[Poema en prosa]EL ÁRBOLBusquemos un árbol, mi amor, y en la frescura de su sombra dejemos reposar la vida. Dejemos que el verano nos aceche con su torbellino de luz y de pájaros enloquecidos, Dejemos que nuestro sueño tenga ángeles verdes y melodías de chicharras en la siesta. Nadie ni nada podrá despertarnos. Seremos dos racimos de agua palpitante, corazones tocando el cielo bajo la espes ...
[Poema en prosa]EL ÁRBOLBusquemos un árbol, mi amor, y en la frescura de su sombra dejemos reposar la vida. Dejemos que el verano nos aceche con su torbellino de luz y de pájaros enloquecidos, Dejemos que nuestro sueño tenga ángeles verdes y melodías de chicharras en la siesta. Nadie ni nada podrá despertarnos. Seremos dos racimos de agua palpitante, corazones tocando el cielo bajo la espesura del ramaje.
Afuera, la sed irá abriendo grietas leves en la tierra y una lagartija fundirá su piel bajo las llamaradas del sol. Lejos, la muerte cruzará el horizonte con su esqueleto de sal. Pero nada podrá despertarnos. Solo la fiesta silenciosa de las hojas será el nido de nuestra felicidad.
Luego, con los ojos lastimados de tanta claridad, veremos acercarse la tarde y la paz volviendo al mundo. Entonces, con las manos entrelazadas y bañados de sombra nueva, regresaremos lentamente al pueblo.
MIEDOUn niño ha quedado solo, sentado en el cordón de la vereda. Tiene los codos apoyados sobre sus rodillas y con las palmas de sus manos sostiene la desolación de su rostro. Junto a él llora un árbol de hojas livianas, y por el fondo crece la tristeza de un cerro en la intemperie. Hay una sensación de que todos se han ido ¿dónde?. El niño mira la calle larga y puede ver en la distancia a la multitud que se aleja llevando carros cargados de ropas y animales. Es inútil; su llanto ya no puede alcanzarlos.
Quisiera huir de este sueño pero sé que del otro lado de su dimensión está mi dolor verdadero. Quizás me despierte en la celda de un convento amarillo, con galerías llenas de sombras, y mire por esta misma ventana un cerro y un árbol que llora, y sepa entonces que he quedado definitivamente solo.
EL PUENTEBastó una palabra y toda la luz de tu paisaje se encendió dentro de mi sueño. Vi tus cerros de verdor incomparable trepando la amplitud del cielo, vi tus ríos de aguas transparentes y musicales invadiendo las piedras de la memoria, vi los rostros y las manos infantiles que dibujaban un adiós desde el patio de la vida, vi los abismos del vértigo en los bordes del camino por donde iba nuestra felicidad sonriendo entre los dos. Todo eso vi en un tiempo que luego fue un instante, y un olvido. Ahora no basta tu silencio para romper el puente que cada noche me lleva hasta el umbral de tu mundo, como un pecador arrepentido. No me basta el puente.
Santos Vergarabiografia:
Santos Vergara
Noticia biográficaSantos Vergara nació en San Ramón de la Nueva Orán en 1955 y egresó como Profesor en Letras de la U.N.Sa. Sede Regional Orán en 1985. En ese mismo año publica Las ausencias [cuentos]. Artista plástico, realizó numerosas exposiciones de sus dibujos y pinturas, ilustró libros y revistas de Orán y construyó junto a Damián Cortez las esculturas Monumento al aborigen [plaza Santa Marta], Mariano Moreno [plaza homónima] y Hombre americano [Escuela Patrón Costas]. Fundó en 1982 el Grupo Vocación de Orán que por 20 años promovió y difundió la cultura del norte salteño. Publicó los libros 'El cuentista' [cuentos, 1996], 'Las vueltas del perro' [novela, 1998] y 'Orán Trópico Çorazón' [Historia socio cultural de la última ciudad fundada por españoles en América, 2008] además de colaborar con notas culturales en diarios y revistas del país. Logró el Primer Premio del Concurso de Ensayo de la Provincia Edición 2002, con su trabajo 'El pim-pim o la supervivencia de una expresión teatral aborigen en el norte salteño'
Actualmente se desempeña como docente de Lengua y Literatura en establecimientos de Orán y dirije la publicaciòn cultural 'Cuadernos del Trópico' que se distribuye por diferentes ciudades del país.
santosvergara@gmail.com