Marta Miranda
nació en Mendoza. Publicó los libros de poemas Mea Culpa [Nusud, 1991]; El Oleaje [Nusud, 1998]; La misma piedra [Ediciones Del Dock, 2005], Nadadora [Bajo la Luna, 2008]. Participó en la Antología de la 1° Bienal de Arte Joven, Buenos Aires, 1989; Poetas Argentinos de Fin de Siglo II, Buenos Aires, 1999; Ventanas, Madrid, 2000; Poetas Argentinas 1961-1980, Buenos Aires, 2007; Animales distintos: muestra de poesía: Argentina, España, México. Autores nacidos entre 1960 y 1969, México DF, 2008. Desde 1986 reside en Buenos Aires.
mirandamirandita@yahoo.com.ar
Camina por el borde
contempla
el impecable espejo
Dice la nadadora:
no hay
como sumergir el cuerpo
en la superficie azul
En un punto preciso
se detiene y calcula la distancia
respira profundo
alza los brazos
Es corto el movimiento
las piernas se flexionan
y empujan el cemento
el resto cae al agua
por su propio peso
[de Nadadora]
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Quiero encerrarme
perderme en esta
casa oscura
en tu recuerdo
Imposibilidad de ver
Vos habitás
otra casa
otro mundo
desconocido para mí
Siempre lejano
[de Mea Culpa]
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Cada vez que arranco del sopor mirás
ajeno al mundo al que despierto
Parafraseando digo:
es tan
triste el amor
y lo es tanto el olvido
Quizá
un simple arreglo y nuestra soledad
ya no será tortura
Ahora:
cómo borrar la víctima
cómo hundir
la mano en la tierra
y mutilar lo que
quisimos fuera y
lo que no
quién tendrá el valor
para trocar la carne
en piedra
[de Mea Culpa]
Matineé
Desde el punto más lejano
es testigo su piel
del calor y del baile
Quien dirige la orquesta
fiel a sus designios
sacude su mano y los cuerpos
se mecen se inquietan apenas
como balsas
desiertas después de la tormenta
Desde el fondo
del salón el recuerdo
golpea la garganta
llama a escena
la figura de la
pálida muñeca
que hace un momento
tan sólo
un momento
con labios entrecerrados
bailaba
delicadamente un foxtrot
[de El Oleaje]
***
De cara al viento
tobillos
hundidos en la arena
El mar al
retirarse
como un dios instalaba
pequeñas
geografias al borde
de tu pie
[de El Oleaje]
Subte
Una bruma que
no es marina
las envuelve
estaciones, islas de luz
emergiendo
en la oscuridad líquida
Pasamos
no hay sorpresa
imposible
desviarse
Una tras otra
y esos rostros
en la isla
ahí
los nuestros, más dinámicos
todos
pasajeros
[de La misma piedra]
Sistema
Conversaciones triviales
sonrisas
máscara que oculta el rostro
Nadie nos conoce
giramos
solos
en el negro sin fin
del universo
Únicos
brillantes
cada cual
su propio sistema
su particular
mundo disecado
[de La misma piedra]
Yo no recuerdo la sonrisa de mi padre
Aunque la enfermedad lo devoraba
yo siempre ponderé
la buena salud estética de mi padre:
sus grandes ojos
sus manos alargadas
el aire irónico con que miraba el mundo
Desde su silla
si alguien cometía una torpeza
cosa frecuente dado el lugar
las circunstancias
si me miraba en esas circunstancias
sonreía calladamente
yo tomaba ese gesto como señal de bienvenida,
de ser parte de su mundo
Sin embargo
yo no recuerdo su sonrisa, digo,
lo material
de su sonrisa:
¿sus dientes
eran amarillentos
eran parejos?
En el recuerdo
la sensación es de felicidad
pero la imagen
al mirarme
es la sonrisa que ofrecemos al perro abandonado
que al cruzarnos en la calle nos sigue
mueve la cola, no nos muerde
Creo que es suficiente
con saber que mi padre sonreía
mas allá del recuerdo
para poder creer en la regla de bondad
de todas las sonrisas
de todo los perros
de todos los padres de este mundo
[inédito]