1. Permiso -dice llegando- y saca un pedazo del pétalo, revolcándolo hasta caer, desde mucho antes podríamos habernos naufragado, pero satisfacía aquel reflejo primero del encuentro, y luego de oler sus perfumes lo cortaba, entre risas descabelladas y coronados llantos, deprime el viento perfumado de aquel día primero de diamantes, entre disculpar esto, mis frases hechas de antaño, revolvié ...
1. Permiso -dice llegando- y saca un pedazo del pétalo, revolcándolo hasta caer, desde mucho antes podríamos habernos naufragado, pero satisfacía aquel reflejo primero del encuentro, y luego de oler sus perfumes lo cortaba, entre risas descabelladas y coronados llantos, deprime el viento perfumado de aquel día primero de diamantes, entre disculpar esto, mis frases hechas de antaño, revolviéndonos pasabas del desequilibrar al equilibrio, esta revolución que habíamos tejido, tras la infrecuencia fue que llamamos a la cordura, pero dije silencio y pensé hacer un regalarte de pétalos, te hice caer desde el cielo cuando hurtamos, una punta le cortaste, sin conocimiento te quedaste mi tesoro, diluidos pensábamos que era todo, o había sido, es mejor aclarar, una broma, desocupados los papeles, dije basta de seguir representando aquel drama descubierto en caída libre, después de todo, podríamos haber tardado en descubrirnos siendo huérfanos, en serio, creí que te oponías a establecernos inimaginados una vez ocurrido el trágico episodio, pero nos pareció burlarse hasta éste, mi cofre, dijiste claramente entender, te vi razón, luego pretender, hasta que recordé el principio en el pasar inadvertido luego de un martes, riendo de tus estadías en escenas, libre de creer ya casi nada de la medida exacta entre el jugar a que jugábamos, para sentirme importante de este importarse, o importarme, un buen comportamiento ante el maestro, estábamos tramados en mis respetadas, nuestras redes, y podríamos, por qué no, circular como delincuentes declarados por nuestras psiquis heredadas, por nuestros encarnecidos, historia tragicómica actuada por debilidades nuestras, mía, tuya, nosotros, digo, disculpando aquel inconsciente oculto, ocultando me perdí, dormiré sobre las siempre vivas muertas, amarillas de tiempo, actualizando este primer episodio del acto en palabras, imagen imaginaria del medio, en que limitados sometíamos a confusión, generalmente, por ese placer incontrolable de soñarnos inapelablemente incongruentes, como causa única de un mal reflejo, con tamaño desmedido de creer en el hacer, modo único de salvarse, difícil comienzo, la elección de sentirse libres en la habitualidad de vivirse, por estarnos éstos, los dispersos sin generación, y vendrías diciéndome de aquella otra mirada que bailaba nostálgica ese tango, repitiendo repetías otra nueva, jugando entre bailes, balanceando sobre una cuerda los ojos enrojecidos del asombro, detenido todo en contemplarte sediento, una época de musas infértiles te atrapaba por esas ganas, desquiciado corrompías los vestidos que dejaron entrever un pasado dolorido, entre aullarle a las estrellas en reuniones de intelecto, y aullábamos, porque no había luna en esa partícula de tiempo, entre dormirse palideciendo, ya se perdieron todas las voces, entonces jugaba desde la oposición, luciendo descubierta, entreabierta, declarando aquel entregarse y era el placer de ausente el que me detuvo en el soporte estúpida, pegada en el acto, una eternidad, lo acontecido en este tiempo equilibraba un hundir y ascender en plásticas arterias, el veneno de la época, apoca desplazarnos en el espectro cotidiano, torpe navío pesado, sobre ondas olas de la espera, tuya o nuestra, naufragarse en un suspiro.
['El cofre' / 1987].
2. Dices miedo, acércate a tu miedo. Entonces pienso en el significado de mi propio miedo, más de lo para ti significa. Miedo a perderme, a perderte, a la radical forma con que me pierdo en ese perderte. Miedo a tener miedo, a estar sola, a que ames a otra más que a mí, a que desees a otra y no a mí, y que pierdas la cabeza por otra, a que le hagas el amor, a que te conectes con esa energía del sexo y te pierdas en esa otra. Miedo a que mi vida seas tú y no yo, y que todo en mí, sea pospuesto por ti. Miedo a dejar de hacer, a dejar de crear, a dejar de amar, a dejar de pensar. Miedo a tener miedo y a la dependencia con que me apasionas, me aprisionas aún sin quererlo, porque esto existe lejos de ti, vive en mí. El miedo a la dependencia que en mí provocas es mío. Miedo a que por ese miedo dejes de amarme, dejes de quererme, de desearme. Y cuando ese miedo mío crece y se interna adentro, es como si no supiera por dónde, ni en qué dirección, es como si quedara paralizada y no tuviera más energías para avanzar, y me doy vueltas pensando que así, dejaré de estar aterrada. Atrapada descubro que los movimientos son el único camino. Entonces me obligo a hacer, me obligo a no desfallecer, me obligo a contradecir desánimos, y a hacer más que sentir, cualquier cosa, cualquiera más que huir de esa sensación que me destruye. Miedo a que entre sueños por las noches esas mismas imágenes te pesadillen. Y preparas la casa y haces la casa y limpias y ordenas la casa y la cambias y de casa te vistes y en el dedo miras el anillo que lo confirma. Tú eres la casa, juegas a ser los hijos de la casa, y juegas a la casa felizmente habitada, y perfecta, y juegas con niños llenando la casa, el vacío de la casa, cuando tú no estás. Por miedo hago el amor. Necesito hacerlo, todo el tiempo, para calmarme, y calmar esta siniestra dependencia. Es el miedo lo que me obliga. Entonces corro, corro como una loba, en dirección de lo que sea, para sentirme libre, y soy y me siento libre, breves momentos, son destellos. El amor es un instante en que perdemos, nos perdemos.
['Desórdenes Mentales' / 2005]
3. Un zumbido. Un sonido ciego localizado en algún punto del techo. Un zumbido de alas torpes. Cerca puedo verla intentar, la veo acercarse como si quisiera descifrar la agonía del movimiento que cae como un eco transparente muy adentro de sus tímpanos. La veo detenida. Sin alterarse. Ella está quieta, quieta con ese zumbido de alas, percibiéndolo allí, cerca del techo. Detenida se queda viéndolo, el insecto está atrapado en la tela de una araña, un diminuto insecto que lucha contra el peso de su propio cuerpo. Más cerca de aquella maraña de tela y tejido, la mujer puede advertir la belleza de un acto cruel. El cuerpo azul tornasolado, henchido de sangre, se agita torpemente. Piensa en el tiempo, en intervenir el espacio sagrado de la muerte. ¿Emanará perfume desde el cuerpo aterrado? ¿olerá la depredadora el miedo más allá de la agitación torpe de los últimos instantes? En cuestión de segundos irrumpe la araña, desplazándose ágil hacia el cuerpo atrapado en la tela. Sofía con horror retrocede, con la cabeza entre las manos retrocede y tiembla. La veo temblar, esa mujer, Sofía, tiembla sabiendo que su presencia es insignificante en el acto. Los movimientos rápidos, la tela firme, la escena despiadada. Las alas dejan de batirse. Como dos amantes en un beso de muerte los insectos se atrapan en un quejido imperceptible. La araña aprieta a la mosca entre sus patas y devora su cuerpo henchido, lo sacrifica ante los ojos de ella, como si no estuviese allí, advirtiendo la presteza de la cacería y su insignificancia.['Lóbulo' / 1998].
Bibliografía: Eugenia Prado Bassi 1987 publica su primer libro, 'El Cofre', novela experimental que 'atentando contra una escritura/lectura lineal, se burla del estereotipo de los géneros literarios' Ediciones Caja Negra. 1996 publica su segundo libro, 'Cierta femenina oscuridad' [Editorial Cuarto Propio], en el que se interna por una diversidad de territorios lingüísticos donde se ancla obsesivamente lo femenino. El texto se sumerge en la ambivalencia del sujeto mujer contemporáneo. La autora recupera la estructura de tragedia griega, el uso de referentes como la Biblia, el pequeño Larousse Ilustrado y el I Ching, lo que confiere a este libro un carácter experimental. 1998, publica su novela 'Lóbulo' [Editorial Cuarto Propio], trama de voces que actúa perturbando la textualidad y necesariamente cuestionando su proceso de lectura en un recorrido transido de erotismo, el texto desenvuelve la imagen