VITRALPrimero fue tal vezun ciego pulso mineralde contraria simetría,el reto de un desdoblamientobajo oceánicas tinieblas,la minúscula alquimia delazarduplicando pequeños universosDespués quizá un desgloseen secreto fulgor denervaduras,el remedo vicario de la fuente,la fantasmal repeticiónque el eco prolongafugaz sucedáneo de lo otro],la trémula superficie descifradadesde el lejano incend ...
VITRALPrimero fue tal vez
un ciego pulso mineral
de contraria simetría,
el reto de un desdoblamiento
bajo oceánicas tinieblas,
la minúscula alquimia del
azar
duplicando pequeños universos
Después quizá un desglose
en secreto fulgor de
nervaduras,
el remedo vicario de la
fuente,
la fantasmal repetición
que el eco prolonga
fugaz sucedáneo de lo otro],
la trémula superficie
descifrada
desde el lejano incendio
en el inicial asombro
de la bestia junto al lago.
Más tarde acaso un día
dos mirdas,
el brillo de unos ojos, íntima colisión de lo
diverso,
mágica travesía de amor y
odio,
en gravidez de luz.
Entonces,
reflejo de abismos
invertidos,
apenas deletreado el lenguaje
de las cosas,
llegaron infalibles
diálogos sobre diálogos,
el fracaso de suscitar la
imagen ida,
en concepto y carnadura,
la remota discordia de lo
semejante.
Como símbolo de algo que
ignoramos,
tras el tiempo circular de
los relojes
se fueron las estrellas del
sur,
el río mar adentro
con sus agus color de león,
la rosa angrienta del ocaso,
la pampa desmedida.
Ahora soy sólo yo,
frente al espejo,
preguntándome por qué.
PoloA Carlos Arienti,
in memoriam.Palabras tumefactas,
mordedura interior,
balbuceos de mascullada
muerte.
Sus tensos globos oculares
miraban otra cosa,
fijos en el umbral anhelante.
Trago amargo de la nada
que a todos espera.
Así
tendido
en la desnuda cama de
hospital,
respiró últimabas bocanadas
de vacío
ese otro nuevo hombre
para otro nuevo lienzo
de la lección de anatomía.
Muchacho de barrio,
o sea,
persona universak,
capaz de mano sincera
y odio preciso,
se jugaba la vida en voz
baja.
El vino de los días
se le derramó por dentro
quemándole un hálito
de entrañas anegadas.
Degollados
disertaron sobre su cuerpo
exánime,
a puerta cerrada,
los médicos de guardia.
Después lo envolvieron
estrechamente
en sábanas blancas,
como si pudiera escapar,
o desparramarse
por los mundos
que lo vieron desafiando
el sacro orden del absurdo.
No quiso vivir a medias,
morir a medias.
Se fue del todo.
Siempre hay muchos como él.Hoy,
en los portales del IV
Reich,
los pienso a ellos,
a nosotros,
como el túnel
que cavará la luz.
Están, estamos,
en cualquier esquina,
en el café o el aula,
en el taller, la cancha,çla redacción de un diario,
los campos desbocados.
Somos,
son,
los que nos jugamos la
muerte,
los que siempre fuimos
derrotados,
traicionados,
para vencer al fin,
una y otra vez,
la victoria segura
de lo cotidiano.
La guerra afila
su prueba de fuego.
Todo verdor
renacerá.
Un buen día
todos los días
digo
salvarán,
salvaremos,
al mundo.
CaféA Iliana GodoySe sentó en el café,
frente a mí,
en torno
a la pequeña mesa redonda
de mármol blanco,
y clavó en mis sueños
la serena,
celeste mirada
de sus ojos café, y una sonrisa breve y clara.
Tomamos café
en silencio,
rodeados de un vago murmullo
literario.
Luegos nos dijimos unas
pocas,
discretas lucideces,
danza de palabras,
ternuras presentidas.
Sin cálculos,
sin citas,
sin datos.
Quedé
tocado de su gracia.
biografia:
Eduardo Lucio Molina y Vedia, periodista y escritor argentino radicado en México desde su exilio en 1977, nació en Buenos Aires en 1939. Es autor del poemario 'Río mar adentro' y de la serie de raleatos 'Cuentos de novela'. Ensayos y artículos suyos sobre temas de política internacional, sociedad y cultura aparecieron durante medio siglo en diversos medios del continente americano y en algunos de Europa y Asia. Sus textos literarios se han publicado asimismo en periódicos y revistas de América Latina.
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