hollejos de tristeza De la tela con que se hacen los sueños vestí ayer mi último hijo. llamé su nombre para que despertara a este día infructuoso, lavé sus manos y su cara, peiné su hambre, lo eché descalzo sobre la piel agreste de mi patio. Va mi hijo así vestido y yo desnudo de sueños y harapos vuelvo a contemplar el hollejo ennegrecido de una tristeza. Me mira allí difusa junto al ca ...
hollejos de tristeza De la tela con que se hacen los sueños
vestí ayer mi último hijo.
llamé su nombre para que despertara a este día
infructuoso,
lavé sus manos y su cara, peiné su hambre,
lo eché descalzo sobre la piel agreste de mi patio.
Va mi hijo así vestido y yo desnudo de sueños y
harapos
vuelvo a contemplar el hollejo ennegrecido de una
tristeza.
Me mira allí difusa junto al cajón de frutos vacío.
Poco hay para apenarse en esta casa silenciosa.
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hocico de mar ¿Quién saca los pies del mar:
perro violento que intenta ser amable,
animal azul que no han matado todavía?
¿Quién sacaría sus pies del mar
para andar como milagros descalzos por la casa?
Si me atrevo a la mesa
como a un campo de batalla
o si me cargo el silencio,
bolsa de qué preguntas.
¿Quién tendrá a mano su mano por detenerme?
Es por este mar que llegan
a morir los pájaros, veteranos
peces fugados que las redes preguntan.
Bajo este mar de calma que preanuncia tragedia
inspira con la luna y expira sin ella.
No he zarpado por las noches
y en la leva del ancla trepa un fuego a esperar.
Miro solamente
como el muelle mira
y la marea
miente por volver.
Si me atrevo a la mano como amarra
o me atrevo
a la mano
como viento
quedaría una costa a mis espaldas
quedaría el margen seco pasado.
El muelle sigue aquí bajo el cobarde.
El mar, perro violento y azul,
cubre su hocico de espuma y se lanza contra mí.
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árbol del pájaro final No dará canciones este árbol:
antes será astilla, pájaros
secos que llegan a rodar
en el solar de las calandrias.
Y cuando el rayo mal te parta
y cuando el viento álamo te agite
y cuando la raíz amarga te destierre
creerán silbos arder en tus ramas como noches.
Vendrán mudos del mundo ensordecido,
Vendrán callados del país de esta palabra.
Escuadras que Roma envía para llegar a su silencio.
La mansedumbre.
El vello ensortijado de las almas raspará
por instantes
tu corteza, rozará alumbrado
el lugar del viento,
estropeará entonces el aplauso
y no dará canciones este tronco:
De aquí sólo habrá leches del tiempo,
contarán historias otros bosques,
otros magos estarán durmiendo.
¿Qué harán ahora ahí esperando?
¿Qué piden al árbol que no da calor?
¿Qué dicen mudos del país que los echara?
¿Qué dicen a la sombra de lo que será la llama?
Ojos para mirar el cielo, eso quisieran.
Ojos para buscar el pájaro final.
Ojos que arrancarse de sus ojos
cuando fuego fuera su primera palabra. Y no tener ya bocas donde hubo ramas;
y no sostener lo que queda
de aquellos pájaros
que mueren en pleno vuelo.
[todos publicados en 'Último Paisaje' - Fondo Editorial del Chubut - 2005]biografia:
Gustavo Javier De Vera Barbierinacido en Uruguay [1961], radicado en Argentina desde 1980.
Divorciado, con dos hijos, reside en la ciudad de Esquel [Chubut, Patagonia Argentina] desde 1992.
Escritor, periodista, gestor cultural, comunicador social.
Es autor y coautor de cuatro ensayos de historia regional de la Patagonia.
En 2005, el Fondo Editorial de la Provincia del Chubut, seleccionó y publicó su poemario 'Último paisaje'.
gustavodevera@yahoo.com.ar