Los campos sembradosSin decirlo, como cuando se sabeque soñamos, nos esperamos en el prisma de una mirada; y en esa breve contemplación, el espacio se dilata en la pupila atenta, como un campo iluminado por el amanecer.Dónde queda, entonces, el espacio justo para la palabra que, se sabe, es el universo capaz de dar la vida o quitarla, si frente a ese campo, la cálida luz del alba nos maravilla ...
Los campos sembradosSin decirlo,
como cuando se sabe
que soñamos,
nos esperamos en el prisma
de una mirada;
y en esa breve contemplación,
el espacio se dilata en
la pupila atenta,
como un campo iluminado
por el amanecer.
Dónde queda, entonces,
el espacio justo para
la palabra
que, se sabe,
es el universo
capaz de dar la vida o
quitarla,
si frente a ese campo,
la cálida luz del alba
nos maravilla, por decirlo así,
hasta el punto de
enmudecer.
Entonces, será,
disfrutaremos eternamente de ese silencio,
que no es la falta de
'cosas para decir',
sino más bien la señal
de que los campos sembrados
reverdecen con la luz,
y que el único sonido apreciable
es el arrullo del río que espera
más allá.
Acerca de un poemaAcaso estas palabras se acerquen al poema
ya que el poema es siempre otra cosa:
es un cuadro lleno de pájaros ausentes,
que se presienten en el dibujo de las nubes;
es un muelle en el que cabecean unos botes,
donde hay uno que ya no regresará;
es el sueño de un ermitaño
que, despierto, contempla el amanecer;
es la primera palabra del primer hombre
frente al mar.
Acaso el poema huye de mí
dejando una estela de sonidos y signos arbitrarios
perdiéndose bajo un océano irrecuperable.
Como un faro sumergido,
apenas su luz en la superficie.
Acaso ya estoy muy lejos de aquí
y, sin embargo, persisto.
Los restos de un naufragio en la costa
me acercan a la idea de un barco
pero no a su totalidad.
AmaneceEl matiz ambiguo
de la mañana,
escala de grises sobre las casas del barrio,
no cesa, ritual,
de expandirse a lo largo de la calle.
Los testigos,
los perros en el baldío,
que deambulan toda la noche,
lo van percibiendo
como una cosa
cercana y sin nombre,
que los envuelve,
grises ellos también.
***
El sueño se esfuma,
jinetes de niebla
lo atraviesan en batalla.
Vil manera de huir
el cuerpo de la mente,
la mente del cuerpo,
todos nosotros.
***
Duermo y olvido
El mundo regresa al ruido y al movimiento.
Hacia una sola dirección,
sus fragmentos,
letras sueltas flotando en un plato de sopa,
remolinean,
bailan y se estorban
ante una multitud hambrienta.
De nada sirve el desconcierto al despertar.
***
El silencio de la habitación,
los asomos de luz en la persiana,
brotan en la conciencia
como señales de un lugar
al que se va llegando.
biografia:
Damián Lagos Fernandoy nació en 1981, en Temuco, Chile. Reside en Viedma desde 1986. Ha sido estudiante de la carrera de Profesorado de Lengua y Comunicación Oral y Escrita, en la Universidad Nacional del Comahue. Ha realizado talleres literarios, como asistente, y luego como coordinador. En 2005 obtuvo el segundo premio en el Concurso Río Negro para autores inéditos, en poesía, y una segunda mención en narrativa. Ha publicado reseñas en la revista literaria El Camarote, además de un artículo sobre el poeta Jorge Douglas Price en el libro 'poesía } río negro' Antología Consultada y Comentada. Ha publicado una serie de poemas en el número 10 de la revista El Camarote. En 2008 publicó su nouvelle 'Viaje de ida y vuelta', ganadora del Concurso Río Negro para autores inéditos, en el libro 'Cuatro Relatos', junto a otros tres autores de la provincia. Es músico y compositor y actualmente integra el trío de fusión 'Ensamble [al mundo mulita]'.
damian440@yahoo.com.ar