Franja de GazaDos chicos hacen castillos de arena, de otra cosa son edificios, no tienen sol. Hay aviones que llegan y los pibes miran. Los demás siguen su vida. Ya no alzan la vista cuando oyen el trueno, solo hunden la cabeza entre los hombros y esperan. Los otros no escuchan, adivinan muertes, de segunda, de las que se muestran, gente extraña que se viste feo y se mueve entre humo ...
Franja de Gaza
Dos chicos hacen castillos de arena, de otra cosa son edificios, no tienen sol. Hay aviones que llegan y los pibes miran. Los demás siguen su vida. Ya no alzan la vista cuando oyen el trueno, solo hunden la cabeza entre los hombros y esperan.
Los otros no escuchan, adivinan muertes, de segunda, de las que se muestran, gente extraña que se viste feo y se mueve entre humo y polvo. El cielo gana grises y los diablos hablan, dan razones inauditas; y todos aceptan rápido. Nadie grita ¡NO! Es que tienen que seguir; pagando, comprando, masticando, negando lo que afirman, creyendo lo que niegan. El televisor, grande, brillante, nítido, enseña cuando: emocionarse, indignarse, deprimirse, reírse, excitarse, socializar, manosear a la vecina, que piensa en el de la novela de la tarde mientras la penetra alguien que es un extraño porque no está en la pantalla e, inexplicablemente, vive. Todo está bien, es justo y necesario, la gente es peligrosa si puede contagiar pobreza, dignidad, rebeldía, conciencia.
Los chicos en la arena húmeda siguen con sus juegos, como los demás, los que ya están muertos y no lo saben
Alguien levantará la vista, escuchará los truenos, cerrará los ojos; y todos moriremos un poco más
biografia:
Osvaldo Pampín
Vivo en Mar del Plata y soy escritor, tengo tres novelas y un poemario
oopmdq@gmail.com