IntimidadQuiéreme, a solas,sin testigos, que el beso que te tiembla en la mirada se me pierda en el alma y grite el cuerpo.Desnúdame, tierna, liberada, que llego a tus pies para mirarte… culebra rígida, hilvanando sueños.Quiébrame las ganas en tu lecho, cabálgame insaciable la malicia, y cuando sepan que te sigo viva cegarán de envidia los perversos.No he de querer ya más, ¿Por qué dec ...
Intimidad
Quiéreme, a solas, sin testigos, que el beso que te tiembla en la mirada se me pierda en el alma y grite el cuerpo. Desnúdame, tierna, liberada, que llego a tus pies para mirarte… culebra rígida, hilvanando sueños. Quiébrame las ganas en tu lecho, cabálgame insaciable la malicia, y cuando sepan que te sigo viva cegarán de envidia los perversos. No he de querer ya más, ¿Por qué decirlo? Si soy mujer que busca en el sagrario la intimidad que guarda adormecida la musa que me inspira el verso.
Trasmutada
Hoy me trasmutaré, brincaré al jardín donde se esconden los duendes. Las manos se recubrirán de seda virgen, el rostro quedará convertido en ánforas de besos, y con el cuerpo en espiral llegaré hasta ti.
No entenderás el sabor en tus labios, ni la suavidad repentina de tu piel cuando envuelto en la tibieza de mi abrazo se desgarren en surcos tus deseos.
No entenderás ese suave murmullo en tu nuca, ni el palpitar del cuerpo que te invade.
Llevo una eternidad girando, rondando el aroma de tu pecho, lamiendo desesperada tu sal, olfateadote en la niebla profunda de la espera.
Hoy haré con tu amor lo que desee porque, trasmutada, solo yo te reconozco.
Sin piel
Apago la hoguera que precede a mis incendios; el vientre grita. Me acerco a la noche con escalofríos, ardiendo aún con los deseos en flor.
Llevo la maldición de sentirme amada. Pero no es aquí, ni ahora, ni eres tú el que comprende mis ardores.
Sólo ese fantasma de otra vida, cuando con otro cuerpo alcanzaba el éxtasis que guardan mis silencios.
Aprisiono voces, se nublan los sentidos, rechazo las barreras Que doblegan este cuerpo inútil en esta profundidad mortal.
Un llanto seco hace surcos en mi rostro. Soy fantasma que suplica tener piel.
HE VUELTO ENCADENADA
Un misterioso porqué de las cosas me llevó allí.
Hoy, de bien adentro, he vuelto bañada de mangle, sumergida de selva. Verdes nuevos me brotan sin fronteras.
Traigo luz de misterios en los ojos, bramidos retumbando en cavidades antiguas, catedrales de sal sobre mis pechos.
En la espesura, bien adentro, encontré el mestizo de ojos grises. Toqué el ala de la vida y me bañé de musgos olorosos. En senderos ocultos descubrí terciopelos de cuerpos intocados.
Aromas y ambrosías de pulpas nuevas me fuerzan a volver a la lujuria de la noche.
Ahora vuelvo tejida de cadenas y de algas.
Reverdece A podido morir de amor y no hay huellas. Las lágrimas secaron la lava ardiente cubriendo de sal los aleluyas.
Se sabe viva. Desesperada arranca abrojos. Seca y fría lame la hiel de las grietas, y trata de atar los pedazos de cordura con el azul infinito de la espera.
En la faena es cordón que se enreda en las aguas y reverdece.
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Desnuda y viva
Se acabó el pudor. Ha decidido caminar desnuda en la noche, erotizando ensueños. Una fuerza mágica la mueve. Las sombras de las bocas que la besan y las lloviznas que la cubren de alfileres le provocan un delicioso cosquilleo de felicidad oculta. El cabello se le enreda en los brazos que se alargan en delirios.
Entorna los ojos y la media luna aparece cristalina y transparente. Por el sendero surge un suave aroma a sexo voluptuoso, y se derrama el deseo en los cuerpos ajenos y en el propio.
Sigue caminando a paso lento, mientras su cuerpo se roza con la piel del viento, y la libertad la cubre con su manto tibio. Está la noche a su favor. En las sombras se escuchan los suspiros de un fantasma enardecido y sus ojos brillantes se asoman al balcón del amado, dispuestos a ser iris en la entrega.
Siempre caminó cubierta de desidia, del portal al umbral, asfixiando lo que el cuerpo le pedía. Ahora ya lo sabe, no dará marcha atrás, seguirá desnuda mientras viva.
A lo lejos un anciano le hace el amor a sus recuerdos y una niña descubre de repente las aureolas de sus senos tiernos.
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Boda negra [relato]
Se oían claramente las carcajadas de los fantasmas vestidos de frac y corbata, entre los alaridos y sollozos de los mártires. El duelo de las vírgenes y los santos, cargando cadenas, y crucificados con espadas ensangrentadas, hacían marco a las miradas en espera de los guardianes del amor. Todos escuchaban los cantos gregorianos y el crujir de las sandalias de los monjes encapuchados.
La novia caminaba lento entre los naranjos, y los pasadizos secretos le murmuraban letanías interminables. Se presentía el desenlace. Era la hora exacta de la boda. De entre su corona de azahares se deslizaban los gusanos del cráneo. Los rizos dorados del cabello se desprendían en cadejos sobre los tules blancos que cubrían sus senos de nácar mustia, y de su vientre flácido de esperas frías y largas emanaba un humor de partos deseados.
Como lo prometió, así llegó, pensativa y pálida ante el altar. Ella tenía sombras opacas en los huecos oscuros de sus ojos, y él una mueca de desesperación. De entre los harapos de su frac se podía ver un corazón palpitando de emoción. Era la hora de la boda negra. Valió la pena la espera. No les cabía duda, siempre lo supieron: el amor es eterno.
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LECHE Y MANÁ
La madre se vistió de crisálida y le dio leche de sus senos. Pintó su cara con ternura de duendes saltarines. Usó el pincel más fino para trazar líneas con vuelos de gaviotas.
Abrió las ventanas de par en par, la luna dorada brilló sobre su cuna. La noche se hizo aliada de sus horas, arrullándola con brisa de palmeras y nanas para que no murieran las hadas de la imaginación. Creció adorando su pecho de bronce y plata, acomodando su cabeza entre los huecos de sus alas. Rellenó de sonrisas sus ojos cuajados de rocío y creció, pulgada a pulgada, sobre un suelo de algodón azucarado, que ahora le sirve para calmar el huracán de sorpresas que le va dando la vida.
Madre, se transfiguró y se fue. La niña llora esperando que baje de los cielos el maná dulce de los pechos de su ángel.
No hay sorpresas que no conozca, ni alegrías que no intente.
Carmen Amaralis Vega Olivencia les saluda en este Maravilloso Encuentro en Cuenca 2007.
cvega@uprm.edu cvegaolivencia@yahoo.com
www.carmen-amaralis.com
biografia:
Carmen Amaralis Vega Olivencia es Doctora en Química y ejerce como Catedrática de Química en el Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico [RUM], en la que desarrolla su labor docente e investigadora, compaginando estas actividades con una fecunda labor cultural, tanto en el campo de la literatura, como en el de la música y otras ocupaciones plásticas y artísticas.
Quizás sea, por encima de tantas polifacetias, su curiosidad vital, su imparable alegría, su contagiante naturaleza positiva, lo que más podría destacar de su abigarrada esencia personal. Una alegría íntima que siempre ha sabido derramar en sus escritos, y que ha dejado huella a través del tiempo, trasgrediendo lo puramente científico en una literatura esencial contagiada de intimismos y de ritmos de una tierra, la suya, que se imbrica