Ramalesla plaza está vacíarodeada de otoñola tardese demora en los papelessedientosdel verso ya caducolos fríos me estrangulan tras las rejasde la existencia que azota mi espaldasin embargo en la penumbra de mi lengua,absorta alienadacomo un eco propagándose en el airela voz que dice,que nombra y asesina-me pregunta:-¿para qué matar a un muerto? Presagio[Siempre quise que vinieras]-Adosado ...
Ramalesla plaza está vacía
rodeada de otoño
la tarde
se demora en los papeles
sedientos
del verso ya caduco
los fríos me estrangulan tras las rejas
de la existencia que azota mi espalda
sin embargo en la penumbra de mi lengua,
absorta alienada
como un eco propagándose en el aire
la voz que dice,
que nombra y asesina
-
me pregunta:
-
¿para qué matar a un muerto?
Presagio[Siempre quise que vinieras]
-
Adosado a mi cuerpo
piedra enclave
de los templos ajenos y míos.
-
Yo te inventé,
sé que no lo recuerdas.
-
Hurgué en la sangre, parí tu hombría.
Gesté tu piel con paciencia indeleble.
-
Te desarmé y armé sobre lienzos.
Esculpí sobre mis pechos tus manos.
-
Brotaste de todos los libros
Te hice en la hoja,
signifiqué lo no significado.
-
Te separé en sílabas
Te amé,
pero esto es lo menos importante.
A la menguante y llenaDejé un minuto reposar acaso.
Te esperé en el banco lista para el rocío.
Las calles se ensancharon debajo de tu cuerpo.
Los árboles ilusos se enamoraron.
Fui peregrina de tu bendita lengua.
Mi piel también quiso serlo.
Canté la noche de tu mirada inerme.
Volví a cantar detrás de las iglesias,
en cada campanada rezaba por tu boca.
Como una amante impetuosa y virgen.
Dejé la noche contigo:
mi huésped.
Todo lo di por tu ambrosía.
Por la humedad del rastro de tus manos.
Y volví.
Y canté nuevamente.
NavidadA eso de las doce
brindaré con el silencio,
escucharé silencio
y nada,
Nada habrá cambiado.
A eso de las doce
beberé silencio sola,
masticaré los vidrios
de la copa quebrada.
A eso de las doce,
cuando todos festejan,
me iré a dormir
y nada,
Nada habrá cambiado.
OscuridadesSuena un saxofón detrás del lúgubre paisaje.
Detrás del tiempo, los ojos heridos.
Detrás de los ojos, el tiempo que ha muerto.
Retorna una nota, apenas sonora.
Se escabulle en las paredes del inmenso invierno.
Suenan los huesos sobre el acantilado
Los latidos se agotan junto con la tarde
Te he dejado,
[por si vuelves la mirada]
Un papel escrito con mi sangre.
Biografía:
Sandra Miguezssmiguez77@hotmail.com