1] BAJO EL SAUCEHabrá que aceptarlo: el tiempo asolacausando a su paso estragos en el huerto.La tierra... [mi tierra] cansada, yerma y dormidabajo los tranquilos rayos del sol, ya no calienta...ya no provocan sus entrañas las erupciones de antaño.La semilla cae, lenta,tan lenta, que se disgrega en el aireaun antes de besar la era.Ya no copulan surco y azadón.Habrá que aceptar, por lo tanto,qu ...
1] BAJO EL SAUCE
Habrá que aceptarlo: el tiempo asola causando a su paso estragos en el huerto. La tierra... [mi tierra] cansada, yerma y dormida bajo los tranquilos rayos del sol, ya no calienta... ya no provocan sus entrañas las erupciones de antaño. La semilla cae, lenta, tan lenta, que se disgrega en el aire aun antes de besar la era.
Ya no copulan surco y azadón.
Habrá que aceptar, por lo tanto, que el huerto está en veda arbitraria, absoluta y perpetua durante un otoño interminable. Sus contornos armoniosos se los ha sorbido el viento y la curva de sus deslindes se repliega ante el tranco salvaje del invierno. El huerto agoniza en SOLO arrimado a la vera del único árbol [¿un sauce tal vez...?] con la esperanza leve de que una, una sola de sus verdes de lágrimas le caiga encima y le bese la frente para entonces, anulada la sed de la espera [él pueda...] congraciarse consigo mismo y disolverse en paz.
Amanda Espejo Quilicura/19/01/06
2] ALGO ASÍ...
De vez en cuando, dormía así: con los brazos cruzados, curvos y apretados sobre la cálida luna de su vientre.
Soñaba tal vez... Acunando, conteniendo, prolongando todos los calores los orgasmos, los temblores, inducidos por... el tanteo, la lamida y el jadeo del intruso persistente, [no nombrado] empecinado en guarecerse en el húmedo refugio que [ella] esconde entre sus piernas.
Los viernes, noche, casi rozando la madrugada, después de la venida, la irrupción y la estampida al galope del Amatorio Prestado [ y para no llorar su falta...] ella dormía así.
Amanda Espejo Quilicura/20/05/07
3] Me duele...
Hoy me duele todo... Hasta las dolencias que no tengo precisamente por eso: por ajenas. Me duele hasta la posibilidad, siquiera, de enfrentarme y sucumbir ante el dolor.
Me duela le risa en solitario de mi hijo, su negación implícita en la discordancia del tono. Me duelen los quejidos torcidos entre tanta carcajada.
Me duele este dormir en la orilla de mi cama. Y en contrapunto, el resto de sábanas sin remover... Me duele cruzar el límite para abrazar la NADA.
Me duelen las cavidades ocultas de mi memoria. Un óvalo arrinconado... Mi útero desgarrado por un garfio de