María Nélida Mendoza
[Cónsul de Poetas del Mundo - Costa Oeste-USA]
Es colombiana y reside en Estados Unidos. Se graduó en Letras Modernas de la Universidad de San José, California con su tesis investigativa 'Rosario Castellanos: Vaticinio de insurrección en Balún-Canán y Oficio de Tinieblas' la cual trata de los levantamientos indigenistas ...
María Nélida Mendoza
[Cónsul de Poetas del Mundo - Costa Oeste-USA]
Es colombiana y reside en Estados Unidos. Se graduó en Letras Modernas de la Universidad de San José, California con su tesis investigativa 'Rosario Castellanos: Vaticinio de insurrección en Balún-Canán y Oficio de Tinieblas' la cual trata de los levantamientos indigenistas ocurridos en Chiapas. Su primer poemario 'Cantares de un Alma Gitana' nos adentra en el mundo maravilloso, casi mágico, del pasado en el que nos retrata las injusticias de los indígenas las Américas. Es maestra en francés, italiano y español desde hace 20 años; intérprete médico y jurídico; crítica de arte y literatura; conferencista en arte y cultura; curadora de arte; productora de eventos artísticos; pintora; y bailarina de folclor. Es fundadora y directora del centro Cultural Hispano Americano. Trabaja como periodista independiente y ha publicado sus entrevistas y críticas en Persona, Raven Chronicles, y en los periódicos de Tú Decides, El Mundo y Sea Latino. Es miembro de la Directiva de Cigarra, Mujer Entre Letras, Hispanic Seafair Organization, Spain Association of the Pacific Northwest, Colombia Vive, Mujeres del Noroeste, y del Comité de Iniciativas Auto Sostenibles de Seattle. mnmendoza13@gmail.com
Tu Ángel Francisco
Poema dedicado al Papa Francisco I Por María Nélida Mendoza
- Quiero hablar con el Tejedor, al tejedor conocer quiero, porque quiero un sombrero; un sombrero lleno de gracia, un sombrero con una gran franja que no tenga nada de arrogancia, un sombrero de fina estampa, tan suave como la seda para pasear por la alameda, por la plaza y el malecón.
- ¿Qué desea usted, linda señora? - Sólo que me escuche, señor Tejedor. - Está bien, hable usted sin demora, porque pronto debo regresar a mi labor. - Vengo desde muy lejos, mi señor; vengo a la tierra de mi gran amor; vengo a pedirle un gran favor, que me haga un sombrero mañanero, un sombrero fino y hechicero, un sombrero típico de Ecuador.
- Escúcheme, porque de usted preciso, hágame un elegante sombrero que sea risueño y placentero, un sombrero de elegante viso para la cabeza de mi amor, un sombrero de fina paja, de fuerte palma de toquilla para que sea su fiel alhaja; un sombrero que sea una maravilla que yo le pagaré un montón.
- Bien, le tejeré dos tesoros de Ecuador, uno para que le regale a su gran amor y otro para que usted por el mundo luzca, y los dos cuenten una historia justa de cómo se construye el sombrero de Ecuador. Pero quiero que conozca primero el sacrificio de los cholos en su labor, y cómo vivimos en desespero, porque no recibimos ese dinero que los demás pagan al usurero por nuestro esmero y gran labor, y nadie la miseria del cholo escucha después de tantos años de injusta lucha.
- Señor tejedor, contarle al mundo quiero cuando los dos luzcamos ese sombrero, porque juntos llevaremos con mi canto la triste historia de su bella labor, y escribiremos su dolor y su llanto; quiero ver cómo tejen con tanto amor.
Y con el Tejedor juntos fuimos por las lomas y los valles de Ecuador, y al llegar a una choza descubrimos toda una familia de artesanos finos: hombres, mujeres y hasta los pobres niños trabajando para enseñarnos con amor cómo construyen el sacrificio de Ecuador; cómo enredan en sus dedos la paja de su dolor.
En Montecristi se originó esta labor, en una zona de mucho calor y ají; y en esta bella Provincia de Manabí se cultiva la comida para todo el país y también se cultiva la paja de toquilla; paja que producirá una maravilla para el garbo de la niñas finas, y que también es como una joya fina en la cabeza de los amos y los lords.
¡Qué hermosa tierra es Manabí, entre el mar, las lomas y el cielo; es aquí donde están los pobres Cholos olvidados por la sociedad y, solos van arrancando la toquilla de su suelo, pensando y soñando en el amor, sumidos en su preciosa labor; labor de tantos y viejos siglos, en la que van tejiendo los hilos que dura meses y sin poca ambición; y parece escucharse el murmullo de su plegaria, de su oración, y en las tardes para el alma es un arrullo y así le van pidiendo el pan a Dios, un milagro y una bendición.
Para construir este monumento, sus manos son su único instrumento y con la ayuda del gran cielo sus maltratados dedos van contando las tristes leyendas del abuelo, y las mágicas historias de su raza, y en cada hilo van enredando su vida llena de tantas luchas, que para los ricos no son muchas; y con su gran espíritu soñador una hermosa forma le van dando a su sufrimiento y a su esperanza en la tierra de un tropical resplandor.
Cholos que en silencio van sufriendo; Cholos de manos fuertes y sedosas que delicadamente van construyendo con humildad y el fruto de su sudor, el tesoro de esta tierra poderosa, un bello monumento a Ecuador.
Estos Cholos por los siglos humillados, son Cholos que parecen estar en duelo, como si fuesen castigados y encadenados a un palo de tortura y desesperación, porque sólo miran hacia el suelo, concentrados en su delicada labor y, con su espalda encorvada y en dolor en silencio suavemente van tejiendo el sombrero, y su única misión es terminar con este atuendo, es el canto de su tierra, el canto del amor, una maravilla, el sombrero de Ecuador.
- Quiero un sombrero para mi amor; quiero un sombrero lindo; quiero un sombrero indio, un sombrero que cante y llore las injusticias de sus dueños, y los lamentos de sus sueños; un sombrero que por el mundo grite la avaricia y el poder del vendedor.
- Yo quiero un sombrero de Ecuador; quiero un sombrero para mi amor para que vaya pregonando por las calles de toda nación la tristeza de los Cholos añorando una digna y justa remuneración.