ISerás, Invierno, triste para siempre?Dime si un día conociste la eternidad y desde entonces llueves,no sonríes nunca,y que hay un pájaro que te lastimay que se clava en el tejado,que conociste el hambre y desde entoncesno puedes comer cuando hay hombres a tu lado.Dime si una góndola no nacecada vez que damos muerte,si no dispara el Diablo siempre,justo, donde no ha mirado Dios.Solo es esoo h ...
I
Serás, Invierno, triste para siempre?
Dime si un día conociste la eternidad
y desde entonces llueves,
no sonríes nunca,
y que hay un pájaro que te lastima
y que se clava en el tejado,
que conociste el hambre y desde entonces
no puedes comer cuando hay hombres a tu lado.
Dime si una góndola no nace
cada vez que damos muerte,
si no dispara el Diablo siempre,
justo, donde no ha mirado Dios.
Solo es eso
o hay también la forma de la materia inerte
que salta y salta porque tú la haces saltar,
como los hombres que no llegan ni van,
ni vienen ni están.
Mas es invierno, y hoy, no hay más respuestas.
Que no llueves abril cuando hay ancianos,
ni mojas tu ciudad como un gran rio,
eso lo sé; pero son muchas tus lagrimas,
aquellas que disipan la neblina
azul que yace en el olvido.
Señala el centurión que te aprisiona
al borde de los días y las horas
y no te deja ir.
Serás, Invierno, pálido como esa estrella,
que no prende porque no hay caminos?
No me digas, Invierno, que no te vas a abrir,
como una rosa virgen que florece,
tras el paso fugaz de ese ángel por el mundo.
II
Cuando halla pasado todo
he de mirar hacia aquella celeste nube,
impertérrita de abrazos nuestros,
he de mirar de golpe saciando la sed humana
cuando en lo intacto del doblez, no del sudor,
ni de las lágrimas,
aparezcas por última vez ante mis ojos.
Cuando halla que partir
he de volver hacia aquella celeste nube,
sacrificio de mortales, que en lo divino
del motor sin pausas, ni engranajes,
ni fin sin comienzo,
es el borrador de la historia, es quien une
sus fuentes en abrazos dúctiles, indestructibles,
como un libro entre las manos nuestras,
o una cena cuando despunta el mediodía,
pero sin llevar el hambre total
dejándonos libres de anárquicos dogmas
libres de la oscuridad mas no del misterio,
ni de las orillas púnicas, ni de tu voz,
ni de tu abrazo, ni tu llorar,
ni de la noche, ni...
Cuando halla que olvidar
he de soplar fuerte hacia aquella celeste nube,
efervescencia del amor,
concibe y pare en el hocico de la muerte
que muriendo así, aun existe, y es suficiente
para condensar nuestro quehacer de humanidad.
Cuando halla pasado todo
he de mirar, por ultima vez, hacia aquella celeste nube
que proyéctame hacia los bornes del conocimiento,
he, silencioso, de mirar por aquella primera vez,
con ese saludable tono hacia lo nuevo
y como un desconocido reiré, y firme,
tras de aquella celeste nube
seguiré un camino que se ara con cada
pisada hirviente de nuestro sueño.
III
Cuando los ojos han anclado, obnubilada esta emoción,
desde sus cascarones periféricos y platinados,
cuando estos ojos, funcionales visionarios y
en perfecto estado, colapsan;
no de células constantes, ni partículas elementales,
cuando quiebran su quehacer,
obviamente lejos de cualquier ceguera que pasajera
pulula fuera de los ojos;
-constante riesgo que se corre siempre de mirar-,
cuando quiébranse al fin en gotas que nunca más
han de condensarse,
una palabra queda, luego subo, bajo, atisbo,
y al fin reparo, no tengo mirada.
Y cuando esta voz ya no os llega,
he dicho, en consecuencia sin voz:
¡Aire, mi palabra es débil!
ceded vuestro alud celeste, que de humanidad
ha porfiado los suspiros que las gargantas
no dejan salir pese a los hombres,
ceded a nuestra espina dorsal, que conecta
como ramas de esos arboles inmensos,
las palabras de nuestras bocas
con la boca de dios, ceded,
Aire, un espacio que es vital,
pero no aquel donde se construyera la materia,
sino aquel, el espacio donde se construyera
la idea, la idea que construyera luego
la estructura que conectaríase con esta información,
información que se figuraría en cada dimensión,
y en esta, desde donde escribo, finalmente
un tiro, un disparo, la energía condensada...
Pero cuando no tenga voz para rogarle al Aire,
no tenga aliento, ni figuras compactas,
la saliva inerte, la boca cerrada,
mas no de no poder hablar, sino de no saber hacerlo,
nuestros labios culebrearán como por sendas angostas,
como lo hacen las culebras por sendas angostas,
cuando nuestra lengua avance mas allá de nuestros actos
y no se puede controlar, pero sin emitir sonido siquiera,
cuando recuerde que una vez callaba de tanto poder
gritar!!
cuando quiébrese al fin en lazos de seda que nunca más
han de condensarse,
una palabra fuera, luego, rio, lloro, entro, salgo, grito,
y al fin reparo, he perdido esta voz.[hemos perdido nuestra voz]
Cuando sentado frente a un papel que agazapado espera
ser liberado al fin de su cuadriculada percepción tridimensional,
cuando sentado frente a un papel vea sus manos,
sus piernecitas cortas, sus cabellos peinados,
cuando vea frente a un papel solo un papel en blanco,
cuando tiemblen mis manos, cuando ya no sangre desde abajo,
cuando aunque no se halla acabado la tinta,
cuando ni siquiera ella, a pesar de querer,
sepa como sentarse conmigo y escribir
como lo hiciéramos tantas madrugadas, donde luego,
embriagados de amor sucumbiéramos a los brazos plenarios
de la noche y su misterio,
cuando estos 'cuándos' ya no pesen así, ni duelan sus pisadas,
cuando hallamos olvidado todo lo que somos al fin,
y más aun, lo que siempre fuimos y nunca dejaremos de ser,
pese a que ahora creemos no serlo,
cuando no creamos, cuando no soñemos ni nos colguemos
de las cuerdas de aquel sueño,
cuando no ardan nuestras manos, y bajemos el cañón
que en nuestra frente aguarda,
cuando dejemos de morir, cuando dejemos de nacer
dentro de esta vida eterna,
cuando trastoquemos la materia y todo lo nuestro
ya no tenga un campo de fuerza,
cuando nos desnudemos y empecemos ha brotar
como las flores de un jardín,
en las orillas del vacio, en el mismo vacio;
una huella quedará donde cabría una palabra,
un espacio donde correr, una altura donde saltar,
una profundidad donde se hunda el mar,
un eco donde reír, un suspiro donde llorar,
lloraría, reiría, hincharíale la aorta al sol y desde arriba
saltaríamos los dos al ancho mar,
y desde el fondo,
cuando ya no sea hondo, y esta agua celeste no moje
nuestro cuerpo,
cuando la esencia del ser descienda
cuando quiébrese al fin en gotas que nunca más
han de condensarse,
solo hay que soñar de nuevo, y tener la seguridad
de que ese sueño vaga arriba en nubes,
mientras sostiene abajo lo que en tierra salta,
seguros de que es posiblemente imposible, y más aun,
creamos que ya lo hemos tocado, y lo habremos hecho,
podre escribir de nuevo y habré vuelto a nacer.
biografia:
Dean Robert Uribe CárdenasEscribo porque es para mí una necesidad basica, como el respirar...
dean_uribe@hotmail.com