abejas de tus vocales suecas
que zumban cuando, mentalmente, hablás con los hijos,
arrastrá, entre las tristezas del mundo, este sol de tu sol dulce,
nochero,
huido de morir, arrancando apocalípticas crepitaciones
en el umbral de este milenio recién parido.
Disolveme, por favor, este miedo antiguo que me crece
y me muestra un tiempo futuro sin las mentiras
de la resurrección
ó el paraíso.
Tené en cuenta que ya camino desarmado,
que ya no respiro ni las bellas palabras ni las malditas,
que los harapos de las consignas, que me guiaron alguna vez,
me tiran de siza,
que ya no encuentro los senderitos entre las rajaduras
del diccionario.
Me quedé sin idioma, las catástrofes llenan el mundo
y las primeras planas.
Ay, Dios!
[Ay, Dios ó hay Dios?
Cómo es amor?]
Te pregunto, te apuro, porque los mascarones de proa del planetita azul
Apuntan sus maderales narices hacia otras dimensiones,
me respiran el final en la nuca cuando no me soñás,
y la nostalgia me crece desobediente como humo de tabaco
ó como rostros de viejos camaradas que llegan de noche a visitarme
con rostros de interrumpida felicidad.
Solo me va quedando el olvido, esta distancia hasta tu cuerpo
que muchas veces no me animo a andar,
y el trabajo del día con el que me castigo
como un idiota descerebrado.
Pero pieso en vos siempre, a veces con bronca
que me devora los riñones, es cierto, las más con tristeza
porque las últimas dulzuras sucedían los sábados,
los descuartizados domingos en que llovía en escandinavo
sobre el mundo,
y me caminaban las preguntas en eterno retorno
de principio y final
mientras respiraba esa luz de mujer que me envolvía
y que ahora, al volverme, a veces ya no está.
De qué me enterrarán?
Recordando que cosas me enterrarán?
De espaldas a tus ojos, quizás?
De rodillas entre tus muslos, quizás?
Escuchando la música de las mariposas de tu cuerpo, quizás?
Antes que la noche se llene de ausencias de ellas y de mi, quizás?
Antes que el sonido de las naranjas y las chirimoyas
se desvanezca en un cada sol,
en una cada Revolución,
en un cada siempre como cada nunca en que extravío
la cucharita de mi corazon entre tus chaparrones, quizás?
VII
El tabaco, de ser posible, negro.
El alcohol?.,. A veces si, a veces no, decide el miedo.
La mujer?...
Aahh!! La Mujer!!
Para encontrarla no sé si me perdí, sólo sé que me andaba buscando
con pavura…
que me andaban buscando, el terror rastrillaba el país
y esas cosas mejor recordarlas, es futuro que sucede de nuevo
si todos olvidamos.
Antes de encontrarla busqué entre los árboles frutales
de mi infancia, en los nidos de torcazas,
en las arañas que me obsesionaban,
en los cañaverales que la mujer no conocía
pero que ahora sé que exitían sólo porque la mujer ya existía,
en los zanjones, a orilla de los sauces, en el exacto límite
entre el desierto y las vides, en un país que la mujer soñó antes de nacer
y que lavaban mis terrores antes de que sucedieran.
VIII
Los hijos
El país….. te acordás del país?
Qué país?
El país….. qué se yo, cualquier país!! Podemos armar uno propio
con Dock Sud, los Arcos de Lapa, Viamâo, Parque Lezama,
el hotel de Köping – foto con pañuelo a la cabeza vos, con poncho yo
y la hija, Painé, que empezaba a vivir, también desde siempre -
y La Plata, la Ensenada de Barragán, donde desembarcaron los ingleses
primero
y los vikingos después para recordarme que nos estaban esperando
desde hace siglos en Västerås.
No importa!! El lugar no importa, la ciudad no importa.
Importa que nació Ernesto, sietemesino y no llegaba al quilo
y tenía tantas ganas de vivir!!
No sé si te acordás del miedo que tenías de sus ganas de vivir?
Y de mi miedo de que un pedazo mio que no era yo se me muriese,
porque no hubiera sabido qué hacer con los pedazos que me quedaban?
Pensé hasta creer en Dios para encontrar mis pedacitos
con tantas ganas de vivir como tenían y con tanta mala leche
que tenían que arreglarse con siete meses y menos de un quilo!!
Ya casi lo dábamos por perdido y ahora está más alto que yo,
podría cagarme a trompadas si quisiera.
Costó que pasara el ojo de la tormenta pero pasó y volvimos
a creer que nuestros pedazos eran inmortales y que el país existía,
contra toda evidencia.
La soberbia de nuestra inmortalidad a contrapelo del universo
es una constante. No somos los únicos. No te sientas mal,
simplemente es así, es imprescindible sentirse inmortal para vivir,
para amar de cara al odio que nos carcome la médula y los sueños.
Somos inmortales!!
Nos hemos cagado tantas veces en la muerte
Que anda toda churreteada de mierda por ahí
Y nos espera con una paciencia que le envidio.
Pobrecita la muerte, se jodió de nuevo cuando nació Nahuel.
Era hermoso Nahuel y La Señora se parapetó a la espera
De poder llevarse ese hijo … Pero no fué!!
Va a tener que esperar La Tarada!!
Si hasta me rio – de miedo será, porque… decime:
Quién no le tiene miedo a La Pelada?
Pero vivieron, no? Pero se cagaron en los pañales, no?
Pero crecieron, no? Los tres hijos.
Ya se frustró La Señora, ya anda haciendo pucheritos
de antes de llorar La Huevona!!
Pero entre vos y yo la piel queda cada vez más lejos de nosotros,
ya me siento extraño cuando me meto dentro tuyo y soy vos
y el mundo.
Hay muñecos de cera que me hablan cuando me quedo solo.
Pero es que tengo miedo de volver y no encontrarte.
Y si el país no estuviera cuando desembarco en Ezeiza?
Y si la bodega de Viamâo se murió con el viejo Biduli?
Y si el Tío Tomba no juega más a las quinielas?
Y si empaquetaron y vendieron La Plata, ciudad cuadriculada
donde vivieron mis sueños al costado de un bosque
y dos canchas de futbol?
Y si no te encuentro?
Qué voy a hacer con todos estos papeles que no existen sin vos?
Qué voy a hacer con mis interrogantes, cómo los llevo caminando ó a la rastra
hasta el abrevadero de tus nombres
si vos no estás en casa cuando vuelvo?
Alguien de mis ustedes que cuide que no se roben la cordillera,
el Valle de Potrerillos,
los huesos de mi tata enterrados en el cementerio que vigila
las piedras pelonas del río Mendoza!!!!
Y vos, si acaso… si todavía…
Y vos, dejame…
Y vos… a ver, mostrame el día de ayer,
las plumas del nohambreenelmundo…
El exactísimo balance de mi corazón!!
X
Acabó ayer la tarde de guardarse en el sótano.
No nació nadie en ese lapso.
Nadie bailó tampoco.
Una hecatombe de penas reptaron por el planeta
de sur a este y de norte a oeste.
Nunca la ”absoluta distancia” fué más absoluta
distancia.
Una orfandad dañina y dañosa de guijarros y plantitas
me ganó la mano de un jueves principio de semana,
fin del milenio a la intemperie en que vivimos.
Mundo neutro, ciego, sin veranos, sin luz.
Esta extensión del mundo, este país impar
de cifras que cierran pares en carpetas de cubito dorsal
en las estanterías de un planeta en extinción inducida.
Los blanquiñosos al teléfono y a callar!
El bolchevique a ignorar lo que parió la muerte
en España, acá abajito, en los treinta!
La historia que se joda!!
No me vengan con la excusa de que no tuvimos voz,
que arengamos inutilmente a los incautos, a los condenados,
a mi haraposo compadre Biduli, allá,
donde el río se vé como una mano!**
No me dá el corazón para escudo de tanto dolor
suelto.
No me da la raza para la risa ni la soledad para el sol,
no sé si allá afuera el astro abrió las puertas de los espejos
para permitir sacar a varear mis fantasmas.
Muy nublado sigue, según veo, Aliciamor, el mundo.
Agazapadito lo veo aunque lo miro de frente y a caballo
de mi osamenta
que a poco de andar se cansa, la elemental,
se aloca la cuerda,
se enoja con la muerte la mortal!!
**Nota: Viamâo – Rio grande do Sul – Brasil
XI
Allá por el sur, país de siete bestias y muchachitos,
allá, por el meridiano del globo por donde se escurren
mis humores, y perdidos, tristes, vuelven los esclavos
de mi sombra, allá donde los astronautas se extirpan los ojos
para no ver tanta ruindad a su retorno del cielo,
allá hablaba yo, alguna vez, con una calle sueca
como con una femina felina, blanca y negra, maluquísima,
y crepitaba mi amor con una cuerda locura por el tiempo perdido,
irrecuperable, de los hijos crecidos,
de los adioses en los aeropuertos,
de las tareas que nos autoimponíamos
antes de tomarnos en serio las tareas del día.
Nostalgias de Juan
A Juan, donde se encuentre.
Busqué a Juan esta mañana, tan luego mi mujer rajó para el laburo.
No lo encontré, no estaba, nadie supo darme noticias.
Qué hice de Juan? Por qué fisura en el espejo
se me piantó sin avisar?
Chamuyo con las plantas que toman sol en la ventana
de la cocina. Me notan desarmado: - ”Juansinmigo… pienso,<
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