LA FUENTE INAGOTABLE DE WILLY CLAUREAl igual que ese imaginario Valhalla, sublime limbo de la mitología nórdica reservado a los buenos guerreros del dios Odín, existe un edén florido sin necesidad de transitar el enigmático trance postrero o cruzar el umbral de la parca, doy fe de que existe un jardín terrenal de eterna primavera que embelesa los sentidos y repara las dolencias del alma, u ...
LA FUENTE INAGOTABLE DE WILLY CLAUREAl igual que ese imaginario Valhalla, sublime limbo de la mitología nórdica reservado a los buenos guerreros del dios Odín, existe un edén florido sin necesidad de transitar el enigmático trance postrero o cruzar el umbral de la parca, doy fe de que existe un jardín terrenal de eterna primavera que embelesa los sentidos y repara las dolencias del alma, un lugarcito sosegado y reservado en armonía con la naturaleza. Ahí en ese vergel encantado, asediado por los ríos San Mateo y Espíritu Santo, a escasa distancia del pueblo de don “Pilunchi”, un pionero y auténtico Arcadio Buendía de estas fértiles tierras, en este paraíso terrenal, conocí a mis mejores amigos y en sempiternas tertulias junto al aleteo de los guácharos nocturnos, hablábamos de utopías y quimeras.
En este mismo refugio solariego junto al frondoso árbol de siete copas y de las balsámicas cucardas, conocí a un singular concertista que hacía llorar a su guitarra con la destreza de sus manos y en aquella velada junto a ese concierto natural de la biosfera le cantamos a la luna, a las espigadas valquirias nórdicas y a las ninfas de Jaime Saenz con ese aderezo musical de la cueca boliviana “No le digas”. Este amigo de las manos mágicas con el cual compartimos este fortuito e inolvidable encuentro era Willy Claure autor junto a Jesús Durán de la musicalización de esta preciosa poesía en la novela “Felipe Delgado”.
“Si te encuentras con la Ninfa
No le digas que he llorado
Dile que en los ríos
Me viste lavando oro para su cofre
Si te encuentras con la Trini
No le digas que he sufrido
Dile que en los campos
Me viste buscando lirios para sus trenzas
Si te pregunta la Flora
Acordándose de mí
No le digas que me has visto, no le digas que la quiero
En un rincón del olvido no le digas que la espero”.[” Felipe Delgado” de Jaime Saenz,pag.33 Editorial Plural]José Wilfredo Claure Hidalgo más conocido como Willy Claure nació en Cochabamba el 12 de octubre de 1962, es uno de los consagrados artistas bolivianos que dio el país, nació con el don del arte musical. A la tierna edad de la adolescencia sintió ese singular y mágico encanto hacia la música folclórica boliviana, revelándose así que esas diestras manos habían sido creadas para deslizarse por las fibras íntimas de la guitarra algo así como un amor a primera vista y desde entonces el embrujo fue eterno y la tuvo siempre a su lado entregándole los mejores arpegios al arte. Conformó agrupaciones musicales de renombre como el grupo Khanata, posteriormente su guitarra acompañaba a la sonora voz de Emma Junaru, de José-Joselo y Marcelo, fue componente del inolvidable grupo Los Jairas y compartió los escenarios junto al charanguista William Ernesto Centellas. Su insaciable amor al arte musical le condujo a seguir instaurando más novedades musicales dentro y fuera de nuestras fronteras junto a los grupos de Jacha Marka, Savia Nueva y Ruphay.
Esta fuente inagotable de creatividad, alberga en sus registros importantes composiciones y partituras como el libro editado “28 piezas musicales para guitarra” con la adaptación y transcripción musical del cubano Gerardo Pérez Capdevilla.
Willy Claure es un compositor por excelencia y autor de la innovadora y nueva forma de interpretar nuestra cueca boliviana, trabajo importante que fue presentado en concierto junto a un puñado de notables guitarristas bolivianos y se resume en su obra fonográfica “Alternativa”.
Pero más allá de su monumental obra y del periplo cultural que ya había recorrido, queda grabada en mi retina aquel mágico encuentro del 27 de septiembre del 2007, en aquella estampa de la jungla boliviana adornada de las más exóticas flores silvestres junto a esas empinadas y gallardas palmeras. Su guitarra interpretaba a raudales los sentimientos nobles que albergaba y nos permitió conocer de cerca esa faceta humana preñada de mucha modestia y talento. Comprendí que la inspiración sabe mejor cuando se vive y se palma el entorno, como ese sentimiento singular que se siente cuando exuda la tierra, cuando percibes sus olores y cuando descubres que hay más tonalidades de colores de las que conocemos, percepciones que no se las puede registrar en su justa dimensión si no se cohabita en ella.
Su guitarra sabía de los amores contrariados, le cantamos al unísono a ”Alfonsina”, le dimos “Gracias a la vida” a Violeta Parra por su circunstancial visita en aquella peña Naira de la ciudad de La Paz allá por los 60 cuando conoció a su “gringo bandolero” el suizo Gilbert Favré. Le cantamos a “ese fueguito muerto de frio” de nuestra entrañable Matilde Cazasola y nos quedamos suspendidos con el embrujo de su canto cuando interpretó de su propia composición la cueca “Cantarina” dedicada a todas las “misk`i simis” [bocas dulces en romance quechua] y cuyo trabajo está registrado en la película de Antonio Eguino, basada en la novela de Adolfo Costa Du Rels “Los andes no creen en dios”, cueca que canta Joaquín [el actor beniano Milton Cortez] con la guitarra en la mano a la Claudina [la hermosa Carla Ortiz].
“Desde que me vi en tus ojos
voy de desvelo en desvelo
con la ilusión de que un día
puedas llevarme a tu cielo.
Por besar tus labios rojos
por ser parte de tu aliento
dejaría todo, todo
porque vengas a mi encuentro…'[Fragmento de la cueca “Cantarina” de Willy Claure]Willy Claure está ahí en el cofre de los buenos recuerdos, en ese néctar de aquel elixir prodigioso de la buena vendimia que humildemente compartimos, está ahí en el bisbiseo de los manantiales, en el arrullo de la amazonia y en el donaire de la cueca.
Por: Ernesto Joaniquina Hidalgo El amor y el cólera en el celuloide Desde el primer momento en que se editara la novela “El amor en los tiempos del Cólera “de nuestro dilecto literato de Aracataca allá por el año 1985, no tardó en llegar a mis manos esta joya literaria del cual degusté y pasó a ser una de mis predilectas lecturas de su vasta labor literaria de Gabriel García Márquez, pues no había nada más agradable y placentero que acompañar a Florentino Ariza por los vericuetos secretos del amor y su sempiterna pasión y lealtad a su diosa coronada, la joven Fermina Daza doncella arisca que supo acertar con el dardo certero del amor, una ilusión inclaudicable en Florentino y un suspiro de amor a la vida en los tiempos en que la pandemia del cólera y las guerras civiles se vestían con su mortaja lúgubre por estos lares y sólo así se comprendería: “… que es la vida y no la muerte la que carece de límites”.
Esta obra literaria que me invitó a crear mi propio imaginario de sus personajes como esa descripción singular del andar de venada de Fermina Daza o la imagen del bardo Florentino Ariza en sus noches de desvelo tratando de componer sus declaraciones de amor en sus cartas, escribiendo bajo la luz mortecina de aquella lámpara de aceite de corozo, quien además contaba con el consuelo de su madre Transito Ariza que le decía:”Aprovecha ahora que eres joven para sufrir todo lo que puedas, que estas cosas no duran toda la vida” . Pero ese fuego ardiente del amor que ambos mancebos sentían al borde del delirio era conminado por los prejuicios sociales y esas ironías del destino que siempre cohabitan en todo tiempo y espacio. Así empieza el confinamiento del amor en esta historia.
Esta buena lectura me hizo también imaginar los efímeros y furtivos romances que Florentino experimentaba mientras curaba su desatendida dolencia de amor con el remedio de la paciencia, en estas aventuras amorosas conoció a la Viuda de Nazareth, con esa “su vocación de gata errante”, mujer que se sintió muy libre de ataduras después de conocer a Florentino. Experimentó una relación con Sara Noriega, profesora mayor que él que succionaba un chupón de niño mientras hacía el amor para alcanzar la gloria plena. El romance pasajero con Olimpia Zuleta que Florentino Ariza en un momento de locura pintara en el pubis de esta bella palomera alborotada una fecha en dirección al austral y le escribiera en su vientre:” Esta cuca es mía”, jugarretas que más tarde le costara la vida a Olimpia Zuleta al ser descubierta por su esposo y degollada como a una gallina con el filo de una navaja de barbero. En sus días otoñales cuando ya languidecía su virilidad y el olor a viejo se hacía inminente se solazaba con la joven América Vicuña en quien aún sentía el “olor de pañales”, en un domingo de Pentecostés de esas muchas tardes de domingo que pasaban juntos y desnudos escuchó el redoble de la campana de la iglesia del pueblo presagiando el anhelado día que había esperado durante 51 años 9 meses y 4 días.
“El amor en los tiempos del cólera” adquiere actualidad al ser llevada al celuloide y sus personajes con sus avatares recobran nuevamente vida en este género cinematográfico bajo la dirección de Mike Newell en un de rodaje de 139 minutos, película que fuera estrenada en el Palms Casino Resort de Las Vegas el 6 de noviembre de 2007, con un reparto de actores acreditados como el español de Las Palmas de Gran Canarias Javier Bardem en el papel de Florentino, la italiana Giovanna Mezzogiorno como Fermina , la actriz brasilera considerada como la mejor intérprete de estos tiempos Fernanda Montenegro hace el papel de Transito Ariza, el colombiano John Leguizamo como Lorenzo Daza, la joven actriz colombiana Catalina Sandino Moreno como la prima Hidelbranda Sánchez y entre otros artistas se contó con el prestigioso actor americano Benjamín Bratt de madre peruana con ascendencia quechua que hace el papel del doctor Juvenal Urbino.
Gabriel García Márquez que inicialmente no mostró interés en vender sus derechos de autor ni menos hacer de su obra una versión al estilo Hollywoodense, pudo más la insistencia del productor Scott Steindorff que acabó aceptando este ofrecimiento. La productora Stone Village Pictures se hizo cargo de la filmación y la cinta fue rodada en la versión inicial del idioma inglés. En este proyecto singular no podía faltar el complemento musical de la cantante colombiana Shakira con la canción “Pienso en ti” y “Despedida” nominada esta última al Globo de Oro a la mejor canción original para este 2008.
El lenguaje universal del amor empieza con las miradas del alma y sólo se entiende cuando se siente, se enciende como un sutil fueguito hasta llegar a avivar con frenesí las llamas de la pasión, se encuentra siempre al filo entre la dicha y el tormento ya que jugar con fuego implica un inminente riesgo, de acabar en cenizas o mantenerse indeleble con la flama del amor como Florentino en aquellos tiempos del cólera.
Esta saga de “El amor en los tiempos del Cólera” sólo puede ser escrito por aquellos como García Márquez que sienten y creen en la quimera del amor como un acto de justicia. Por encima del amor convencional de los mortales, ésta obra literaria a mi juicio tiene la dimensión altruista y ejemplar de seguir los dictados del corazón y continuar invariable e inclaudicablemente por aquella quimera, por esa rara utopía que mueve montañas aunque parezca quijotesco, pues buscando se encuentra y para el nobel de literatura Gabriel García Márquez el amor a su prójimo, a su pueblo permanentemente amenazado por los que confiscaron la paz en Colombia fue una constancia y una práctica diaria, sólo como nuestra tenemos algunos de sus pasajes. Participó como intermediario en las conversaciones de paz entre el gobierno y el Ejército de Liberación Nacional de Colombia en el pasado y durante el régimen de Andrés Pastrana fue activo mediador de la paz entre el gobierno y las FARC. También estoy seguro que el pueblo Puertorriqueño registra en su memoria el apoyo incondicional de García Márquez junto a un puñado de reconocidos literatos impulsaron el derecho de Puerto Rico a ejercer su libre determinación y su plena descolonización en aquel Congreso Latinoamericano y Caribeño por la independencia de Puerto Rico llevado a cabo en noviembre del 2006 en Panamá.
Fue placentero reencontrarme en esta película de “El amor en los tiempos del cólera” con sus personajes que años atrás dieron rienda suelta a mi imaginación, al mismo tiempo que traduzco este género cinematográfico como un rocío de esperanza en estos tiempos en que el cólera que no es necesariamente una infección intestinal aguda sino ese cólera visceral que voltea el tablero de la paz por la animadversión y la perfidia de Álvaro Uribe, de la Casa Blanca y los últimos estertores del neoliberalismo que ven en la paz de los pueblos ningún negocio lucrativo, sea este el acicate para seguir soñando pero despiertos.
Habrá que contagiarse aún más de la persistencia y la utopía de Florentino Ariza en tiempos donde la ilusión y la esperanza adquieren nuevos bríos.
Por: Ernesto Joaniquina HidalgoA cien años de los pampinos del salitre Si la biosfera con toda su savia no ofrece flores negras en el reino vegetal, las narraciones del talquino Hernán Rivera Letelier sobre el fatalismo de los miles de obreros del salitre en su épica novela “ Santa Maria de las flores negras”, nos revela sin ambigüedades que las flores negras sí existen y circundan en aquellos solitarios páramos de la pampa, cerca al vuelo de los jotes de Olegario Santana y en el tono sepia de aquella imagen congelada de la escuela de Santa Maria de Iquique, flores negras apiladas como filigranas junto a aquella pérgola como mudo testigo de las más de tres mil seiscientas almas, de obreros, mujer y niños asesinados cobardemente y a bocajarro, cuando el entonces general de brigada Roberto Silva Renard cumplía con la orden de fuego a las tres y cuarenta y ocho minutos de la tarde de aquel fatídico sábado 21 de diciembre de 1907.
Esta quinta joya narrativa “Santa Maria de la flores negras” de Hernán Rivera Letelier sobre ese hecho traumático en la historia de las luchas obreras de los pampinos del salitre, recobra en la pluma del autor, la fuerza desbordante de un hito que linda la historia épica de los postergados con la destreza y creación de sus personajes con sus avatares y quimeras por ese periplo tortuoso e inhumano de la pampa hacia la esperanza. Relatar la lucha social y humana es toda una atribución de su sentimiento, porque lo narra con propiedad y sin vocablos remilgados: “…más allá ha visto a un poeta ciego llorando mientras recitaba poemas de la pampa… cómo… puede llorar lagrimas si no tiene ojos?…Es que las lágrimas brotan del alma…”
Si sólo un grano de arena de la pampa es poco, pues con otros se forma un remolino y así esa desarrapada caravana de un puñado de obreros cansados de injusticias; de salarios de hambre, de un trato más humano, de escuelas para sus hijos y de balanzas en las pulperías entre otras reivindicaciones, es la gota que desborda del vaso y así se empieza con la huelga indefinida y emprenden marcha hacia abajo desde las salitreras de San Lorenzo y como tempestad en el desierto crece en todos los cantones del Tamarugal y así paso a paso cruzan hombres con sus mujeres y niños las desérticas tierras rumbo al puerto, peripecia que consterna las fibras más íntimas del corazón cuando la sed y el hambre les ronda.
Las descripciones del hombre con sus circunstancias, como la compañera boliviana diez años mayor que Olegario Santana, de una docilidad anodina que después de vivir durante catorce largos años muriera con peste bubónica y desde entonces Olegario no tenía más compañía que la de sus jotes. A la escuela Santa Maria de Iquique siguen arribando los miles de la pampa y en estas una pareja de aspecto humilde con su hija Pastoriza del Carmen que había cumplido los tres años de edad, niña desahuciada por los médicos que transitó con una manda en los brazos de su padre, vestida con una capita de armiño de color purpúreo y una corona de cartón en su cabecita, tan parecida a la virgen de la Tirana. El tema del amor viene como un rocío ligero paralelo a la desaforada realidad de la historia, el joven Idilio Montaño de madre chilena y padre boliviano también partícipe de esta lucha, cae cautivado por el impulso certero del amor de Liria Maria, la madre de ésta, Gregoria Becerra mujer serena y valiente, la entrega a su hija como presagiando su muerte y con voz grave les pide que salgan de la escuela y le confiesa:”…nunca se arrepentirá de quererla, joven Idilio… ella nació en Talca y las talquinas son muy buenas esposas”. El desenfreno del alcohol en los lenocinios es como una válvula de escape a sus atormentadas vidas de los personajes, pero la mesura y la disciplina a la causa de los pampinos es más fuerte que la lujuria.
La unidad, la solidaridad y la entrega al compromiso de lucha por las reivindicaciones de los postergados son los temas centrales en esta saga, en Iquique se unen todos los postergados de la pampa en apoteósicos griteríos y a estos también se adhieren los obreros del puerto; los carpinteros, los jornaleros, los lancheros, los pintores, los gasfiteros, los albañiles, los carreteros, los cargadores y los sastres, también el compromiso de clase más allá del chauvinismo y el nacionalismo de las fronteras, nos demuestra que los parias y los postergados son los mismos en cualquier latitud o dimensión geográfica, pese a la herida fresca de la contienda bélica del litoral en 1879, los compañeros “ confederados “como los denomina el autor a los obreros bolivianos y peruanos, forman parte de esta lucha titánica por mejores días para el proletariado del salitre, fatalidad compartida junto a sus compañeros chilenos aquel día cuando vomitan fuego las armas de los 1500 hombres armados de los regimientos O Higgins, Rancagua, Carampangue, artillería de Costa, marinería de los Cruceros, del crucero Esmeralda con sus ametralladoras y artillería pesada, la caballería, las tropas del regimiento Granaderos y los policías del puerto.
La descripción desgarradora de cinco eternos minutos de carnicería humana donde sucumben acorralados y mueren retorcidas por las balas asesinas: “…ve caer a la mujer y casi al unísono, al padre con su hija Pastoriza del Carmen apretada contra su pecho…ve al hombre tratando de no soltar a su criatura…ya muerto, a pocos metros de él. La niña queda sentada en la tierra, incólume, rodeada de los brazos de su padre…no llora ni grita ni hace ninguna clase de gestos…”
Este sacrificio inocente de sangre proletaria no fue en vano ya que fue el preludio de importantes conquistas laborales y el advenimiento de organizaciones sindicales años después. Al arribo de esta centuria y como alusión al búho de minerva que simbólicamente despliega sus alas al atardecer y motivan a la reflexión una vez que la realidad de las sociedades produjeron los conocimientos, es que se hace ineludible que este precedente y hecho traumático en la historia del movimiento obrero del salitre no se torne en calesita ya que la infamia del genocidio es vulnerable a la memoria y el tiempo. Esta historia más allá de la memoria colectiva debe de ser registra en la historia oficial de los pueblos en su justa dimensión como nos cantan desde siempre el grupo Quilapayún en la Cantata de Santa Maria de Iquique:”Ustedes que ya escucharon la historia que se contó, no sigan ahí sentados pensando que ya paso, no basta solo el recuerdo, el canto no bastara, no basta solo el lamento miremos la realidad…es Chile un país tan largo mil cosas pueden pasar…”
Por: Ernesto Joaniquina Hidalgobiografia:
Ernesto Joaniquina HidalgoColaborador de notas y escritos en diversos medios de comunicación. Licenciado en Comunicación Social en la Universidad Católica Bolivia Cochabamba. Trabajador social activo.
ernestojoaniquina@msn.com